02 dic 2020
INTERNACIONAL |Crisis política
miércoles 18 noviembre, 2020

Perú: Sagasti, frente a una transición corta que pende de un hilo

El flamante mandatario enfrentará la pandemia, la crisis económica y un congreso hostil, que puede destituirlo, así como lo hizo con Vizcarra. Serán siete meses de mandato, entre las prosas de César Vallejo y Mario Vargas Llosa.

Sagasti gobernará Perú hasta julio de 2021. Foto: AFP

Francisco Sagasti culminó su discurso de asunción como presidente de Perú con el poema “Considerando en frío” de César Vallejo, que, en su opinión, “ilustra bien la tarea de superar rencillas y disipar rencores”. El dirigente del Partido Morado, especialista en ciencia, tecnología y desarrollo y aficionado a la literatura, será un presidente de transición. En julio de 2021 dejará su cargo. Pero para llegar hasta esa fecha, deberá transitar un camino plagado de retos.

Para superar la pandemia y la crisis económica, política y social  necesitará acuerdos y consensos en un Congreso profundamente desacreditado y ante una opinión pública que perdió la paciencia.

Tras una semana de caos, protestas, y represión policial, que culminó con dos jóvenes muertos, más de 200 heridos y 42 desaparecidos, Sagasti, el Valentín Paniagua de esta era, se sienta en un sillón presidencial en llamas. El desafío político que le espera es formidable. Las urgencias exceden el poder del que dispondrá en los próximos meses.

Francisco Sagasti presidente 20201118

La comparación con Paniagua no es caprichosa: él fue el diputado que asumió en 2000 tras la huida a Japón y la renuncia del ex presidente Alberto Fujimori. Paniagua, un mandatario de transición que contribuyó en la recuperación democrática, también es el único de los últimos ocho presidentes de Perú que no penó por los pasillos de los tribunales, ni fue condenado por la justicia.

Sagasti enfrentará un Congreso hostil, donde su partido es minoría, con apenas nueve bancas. El diseño constitucional peruano atenta contra la gobernabilidad de los próximos meses. En Perú, el Parlamento tiene entre sus facultades la de quitarle la confianza a gabinetes del Ejecutivo e, incluso, vacar –destituir- al jefe de Estado.

El presidente, en tanto, puede disolver el Congreso, aunque la Carta Magna se lo prohíbe en el último año de mandato de los legisladores. Con elecciones en abril de 2021, los parlamentarios que embistieron contra Martín Vizcarra, se saben intocables en una eventual puja de poder con Sagasti.

El nuevo presidente tendrá apenas dos escudos para protegerse. La pequeña bancada del Partido Morado y un puñado de diputados más, como Rocío Silva Santiesteban, del Frente Amplio. Esa será su armadura más concreta, aunque también la más débil. La movilización popular, en tanto, es etérea, pero más poderosa. Los peruanos dejaron en claro que no tolerarán una nueva maniobra de los desacreditados diputados.

Esos legisladores continuarán defendiendo sus intereses personales y corporativos, pero de una manera más solapada. Fuerza Popular quiere salvar a Keiko Fujimori de las causas que la acorralan en la Justicia; mientras que Unión por el Perú pretende liberar a Antauro Humala, hermano del ex presidente Ollanta y condenado por una insurrección militar.  Las causas de corrupción completan el cuadro al óleo del Perú en llamas. Como recordó Vizcarra, 68 congresistas –de un total de 130- son investigados por la Justicia. Si la corrupción se propagó con más velocidad que el coronavirus, el sistema inmunológico de la política peruana, asentado sobre la antinomia fujimorismo versus antifujimorismo, tuvo en los últimos años las defensas bajas. Vizcarra hizo todo lo posible por dinamitar ese clivaje, pero no supo reemplazarlo por otro.

Peruvians Take To The Streets To Protest Ouster Of President

Otra de las causas que llevaron a la actual crisis política institucional fue la politización de la Justicia, un ariete al que echó mano el Congreso para destituir a Vizcarra. Las continuas filtraciones del Equipo Especial Lava Jato, comandado por el fiscal Germán Juárez, fueron decisivas para el estallido de la crisis. Si bien Sagasti no tiene causas abiertas, tendrá que lidiar con los efectos políticos de las investigaciones a otros dirigentes, que pueden limitar su capacidad para llegar a acuerdos legislativos.

Masivas protestas contra el presidente Merino y el Congreso paralizan Perú

Finalmente, Sagasti tendrá que enfrentar la pandemia, que se cobró la vida de 35 mil peruanos; la crisis económica, que provocará este año una caída del PBI del 13,9%; y las nuevas demandas políticas y sociales de los jóvenes que lideraron las protestas. Ellos, que no vivieron el fujimorismo, son una poderosa fuerza que se activó en los últimos días. El mandatario tendrá que trabajar arduamente para lograr su respaldo.

Como primer paso, el presidente pidió perdón a las familiares de las víctimas de la represión. Y, luego, propuso una poética reconciliación nacional, recitando con emoción a César Vallejo:

“Examinando, en fin,sus encontradas piezas, su retrete, su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...Comprendiendo que él sabe que le quiero, que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales y mirando con lentes aquel certificado que prueba que nació muy pequeñito... le hago una seña, viene, y le doy un abrazo, emocionado. ¡Qué más da! Emocionado... Emocionado…”

Quizás las palabras no basten para sacar al país de la crisis. Sagasti necesita demostrar políticas públicas concretas. Pero, al mismo tiempo, ganarse los corazones y las mentes de los peruanos. Simbólicamente, deberá luchar contra otra potente frase de la literatura nacional. Aún el Perú no se jodió, Zavalita. Aún no.

LD/MC


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