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IDEAS / Izquierdas y derechas
miércoles 15 mayo, 2019

Qué tienen en común los años 70 y la actualidad

Con el miedo a ser Venezuela no alcanza para votar a Macri, los errores fueron más dañinos que los robos. Los damnificados tienen sus razones para preferir a Cristina Kirchner. Y están a la vista.

Julio Bárbaro*

Un chico revolviendo la basura. Postal de la pobreza. Foto: Cedoc Perfil
miércoles 15 mayo, 2019

En los años 70, la guerrilla negaba su impotencia de vencer, llevaba su versión suicida de la revolución hasta consumarla. Los militares, con una parte importante de la sociedad civil, saldrían a matar sin siquiera imaginar la demencial consecuencia de sus actos. Malvinas fue, sin lugar a dudas, otra muestra de demencia de nuestra pretenciosa derecha. Izquierda y derecha sin rumbo ni conciencia de futuro, ambas se suicidan y ambas sobreviven, una parte de la guerrilla travestida en derechos humanos con Cristina Kirchner y otra parte del sueño de libre mercado del Ministro de Economía Martínez de Hoz hoy encarnado en Mauricio Macri y sus muchachos. Dos malas interpretaciones del mundo, una izquierda sin destino y una derecha sin patria.

Mientras el peronismo se imponía en Córdoba, Juan Schiaretti desplegaba un discurso preciso y meditado, al mismo tiempo, Marcos Peña dialogaba con Jorge Fontevecchia y le explicaba que todo funciona a la perfección. El mecanismo de negación, el más aceitado resorte generador de derrotas. En los 70 no se podía entender la lógica de mis amigos guerrilleros, ese suicidio con ritmo de revolución. No existía la más remota opción de triunfo, y ellos marchaban convencidos con mucha mística y sin saber adónde. Conviví con los guerrilleros, eran mis amigos de la militancia, vidas entregadas sin siquiera tener hoy otra explicación que la atrocidad de la represión. Conocí el secuestro, ambos grupos devaluaban la vida, ese dato parece seguir vigente. Esa demencia bifronte, congelada por la pretenciosa y supuesta teoría de “los dos demonios”, es parte de nuestra impotencia por ser nación, por aceptarnos todos bajo la misma identidad.

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Cristina nombró a José Ber Gelbard, fui su amigo, burguesía nacional, como Rogelio Frigerio o Miguel Roig, el dueño de Bunge & Born. Teníamos industria y una conciencia productiva que abarcaba todos los matices ideológicos, y algunos empresarios que pensaban el lugar del país en el mundo. En eso estaba Perón pero también Arturo Frondizi y Ricardo Balbín, lo mismo que Federico Pinedo y tantos otros, la política debatía la distribución de la riqueza, los empresarios la producción y el trabajo. Éramos nación, o estábamos cerca de serlo.

Hasta durante la dictadura de Onganía crecía nuestro producto bruto. Luego, un conjunto de brutos engendró una mirada absurda donde nada se entiende ya que nada se discute ni se explica. Gelbard era el aluminio y también la apuesta a una informática propia. El intento, del que participé, de gestar un acuerdo con Bunge & Born pretendía ser la continuidad de la industria flor de ceibo. En cada etapa del peronismo, una alianza entre la clase trabajadora y la burguesía nacional y productiva. Hasta Menem, aquí se acabó la patria, nos vendieron la modernidad sin identidad, sin estado, sin empresarios nacionales. Vinieron ellos, los educados para vender patrias, no privatizaron la administración de los servicios públicos, regalaron la propiedad, y el estado pasaría a ser mucho más débil que ese poder económico, y en consecuencia, ellos conducen, el estado les obedece y la pobreza se expande. Y como nunca, la pobreza no para de crecer, las calles abarrotadas de caídos, y el estado, dando tasas de interés siderales para que los ricos, los saqueadores, demoren en llevarse el fruto de su robo.

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Sin dudas, los Kirchner habitan en los cuadernos, los delitos están fuera de discusión. Y además se disfrazaron de izquierda para ocultar la codicia, y hasta la misma izquierda, o al menos una parte, se les unió en la patriada como una posibilidad de sobrevivencia. Terminamos debatiendo cuánto se llevaron los que están en los cuadernos de las coimas y cuánto los que vinieron a dar clase de ética y pagan más del setenta por ciento de tasa de interés. Entre el coimero y el banquero, uno es ilegal, el otro es ilegítimo, y con un estado concesivo, que defiende a los poderosos contra los necesitados, nunca nada termina, ni las tasas, ni la deuda, ni las tarifas ni la pobreza. Para muchos, demasiados, Macri los dañó más que Cristina.

Las instituciones y la libertad son derechos esenciales, pero el avance del hambre a veces los vuelve secundarios. Con el miedo a ser Venezuela no alcanza para votar a Macri, los errores fueron más dañinos que los robos. Y no se quejen entonces si los damnificados prefieren a Cristina, no somos nosotros, pero ellos sus razones tendrán. Y están a la vista.

*Militante peronista.


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