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ELOBSERVADOR / polemico libro
domingo 14 septiembre, 2014

El crimen salteño que se investiga sólo en Francia

Por Natalia Aguiar Jean Charles Chatard denuncia una trama secreta para ocultar la verdad en el crimen de las turistas Cassandre Bouvier y Houria Moumni, en 2011.

Redacción de Perfil.com

Foto: Gentileza J.C. Chatard

Desde Salta

El documentalista francés y director de Press Corse TV, Jean Charles Chatard, observa el mundo a través de la cámara pero, esta vez, su instinto lo llevó a centrar la lente en Salta, en el norte de la Argentina.

Convencido de que no debe ocupar el lugar de la Justicia, decidió revelar la que denuncia como gran “impunidad” que encubre el doble homicidio de las ciudadanas francesas Cassandre Bouvier (29) y Houria Moumni (24). Chatard escribió un libro,  Crímenes en aguas turbulentas, que ya se publicó en Francia el pasado 4 de septiembre y que en poco tiempo tendrá su edición en la Argentina.

Chatard tiene una amplia trayectoria en la cobertura periodística de hechos históricos de envergadura, como la guerra en la ex Yugoslavia, la catástrofe nuclear de Chernobyl, una sangrienta toma de rehenes en el aeropuerto de Marsella o una de las tantas guerras civiles que vivió Haití. Aún así, el periodista se conmueve por “los abusos del poder en Argentina”, como consigna en el libro.

“Según la ONU, Argentina es el segundo mayor mercado para la cocaína. Durante quince años, Salta, ciudad de 350 mil habitantes, a sólo a cinco horas de la frontera con Bolivia, se ha convertido en la primera ciudad en organizar el tráfico ilícito de drogas en el país. Los laboratorios clandestinos y los carteles se multiplican como la espuma y se ha establecido en la capital de la provincia un ambiente fértil para la corrupción y la violencia extraordinaria”, escribe el autor.

“El crimen salteño encubriría delitos de hombres vinculados a la clase alta y a poderosas redes políticas y mafiosas vinculadas al narcotráfico”, sentencia Chatard en su libro.

Sin revelar sus fuentes, sostiene que “periodistas y académicos consultados coinciden en que el crimen salteño sería el resultado de un grupo de hombres estrechamente relacionados con la clase media alta y poderosas redes políticas y de la mafia de la ciudad”.

El documentalista francés dedica un capítulo a una carta anónima que recibió el padre de Cassandre, Jean Charles Bouvier, una vez finalizado el juicio, en junio de este año. La misiva detalla presuntos hechos sucedidos en una fiesta vip celebrada en el exclusivo barrio Buena Vista entre “hijos del poder” quienes, según la carta, estarían vinculados al asesinato de las francesas.

Esos “hijos del poder” serían parientes de funcionarios de alto rango, entre ellos algunos vinculados hasta al propio gobernador de la provincia, Juan Manuel Urtubey, y a un funcionario de su gobierno en particular, el ministro de Medio Ambiente de la provincia de Salta, Francisco López Sastre, hijo del ex senador Marcelo López Arias.

López Sastre se desempeñó en Francia como “cónsul honorario” para Salta y Jujuy. Desde allí, sostenía la carta que Catard recoge en su libro, habría trabajado en relación con la concreción de “convenios de cooperación turística” a través del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) entre ambos países y según la misiva habría sido el encargado de “recibir” a las francesas en Salta y el nexo para llegar a ese evento fatal.
Actual director de la Escuela de Administración provincial, López Sastre fue citado al juicio en calidad de testigo, pero negó estas imputaciones, a las que describió como “falsas”. En el libro también dio su versión.

Causa. El asesinato de Cassandre y Houria habría ocurrido el 15 de julio de 2011 pero sus cuerpos fueron encontrados recién el 29 de ese mes a plena luz del día en un lugar turístico, a unos 15 kilómetros de la ciudad, conocido como El Mirador, en la quebrada de San Lorenzo.

Habían sido violadas y ejecutadas “sin piedad”. De acuerdo a lo que Chatard investigó, se habría “montado” una “escena del crimen perfecto” con la complicidad de policías, jueces y funcionarios provinciales. Se adulteraron pruebas y pericias, se falsearon testigos y se encubrió a esos “delincuentes del poder”.

