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MODO FONTEVECCHIA
Editorial de Jorge Fontevecchia

Día 911: El peronismo, entre el adiós al Indio y el aniversario de la detención de CFK

La multitudinaria despedida de Indio Solari volvió a exhibir la capacidad de movilización de una tradición política y cultural que atraviesa generaciones. A días de una fecha clave para Cristina Fernández de Kirchner, resurgen las disputas por la conducción y el rumbo del justicialismo.

DÍA 911: EL PERONISMO, ENTRE EL ADIÓS AL INDIO Y EL ANIVERSARIO DE LA DETENCIÓN DE CFK
DÍA 911: EL PERONISMO, ENTRE EL ADIÓS AL INDIO Y EL ANIVERSARIO DE LA DETENCIÓN DE CFK | NET TV

La decisión del Gobierno de Milei de no ofrecer el Congreso, como sí se hizo con Mercedes Sosa, Leonardo Favio o Sandro, para velar sus restos, la ideología misma del líder de Los Redondos, sus letras e impronta antisistema y la excelente organización del evento en el que tuvieron participación tanto Máximo Kirchner, amigo del artista y cercano a su familia, el gobernador bonaerense Axel Kicillof y la municipalidad de Avellaneda, hicieron que el último adiós al Indio Solari tuviera una fuerte carga política. Cientos de testimonios de los seguidores, llamados "ricoteros", congregados en la autodenominada "misa", hablaron a cámara y criticaron al Gobierno nacional; muchos de ellos reivindicaron al peronismo que, gracias a este hecho, demostró que sigue vigente, sobre todo como cultura de masas.

El funeral del Indio tuvo aroma a peronismo por todo lo que mencionamos anteriormente y porque comparte con el fenómeno ricotero una misma característica: representa el ansia igualitaria de los sectores más postergados de la sociedad. El Indio, sus letras y su estética le dieron a generaciones de jóvenes de los barrios de calle de tierra el derecho a la poesía, a narrar sus desventuras y dolores con canciones que, lejos de ser obvias, fueron construidas con una lírica propia que combina citas de Borges y lecturas beatniks con el lunfardo popular. El peronismo representa los derechos sociales, las vacaciones pagas y tantos derechos adquiridos. Ambos fenómenos son parte, además, de una larga historia igualitaria que se remontó a las antesalas del nacimiento de la propia Argentina, cuando en el Río de la Plata los cronistas europeos contaban que en Buenos Aires era común la frase "naides es más que naides".

Quien comparte esta tesis es el escritor y analista político Jorge "El Turco" Asís, quien en su tuit planteó: "La partida del Indio Solari, en materia de legitimidad y multitud, supera el desfile ocasionado por el deceso de cualquier líder e ídolo popular". "Implica una severa advertencia para la crueldad del Gobierno de Consultores", advirtió Asís. Y luego concluyó: "El peronismo, Javier, todavía funciona, conmueve, sorprende, moviliza y, por si fuera poco, emociona". Es interesante, sumando a estas palabras de Asís, que lejos de ser los dirigentes políticos quienes politizaron el funeral del Indio, fueron los propios testimonios de los ricoteros, de los asistentes al velorio.

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El peronismo, con sus mitos y símbolos, logró ser el nombre político de una idiosincrasia nacional que antes tuvieron otras expresiones nacidas de la inmigración europea, como el sindicalismo anarquista o, luego, en parte, el propio gobierno radical de Hipólito Yrigoyen. Más de 200 años de aspiraciones de las mayorías por el ascenso social, representadas que terminaron sintetizándose en una cultura política que, además, es un movimiento y, además, es un partido electoral lleno de dirigentes que a veces contribuyen y otras parasitan esta inscripción en el ADN nacional.

Mientras continúa la reflexión y el debate nacional en torno a la partida del Indio, se acerca otra fecha que interpela directamente al justicialismo: el aniversario de la detención de Cristina Kirchner. Por las piruetas de la historia y la masividad del velorio del cantante de Los Redonditos de Ricota, Máximo Kirchner y Axel Kicillof volvieron a hablar para coordinar el evento. La relación venía atravesada por la discusión interna del peronismo. De un lado, La Cámpora plantea que Kicillof no toma la reivindicación de "Cristina Libre" como eje de campaña y no promete que la indultará siendo presidente; del otro, los cercanos al gobernador bonaerense responden que esto no sería táctico y que se debe sumar a otros sectores más de centro y centroderecha que consideran que el kirchnerismo fue corrupto y que Cristina está bien condenada.

