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IDEAS / Perú
jueves 18 abril, 2019

El suicidio y la desesperanza

El recuerdo al expresidente peruano, tras su decisión de quitarse la vida para no afrontar la vejación de su arresto.

El expresidente de Perú, Alan García, se suicidó este miércoles. Foto: AP
jueves 18 abril, 2019

El suicidio de Alan García es una mala noticia. La decisión de quitarse la vida para no afrontar la vejación de su arresto para confrontar las acusaciones de haber recibido favores de la empresa constructora brasilera Odebrecht muestra la desesperación de una de las figuras más trascendentes de los últimos cuarenta años de Perú. Desde su ascenso a la Secretaría General del APRA en reemplazo de Víctor Raúl Haya de la Torre en 1979 su vida fue marcando los principales acontecimientos de evolución de la política peruana.

Alan García fue elegido presidente en 1985 a la edad de 36 años. La Alianza Popular Revolucionaria Americana condensaba el pensamiento antiimperialista y socialista arraigado fuertemente en América Latina en esos años. La Internacional Socialista efectuó una reunión en Lima en 1986 con la participación de Willy Brand y Carlos Andrés Pérez para respaldar al Gobierno de Alan García. El fracaso de la política económica y su enfrentamiento con el FMI provocaron hiperinflación, caída del 20% del PBI y el aumento de la pobreza. El Gobierno de Alan García sufrió los embates de la extrema izquierda representada por Sendero Luminoso y de los grupos paramilitares creados con el respaldo de las Fuerzas Armadas.

Los restos del ex presidente Alan García fueron trasladados del hospital Casimiro Ulloa al local principal del Partido Aprista.
Así fue la despedida al ex presidente de Perú Alan García en el local de APRA

La desilusión del experimento socialista abrió las puertas al autoritarismo de Alberto Fujimori que recurrió al autogolpe para actuar sin controles legales contra el terrorismo. Alan García brindó su apoyo a la elección de Fujimori en 1990. En las elecciones de 2001 obtiene el 48% de los votos contra todas las expectativas y a pesar de los desfavorables recuerdos de su primera presidencia. En 2006 obtiene la presidencia con el 53% de los votos enfrentándose a Ollanta Humala quien recibió el apoyo de Hugo Chávez. Este es el segundo Alan García de 57 años. El socialista de la primera presidencia pasó a ser un fugaz recuerdo de juventud. Es más, se convirtió en un feroz crítico del Socialismo Siglo XXI diciendo que esa política solo podría conducir al hambre, desempleo y atraso tecnológico. La opción era democracia, descentralización, libre comercio, inversión, responsabilidad fiscal y el respeto de los derechos humanos. Alan García terminó su presidencia en 2011 con un alto nivel de aprobación.

Cómo fue la relación de Alan García con la Argentina y Raúl Alfonsín

Como reflejo de un insaciable apetito por la figuración Alan García volvió a presentarse a las elecciones de 2015 donde obtuvo un magro porcentaje. El delusorio resultado marcó el fin de la carrera política que se tradujo en la renuncia a la Presidencia del APRA en abril de 2016.

Los escándalos por los favores recibidos siempre mancharon su imagen pero no su popularidad. Esto también sucedió durante la presidencia de Alberto Fujimori cuando las acusaciones prescribieron; la reciente imputación por las ramificaciones de Odebrecht alcanzó a todo el espectro político peruano revelando un comportamiento aceptado al menos hasta ahora por la cúpula política. En diciembre del año pasado, Uruguay rechazó el pedido de asilo obligando a Alan García a permanecer en el país.

El suicidio de Alan García solo puede provocar tristeza; la tristeza de la decepción de un hombre que comenzó muy alto en las expectativas para lograr la transformación de la sociedad peruana. Alan García fue el discípulo y heredero de Haya de la Torre líder intachable de Perú. El pueblo peruano le dio su confianza en más de una oportunidad. Puso en él su esperanza para salir del atolladero y comenzar a disfrutar del progreso en una sociedad democrática. El suicidio puede ser el producto de la desesperación quizás del abatimiento pero haber renunciado a su defensa deja un sentimiento muy amargo de ilusiones que fueron y que quizás nunca más puedan ser personificadas en 40 años de historia.

 

 


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