Para el documentalista, se incriminó a tres jóvenes “inocentes”. Santos Clemente Vera, Daniel Vilte Laxi y Gustavo Lasi, único condenado tras el juicio oral a treinta años de prisión. Martín Pérez, el magistrado que llevó a cabo la investigación, una vez que elevó la causa a juicio, a finales del año pasado, fue postulado como camarista y nombrado por el gobierno aunque el primer objetivo, la Corte provincial, habría fracasado por las repercusiones del caso.

Chatard dedica su trabajo a la memoria del jefe de la Brigada de Investigaciones de la Policía de Salta, Néstor Piccolo, que murió en plena investigación, el 24 de noviembre de 2011. Piccolo apareció muerto, con un tiro en la cabeza, enfrente de su lugar de trabajo. La causa se archivó como “suicidio”, aunque su familia descree de lo sucedido pero calla por temor. Piccolo seguía una pista de investigación distinta a la de los gobiernos provincial y nacional.

Al mes de sucedido el crimen, el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, le habría acercado a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner un informe en el que se detallarían hechos y la resolución completa del caso, afirma el libro.

Según información extraoficial a la que accedió Chatard, habría existido un “acuerdo” entre ambos presidentes (Cristina y Nicolas Sarkozy) para “encubrir la verdad” a cambio de votos en sus proyectos ante el G20, que se evidenciarían en los votos cruzados entre Argentina y Francia al finalizar el encuentro, en septiembre de ese mismo año.

Responsables. Para Chatard, Vera y Vilte eran inocentes. Sin embargo, el periodista francés guardaba la esperanza de que durante el juicio oral que se llevó a cabo este año y que finalizó el 2 de junio pasado, Gustavo Lasi contaría los hechos verdaderos.

A partir del silencio de Lasi, Chatard decide iniciar un acercamiento a la familia del único imputado por la violación y doble homicidio y logra entrevistarlo en la cárcel el 21 de abril de 2014 por primera vez, donde se desata algo revelador (ver recuadro).

Lasi confiesa que luego de su detención, fue torturado por la policía provincial, por lo que se vio obligado a inculpar a Vera y a Vilte Laxi por un “pacto” luego de haber sido “amenazado” por el juez Martín Pérez.

El joven fue detenido en su casa el 6 de agosto de 2011, tras haber activado el celular de una de las víctimas. Según su relato, le compró a dos jóvenes el teléfono y la cámara de fotos de una de las francesas, que le secuestraron en su domicilio, por $ 300. Los vendedores estarían vinculados al armado de la causa. Finalizado el juicio oral y ya condenado Lasi a treinta años, Chatard vuelve por segunda a vez a visitarlo, pero las condiciones ya no son las mismas. Ahora ha sido alojado en una celda de castigo de cuatro por cuatro, a la que en la jerga carcelaria llaman “chancho”, sin acceso a la luz del día ni contacto con los otros reclusos, sin posibilidad de ir al baño por sus propios medios, con un colchón sobre el cemento, con una temperatura helada, y absolutamente solo.

“Estoy sorprendido de las vulneraciones a los derechos humanos”, explica Chatard con los ojos brillosos. “Pese a estar sentenciado, la condena aún no es definitiva. Lasi parece mucho más maduro. Siento que finalmente tiene el potencial de cambiar su historia algún día y no ceder a las tentaciones suicidas de sus dos abogados. Todo es cuestión de tiempo ahora para llegar a la verdad”.

 

Gustavo Lasi, el condenado que jura ser inocente

Gustavo Lasi cuenta, en primera persona, las torturas a las que es sometido en la cárcel y reclama que las pruebas que lo involucran –encontraron su ADN en uno de los cuerpos– son plantadas. Asegura que es inocente y que se siente forzado hasta por sus abogados. “En mi vida vi a las francesas y el 15 de julio no estaba en El Mirador. Plantaron la prueba de ADN. Me torturaron. El 6 de agosto de 2011 mi vida cambió. La policía vino a sacarme de la cama por la mañana. Me llevaron a la Brigada de Investigaciones de la Policía. Una médica de la policía me revisó de pies a cabeza y señaló en un informe que estaba en buen estado físico y mental. Luego de un tiempo, veo llegar una horda de policías muy nerviosos decididos a pelear conmigo. Comienzan a sentarse y atarme a una silla. Uno de ellos me pone en la cabeza una bolsa de plástico y me entrega un violento golpe en el estómago. Entonces, llovían golpes a ambos lados de mi cuerpo. Los hombres constantemente amenazan con violar y matar a mi novia delante de mí. Yo viví una pesadilla. Lo que me pasó era peor que una película de ciencia ficción”.


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