En diciembre de 2022, cuando Cristina fue condenada por la Causa Vialidad, dijo algo que ahora toma otra significación; vamos a escucharla.

Clarísimo: "No voy a cargar a la fuerza política que me dio el honor de ser dos veces presidenta de que la maltraten en periodo electoral diciendo que tiene una candidata condenada y con inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos". ¿Y por qué entonces ahora le cargaría al candidato peronista el que sea maltratado en periodo electoral por defender a la misma persona? La decisión de Cristina en ese momento fue explicada como una forma de pragmatismo total. Todo estaba subordinado a la victoria del peronismo. ¿Ahora está subordinado el resultado del peronismo a su propio beneficio? ¿Por qué antes no se podía cargar al peronismo con su candidatura y ahora sí hay que cargarlo con su indulto?

¿No será que más que el cartel de "Cristina libre", lo que la expresidenta quiere imponerle a Kicillof es el de "Cristina conducción"? ¿No será que utiliza el movimiento táctico del gobernador, que quiere ser presidente, para inventar una diferencia, hostigarlo y volverlo manejable?

Por otro lado, hay algo que empezó a suceder con Cristina que es muy interesante y, en algún sentido, tiene que ver con el fenómeno cultural del peronismo. A medida que Cristina desapareció de la escena política, que dejó atrás los "Che Milei" y las clases magistrales, que se alejó del ruido mediático y se recluyó en el silencio, su imagen volvió a crecer. Según una encuesta de Hugo Haime, es quien tiene mejor imagen, y todas las encuestas la ubican entre los primeros cinco candidatos: Kicillof, Bullrich, Milei, Bregman y Cristina.

Es decir, en la medida en que Cristina no habla, es hablada por amplios sectores populares que recuerdan que con el kirchnerismo vivían mejor, lo que es indudablemente cierto. Si Cristina se deja utilizar como significante de anhelo de un pasado inmediato mejor, crece; si se mete en el barro de la interna y su defensa en los casos de corrupción, decrece. Y tiene sentido: si funciona como un recuerdo de cuando se estaba mejor, forma parte de ese artefacto cultural de producción de sentido que es el arraigo cultural del peronismo; si se dedica a defenderse de los casos de corrupción, aparece como una política que busca zafar de los crímenes cometidos por su espacio político. La impunidad no es igualitaria.

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Si comparamos la situación de Cristina con la de Lula, el dirigente político que salió de la cárcel y fue electo presidente nuevamente, hay que reparar en un hecho concreto, más allá de las enormes diferencias judiciales de ambos casos: Lula es más que el PT, es decir, es más que el movimiento político que él mismo fundó. En cambio, Cristina no es más que el peronismo, movimiento histórico que la precede; y mucho menos es más que el peronismo como arraigo cultural, algo que incluso es más grande que el propio movimiento y que, como dijimos, tiene raíces en la larga tradición igualitarista del país.

Quien también crece es el propio Kicillof, quien puede apuntar a más amplios sectores por tres de sus condiciones: 1) No es verticalista y le permite a cada sector del peronismo su grado de autonomía. 2) No es de origen peronista y su centroizquierdismo porteño e intelectual es más tragable para la clase media ajena al peronismo. 3) Es honesto. La tercera y más importante cualidad, Kicillof no la puede usar porque eso rompería con Cristina, quien paradójicamente le "carga" el "Cristina libre" a su candidatura. Kicillof es más cercano a sus ideas que los tres candidatos que ella eligió: Scioli, Alberto y Massa, pero es el primero que no se subordina a sus designios.

Volviendo al análisis del peronismo como cultura, son interesantes las reacciones que genera. Desde el "aluvión zoológico" en alusión al 17 de octubre, pasando luego por los "cabecitas negras" y las críticas machistas a la figura de Eva Perón, siempre las expresiones populares —a veces encarnadas por el peronismo o por fenómenos que rozan al peronismo, como lo fue el funeral del Indio— generan una reacción de rechazo estético. Escuchemos las palabras del periodista Esteban Trebucq.

