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ESPECTACULOS / JULIO GALLO, EMPRESARIO TEATRAL
viernes 2 marzo, 2007

El decano del espectáculo teatral

Dueño de una sala octogenaria en la que cantó Carlos Gardel y que recibió por primera vez el Ballet Nacional de Cuba, Julio Gallo es abogado pero el peso de los genes lo convirtió en empresario. Remodelará el Astral para estrenar Cabaret.

por Redacción Perfil

PRIVILEGIADO. La familia Gallo fue testigo de las producciones de Carlos Gardel, Luis Sandrini, Tita Merello y Narciso Ibez Menta. Foto:

Como no podía ser de otro forma, el empresario Julio Gallo recibe en su oficina, ubicada en el primer piso del Teatro Astral, su segunda casa. Esta sala de la calle Corrientes fundada en 1926 fue alquilada por su padre, Francisco Gallo, en 1942. “Esta es una empresa decana del espectáculo. Los primeros dueños, la familia Méndez, lo inauguraron para cine, y luego recitales. Aquí cantó Carlos Gardel.

Recuerda con orgullo la versión de Yerma de García Lorca, dirigida por Víctor García e interpretada por Nuria Espert. Éxito en Buenos Aires y rotundo fracaso en Mar del Plata. “El teatro es una ruleta”, afirma como moraleja.

—¿Qué artistas pasaron por este teatro?
Luis Sandrini estuvo cinco años con Cuando los duendes cazan perdices. Mi padre produjo casi todo el teatro de Tita Merello. Ella era una persona muy difícil, de carácter fuerte. Aquí se estrenó el tango Uno , interpretado por Tania. También recuerdo los espectáculos de Narciso Ibáñez Menta, que impresionaban por su realismo.

—¿Tuvieron más salas?
Mi padre tuvo compañías en gira y alquilaba otros teatros. En un momento compró el Solís (en Constitución) y lo rebautizó como “Francisco Canaro”, en vida de él, como homenaje, pero desapareció por culpa de la autopista. Como empresario trajo por primera vez al Ballet Nacional de Cuba, con Alicia Alonso.

—¿En qué momento se transformó en empresario?
—En 1973, cuando muere mi padre. El teatro tiene una magia especial. Hoy estoy más en la coproducción y en la selección de lo que llega. Por ejemplo, Luis Aguilé siempre viene aquí, porque está ligado al género español, y le produje por primera vez Por las calles de Madrid. Este año lo iniciamos con él y el unipersonal de Ana Acosta, Mi brillante divorcio.

—¿Cómo se relacionó el teatro con la política?
—Nunca tuve problemas. Había artistas que no podían trabajar en la televisión y sin embargo estuvieron aquí: Cuarteto Zupay, Soledad Silveyra, Aída Bortnik o Víctor Heredia. Hubo alguna amenaza de bomba... pero nunca explotaron.

—¿Los políticos son espectadores de teatro?
—En otros tiempos, venían cuando había monólogos políticos en las revistas. Recuerdo a Menem, De la Rúa y Alfonsín, que durante sus presidencias asistieron a zarzuelas. Cuando alquilaba el teatro Del Globo, nunca faltaba el almirante Rojas, porque era vecino.

—¿Cambiaron las reglas después de Cromañón?
—Tal vez las salas pequeñas tuvieron que cambiar pero nosotros no. Nuestro público es muy criterioso, diferente al de los recitales. Cuando era productor le abrí las puertas al rock con Sui Generis, Charly García, Lito Nebbia y Spinetta. Había mucha adrenalina, ahora estos shows se los dejaría a mis hijos.

—¿Cómo se decide el precio de las entradas?
—Es una de las tareas más difíciles del teatro. Cuando un espectáculo funciona es porque tiene precios altos. Hoy las comedias van de $ 40 a $ 50, y los musicales, de $ 60 a $ 100. El teatro es lo que menos aumentó pero la punta siempre la van haciendo los éxitos.

—¿Es cierto que todos los teatros tienen fantasmas?
—Cuando entro a la sala y no hay nadie, se escuchan ruidos extraños. Tal vez sea la madera que cruje, pero hay presencias, seguramente energías. En 1989 tuvimos un maquinista que murió de un infarto durante la función de Yo y mi chica. Más allá de eso, la comedia musical resistió a la hiperinflación, la Tablada, ... La verdad es que si el espectáculo va bien, la rentabilidad es enorme.

El “Cabaret” de Sam Mendes
Cabaret de Harold Prince fue estrenada en 1966 en Nueva York, luego se conoció la película de 1972, dirigida por Bob Fosse e interpretada por Liza Minelli. En 1998 se conoció la nueva puesta del director inglés Sam Mendes (conocido en el cine por su film Belleza americana) en la que desaparecieron las butacas, reemplazadas por sillas y mesas. El 9 de mayo se estrenará en el teatro Astral.

—¿Habrá muchos cambios para estrenar esta nueva versión de Cabaret?
—Las reformas se iniciarán en marzo. Hoy contamos con 1.280 butacas, pero el número se va a reducir con las mesas y sillas. Habrá plataformas, para mantener el declive y la buena visión. Así ya se estrenó en Nueva York, en el teatro Alcalá de Madrid (propiedad de Romay), Londres y París.

¿Por qué se fue del elenco Romina Gaetani?
—Tuvo problemas con su registro de voz y decidió retirarse. Ahora se convocó a Alejandra Radano, quien está trabajando en Italia, por eso se retrasó el estreno. El resto del elenco se mantuvo: Juan Carlos Puppo, Alejandro Paker, Marcelo Trapak, Luz Kerz. La dirección es de Ariel del Mastro y escenografía de Jorge Ferrari. El equipo ya trabajó en Los miserables, Peter Pan, La Bella y la Bestia y Chicago.


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