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EDUCACIóN / Nuevos desafíos para la formación profesional
sábado 27 abril, 2019

Técnicas de igualdad

Desde sus inicios, la educación técnica es asociada al universo masculino. Pese a ello, muchas mujeres deciden enfrentar el desafío de transitarla. Sus experiencias derriban mitos que subestiman las capacidades y los rendimientos de las mujeres. Sus voces alientan a eliminar las desigualdades de género que aún persisten en pos de un espacio educativo más inclusivo, plural y diverso.

Mariela Lanza

CEDOC. Foto:
sábado 27 abril, 2019

Desde su creación, la secundaria de educación técnico profesional fue asunto de varones, hecho que se vio reflejado a lo largo del tiempo en su matrícula. En la actualidad, el escenario ha mejorado, pero aún persisten las desigualdades: 215.299 mujeres asisten a escuelas que brindan esta modalidad educativa, cifra que representan el 33% del total de los estudiantes.

Los datos no asombran, dado que las instituciones no han hecho otra cosa que replicar en su interior los mecanismos machistas que atraviesan toda la sociedad. Las desigualdades de género que se plasman en la subestimación de las mujeres encontraron en la escuela técnica un escenario para su consolidación. La educación técnica se constituyó, desde sus orígenes, como espacio que descree de las capacidades y los rendimientos de las mujeres. Mito naturalizado durante mucho tiempo y que aún no logra eliminarse por completo a pesar de los derechos conquistados.

No obstante, muchas mujeres enfrentan el reto de abrirse camino en un universo marcadamente masculino logrando derribar los estereotipos de género. Sus experiencias alientan a que más mujeres elijan la educación técnico profesional, al tiempo que colaboran con la construcción de un espacio educativo más amplio, diverso e inclusivo.

 

ROMPER LOS ESQUEMAS

Mariela Fiorillo es docente de taller en el ciclo superior de la Escuela  Técnica N° 8 “Jorge Newbery” de La Matanza, provincia de Buenos Aires, institución que también la vio recibirse tiempo atrás de técnica mecánica en máquinas herramientas.

Estudió allí porque vivía cerca y sus padres decidieron anotarla en la misma institución a la que asistían sus hermanos. Hoy, agradece esa decisión: “Como alumna aprendí a amar la educación técnica. En su momento fue difícil porque sólo éramos cinco chicas en un total de mil doscientos alumnos. El entonces llamado industrial era un mundo de hombres”.

Mariela logró romper los esquemas y se convirtió en la primera mujer en egresar con el título de técnico mecánico en la institución: “Era una carrera exclusiva de hombres. Me encontré con profesores que no me dejaban desarmar los tornos porque eso lo tenían que hacer mis compañeros varones (...). Existe el mito de que la educación técnica es para ellos, que una mujer tiene menos fuerza y no puede participar de esas actividades. Pero la educación no tiene género y desafío a las mujeres a estudiar porque el mundo de la técnica es fascinante”, enfatiza.

 

CHICAS TECNOLÓGICAS

Mariana Varela es diseñadora gráfica de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y tiene un máster en Gobernación y Medios de la Universidad de Keiō (Japón). Es co-fundadora de Chicas en Tecnología, una organización sin fines de lucro que busca cerrar la brecha de género en el área. Amante del dibujo desde pequeña, Mariana estudió la especialidad Diseño y Publicidad en la Escuela Técnica N° 6 “Fernando Fader” (CABA), institución donde las mujeres eran minoría.

Cuando comenzó no tenía idea de lo que implicaba estudiar en una escuela así:  “Recién a los 16 años, habiendo elegido la especialización, comprendí que mi educación básica ya había terminado y estaba empezando a sentar las bases de lo que sería mi formación profesional”. Y al finalizar sus estudios secundarios, Mariana descubrió la importancia de su preparación: “Al comenzar el Ciclo Básico Común para entrar a la universidad encontré que mis nuevos compañeros no podían concebir la perspectiva en algo complejo. Haberlo aprendido cuando tenía 12 años me hizo dar cuenta del gran recorrido que había tenido y de la ventaja de tener tanta experiencia a tan corta edad.”

Y a la hora de alentar a las mujeres a elegir una escuela técnica, la diseñadora gráfica recomienda: “Es ideal para aquellos adolescentes inquietos que quieren poner manos a la obra lo antes posible. Usar un martillo hecho con tus propias manos, hacer una maqueta en escala o aprender la caligrafía técnica, son grandes habilidades que te demuestran que, aunque seas muy joven, tenés un futuro prometedor y todo está al alcance de tus manos con mucho trabajo”.

 

EL APORTE DE LA DIVERSIDAD

Ana Rappoport es ingeniera química. Trabaja en una empresa que se encarga de diseñar y fabricar soluciones para el tratamiento del agua y el aire basados en el cuidado del medio ambiente. Actualmente cursa la maestría en Ingeniería sanitaria en la UBA.

Las disciplinas que siempre le gustaron pertenecían a un ámbito liderado por hombres. No obstante, decidió seguir su vocación: “De chica siempre tuve facilidad y me gustaron las ciencias exactas. Algunas carreras tienen más proporción de hombres, pero con el tiempo se está nivelando. Por suerte, nos interesa a cada vez más mujeres las carreras técnicas y nos animamos a estudiarlas. Si seguimos así, en unos años vamos a lograr el equilibrio”.