Esto permite discutir algunas cosas. Cuando fue el 17 de octubre, también sucedió que se reaccionó con repelús a las masas obreras entrando a la Plaza de Mayo —a la que no se podía entrar sin estar de traje— metiendo las patas en la fuente.

Las patas en la fuente, los cánticos, el bombo y toda esa liturgia también eran vistos como una autoafirmación de lo marginal en ese momento, que era ser obrero. Las expresiones de cultura de masas popular implican un enroque de valores: lo que funciona como elemento de ridiculización del pobre y de exclusión pasa a ser un significante de orgullo identitario. Las villas miseria empezaron a ser llamadas así como un chiste cruel porque justamente las "villas" eran lugares de las clases altas. La cumbia villera y la reivindicación de lo villero como identitario es un enroque de ese valor; ahora bien, es un enroque que no pretende educar a nadie y tiene todas las contradicciones que la gente que vive en una villa sufre: la delincuencia, las adicciones y la vida brutal.

Si nos vamos para atrás, el Martín Fierro romantiza la figura del gaucho, aquel rebelde que se resistía a ser domesticado como soldado y trabajador del naciente capitalismo argentino. A esta altura, no creo que haya nadie que critique como "glorificación de lo marginal" a la literatura gauchesca.

Además, en el funeral del Indio la tónica no era gente drogándose en cámara o haciendo sus necesidades en el piso; eso es una exageración clasista de Trebucq. Lo marginal, la problematización del consumo de drogas y la dureza de la vida de los sectores populares son parte del universo lírico de las letras del Indio y su estética, pero tampoco refieren a una cultura del reviente, por decirlo de algún modo.

En el fondo, la respuesta a Trebucq es que toda expresión contracultural popular de masas es una glorificación de lo marginado por la cultura hegemónica sostenida por las clases dominantes. En el caso del Indio Solari, hasta su propio apodo representa al sector más marginado de la historia del país.

Quien enlazó perfectamente lo que el peronismo significa como arraigo cultural de masas y sus posibilidades de ser electo es Miguel Ángel Pichetto, ayer en este mismo programa. Vamos a escucharlo.

Más adelante, Pichetto plantea que el liderazgo hay que definirlo en unas PASO y que se debe imitar la táctica de Lula en Brasil, que hizo un frente democrático para vencer a Bolsonaro.

El exgobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, originalmente alejado del kirchnerismo para, primero junto con Pichetto y luego el peronismo cordobés, crear la tercera vía electoral en 2019, y ahora, tras visitar a Cristina Kirchner, recuperado a ese sector para competirle al actual gobernador —aunque de origen peronista pero más cercano a Milei—, dijo en este programa hace pocos días que el peronismo tiene que ser la tercera vía.

Esta es la gran discusión: si, como hizo Cristina Kirchner, buscar complementar su imagen extrema con candidatos de centro como Daniel Scioli, Alberto Fernández y Sergio Massa, o con un candidato que represente sectores más de izquierda como Kicillof, que confronte también culturalmente con Milei; y como hizo Lula con Alckmin —exgobernador de San Pablo—, compensar con un candidato a vicepresidente que represente el peronismo de interior, más reformista que revolucionario, y sumar al gabinete —como hizo Menem— a los derrotados de las internas, en su caso los renovadores de Cafiero, y en el de Kicillof al panperonismo alejado del kirchnerismo, como el de Córdoba, logrando un equipo equilibrado de notables.

Jorge Asís sobre la partida del Indio Solari: "El peronismo, Javier, todavía funciona"

Desde el 12 de mayo, fecha de la última movilización universitaria, las calles volvieron a ser las protagonistas de la política nacional. Luego de esa enorme movilización vinieron las tomas de los colegios preuniversitarios por la misma reivindicación, la enorme marcha del Ni Una Menos y, ahora, el funeral masivo del Indio Solari. El Gobierno siempre fue interpelado por las distintas fechas que construyen la agenda de una mayoría social opositora que aún no tiene una expresión política partidaria ni un candidato preciso, aunque encuentra en el peronismo su cultura, su arraigo cultural, su forma de narrarse.

Una de las claves de la política nacional será si se enhebrará este conjunto de movimientos con una expresión política que los transforme en una alternativa al gobierno de Javier Milei.

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

MV