Ana sabe que la diversidad colabora con la construcción de ámbitos educativos plurales y así lo expresa: “Cuanto más heterogéneo es un equipo de trabajo, más se enriquece. Hoy en día, las mujeres somos minoría, y tenemos mucho para aportar en ese sentido. Además, las chicas que nos dedicamos a esto solemos tener especial vocación”.

 

MUJERES A LA CONDUCCIÓN

Marcela Alejandra Li Gotti es rectora de la Escuela Técnica N° 29 “Reconquista de Buenos Aires” de la ciudad de Buenos Aires. Ingresó a la docencia a los 25 años y poco a poco se dio cuenta que enseñar era lo que más le gustaba hacer. Hoy, con casi 30 años de profesión y varias capacitaciones, empezó a transitar el camino de la conducción. Primero como regente, luego como vicerrectora y finalmente como  rectora.

Marcela reconoce que cada vez más mujeres estudian carreras técnicas: “La matrícula femenina fue aumentando en los últimos años. Cada vez hay más mujeres que eligen estudiar mecánica, electricidad, maestro mayor de obras y otras.” 

A su vez, conoce la importancia del vínculo entre la escuela técnica y el mundo laboral: “Esta educación brinda a los alumnos las herramientas necesarias. Con las prácticas profesionalizantes están más cerca de las empresas.” La valoración es recíproca, afirma, dado que el mercado de trabajo también se beneficia de emplear mujeres técnicas: “Una egresada le brindará al mercado laboral, y sobre todo a la industria, la mirada femenina que muchas empresas necesitan.”

 

DERRIBAR LAS BARRERAS

Andrea Villanueva es mecánica de equipos radioeléctricos de aeronaves y técnica aviónica egresada del Instituto Nacional de Aviación Civil (INAC). “En el secundario éramos sólo diez mujeres con más de treinta alumnos varones. Incluso los profesores se sorprendían”, relata. Sin embargo, supo integrarse rápidamente y luego de terminar la secundaria se propuso realizar un desafío aún mayor: estudiar Ingeniería en sistemas de información, carrera que actualmente cursa en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). A futuro, tiene planeado trabajar dentro del ámbito aeronáutico.

Desde su lugar de alumna, Andrea considera que las mujeres no deben ponerse un freno a sí mismas: “Quizás pueda pensarse que cursar carreras técnicas -secundarias o universitarias- es un poco más difícil ya que demanda más tiempo y concentración, pero es un lindo desafío”.

 

REENCONTRARSE

CON LA VOCACIÓN

Anabel Loewy es técnica superior en industrias alimentarias. Gracias al tramo de formación pedagógica que realizó, ejerce como docente en la Escuela Agraria N° 1 “Dr. Bernardo de Irigoyen” de Adolfo Alsina, provincia de Buenos Aires.

En los años ’90, cuando iba a comenzar su educación secundaria, la escuela técnica no era una opción para mujeres. “Muy pocas chicas estudiaban en la escuela agraria. Era más una formación para varones. En realidad, así era visto por muchos de nuestros padres”, confiesa. Por eso, y aunque siempre le interesó la educación agrotécnica, cursó en un bachiller.

Cuando finalizó la educación media, decidió volver a su viejo amor: estudiar la tecnicatura superior en industrias alimentarias, carrera que le permitió profundizar sobre la alimentación saludable.

Hoy, como jefa del área industria, sus estudiantes elaboran quesos (sardos, cremosos, saborizados), dulce de leche, conservas, entre otros productos dando valor agregado a la materia prima en origen cuidando el medio ambiente.

Desde su rol como docente y su experiencia en el sector productivo, alienta a que más chicas estudien en instituciones de la modalidad. “La educación técnico profesional es un ámbito inigualable para formarse, potenciar habilidades, vincularse con el mundo del trabajo y prepararse para continuar estudios superiores”, asegura.

 

ESPACIOS EDUCATIVOS

INCLUSIVOS

Las voces de las protagonistas de la educación técnico profesional dan cuenta de los cambios que fue atravesando esa modalidad educativa. Y en ese camino de transformación, el Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET) del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología (MECCyT) recogió el desafío de incorporar la perspectiva de género como una línea de trabajo prioritaria al crear la primera Comisión de equidad de género.

“El objetivo central es procurar aumentar la cantidad de mujeres en el ámbito de la secundaria técnica principalmente, y además impulsar una mejor y mayor participación de ellas en la docencia y en los equipos directivos de nuestras instituciones”, describe Leandro Goroyesky, director ejecutivo del INET.  “La idea es bregar por los derechos de la mujer y por la igualdad de condiciones y oportunidades de todos”, resume.

Así las cosas, las escuelas de educación técnico profesional son un reflejo de nuestro tiempo. Si bien se fue avanzando en materia de paridad, aún restan muchos desafíos a la hora de derribar las desigualdades y las caracterizaciones que se han hecho a lo largo del tiempo sobre las capacidades y los rendimientos de los hombres y las mujeres. La educación técnica no es sólo asunto de varones, y las historias de miles de alumnas así lo confirman. Hoy, el desafío es seguir avanzando en la construcción de un espacio que no estigmatice, discrimine ni subestime a las mujeres.  El reto es, en definitiva, construir un espacio educativo más diverso, plural e inclusivo. 


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