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MODO FONTEVECCHIA
Conflicto en Medio Oriente

En 4 meses hay elecciones en Israel, en 6 en Estados Unidos e Irán tiene “la sartén por el mango”

El analista Juan Belikow señaló que los cambios de liderazgo que podrían producirse en los próximos meses condicionan las decisiones militares y diplomáticas de los distintos actores.

Donald Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en una foto en la Casa Blanca.
Donald Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en una foto en la Casa Blanca. | AFP

La escalada en Medio Oriente y sus efectos sobre la economía global, las rutas energéticas y el equilibrio de poder internacional vuelven a ocupar un lugar central en el debate geopolítico. A partir de su entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el politólogo Juan Belikow advirtió que el calendario político condiciona las decisiones de los actores involucrados y sostuvo que, mientras en cuatro meses hay elecciones en Israel y en seis en Estados Unidos, Irán hoy tiene "la sartén por el mango".

El politólogo argentino, doctor en Ciencias Políticas, especializado en seguridad, crimen organizado, terrorismo y modernización del Estado, Juan Belikow, es consultor y asesor para organismos internacionales como la ONU, la OEA, el Banco Mundial, el BID y la OSCE, además de haber sido docente en universidades de Argentina, Estados Unidos y otros países. Sumado a eso, integró equipos vinculados a políticas de seguridad en Argentina, fue asesor en temas de terrorismo y Triple Frontera durante una gestión del Ministerio de Seguridad y participó en distintos proyectos internacionales sobre seguridad ciudadana, narcotráfico y gobernanza. Acerca del ámbito académico y de análisis estratégico, es miembro del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y ha publicado trabajos sobre conflictos internacionales, terrorismo, seguridad hemisférica y crimen organizado.

Obviamente queremos interiorizarnos sobre su opinión respecto a lo que está sucediendo en este momento, nada más lejos de la paz anunciada en la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.

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Es un momento muy complicado, con mucha ambigüedad estratégica, si se quiere llamarlo de alguna manera. No tenemos a los dos aliados clave en esta materia, que son Israel y Estados Unidos, en una misma página, y eso hace que tengamos una confrontación que no tiene claramente definidos los objetivos ni siquiera los medios al respecto.

En realidad, por el lado de Israel y de Estados Unidos se está llevando adelante una guerra, y por el lado de Irán, otra. Porque Israel tiene una guerra con Hezbolá en el sur del Líbano y, por otro lado, con Irán. Mientras que para Irán es un mismo conflicto y no considera que sean conflictos separados.

Estados Unidos está en el medio, tratando de articular para detener este conflicto, que entiende diferenciado atento a las prioridades de Israel. Pero Irán no acepta esa separación. La postura de Irán es que este conflicto es integral y debe resolverse en su integralidad, sin separar a su proxy, Hezbolá, en el sur del Líbano.

Mientras Estados Unidos preferiría aceptar esto para poner fin a la guerra, el Estado de Israel, y particularmente Netanyahu, no acepta esa condición y sostiene que una cosa es Irán y otra distinta es Hezbolá. De ahí surge este problema. Es una especie de callejón sin salida del que no podemos desengancharnos.

Pero, en cualquiera de los casos, lo que indica, independientemente de que para Estados Unidos Hezbolá no es un adversario y sí lo era Irán, es que Irán es el que pone las condiciones. Estados Unidos está dispuesto a aceptarlas, Israel no. Finalmente, el que pone las condiciones es Irán.

Exactamente. Irán es quien tiene la sartén por el mango en este momento por una razón muy simple: está jaqueando la economía mundial y con eso se lleva por delante la capacidad de Estados Unidos, como hiperpotencia, de imponer el juego geopolítico global.

Al interrumpir el estrecho de Ormuz y, además, amenazar con interrumpir un segundo estrecho, Bab al-Mandab, que es el que permite el ingreso al canal de Suez por el mar Rojo, está generando un conflicto en materia energética global.

Pero además hay otros componentes de los que se habla menos. Está generando una crisis en materia de fertilizantes, que no es un dato menor para la seguridad alimentaria del mundo. También está generando un problema informático en dos frentes. Uno es el helio, un derivado del petróleo imprescindible para producir microchips. Y, por otro lado, está atacando los centros de datos.

La mayoría de los centros de datos más importantes del mundo para la inteligencia artificial están ubicados en países del Medio Oriente por una cuestión de beneficios fiscales. Se han instalado allí porque el costo impositivo es menor que en otros lugares del mundo. Pero esto hace que plataformas como Amazon estén teniendo problemas en su funcionamiento y deban derivar sus centros de datos a otros lugares del mundo, cosa que no es un proceso fácil.

Estamos hablando de bases de datos de una magnitud enorme y eso no es sencillo de transferir. Entonces, hay una serie de factores secundarios que afectan la economía global. Y quien es percibido como responsable de esta gran disrupción es Estados Unidos, por haber lanzado los ataques contra Irán, arrastrado por Israel, que lo convenció de que esto era una buena idea.

Hay que recordar que esta misma idea ya fue ofrecida al gobierno norteamericano en dos instancias anteriores: una con Obama y otra con Bush hijo. Estados Unidos la rechazó en esos momentos por considerarla una aventura de altísimo riesgo, entre otras cosas por las consecuencias que estamos viendo hoy, entre ellas el estrecho de Ormuz.

Para ponerlo en dimensiones más claras, estamos hablando de que el estrecho de Ormuz mantiene prisioneros a más de mil buques de carga, es decir, buques petroleros que no pueden salir de allí desde hace prácticamente dos meses y medio. Esto está generando una parálisis global.

El problema grave, del que no se habla y que es un componente técnico que hay que entender claramente, es que supongamos que se libera rápidamente el estrecho de Ormuz y esos tanqueros pueden salir. El problema que tenemos hoy es el almacenamiento. Ya no hay lugar para almacenar ese petróleo.

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Y si no hay lugar para almacenarlo, los mecanismos de extracción y transferencia quedan colapsados. Si se frenan, el deterioro químico que genera el petróleo estancado dentro de las tuberías y de la maquinaria petrolera hace que la producción se detenga, porque el deterioro es rapidísimo.

Las canillas, por decirlo de alguna manera, se oxidan, dejan de funcionar y hay que reemplazarlas si el flujo se interrumpe. Y el problema es que no puede fluir porque ya no tienen dónde almacenarlo.

Este es otro problema. Y el tercero es que el mundo está agotando sus reservas petroleras. Las reservas estratégicas que existían han bajado a niveles críticos y ya no hay colchón para amortiguar la suba del precio del petróleo.

¿Por qué no subieron tanto las naftas en nuestros países? Porque Estados Unidos y los grandes países —quizás con la excepción de China, que es la que menos reservas utilizó— han usado las reservas de petróleo que tenían para compensar el aumento del precio. Y esto ya no va a ser posible de aquí a un par de semanas.

Desde el punto de vista del problema que genera el aumento del precio del petróleo, China es mucho más afectada que Estados Unidos, porque Estados Unidos es un país exportador de energía. China es un país netamente importador de energía; incluso importa carbón. Entonces, de la misma manera que se presiona a Estados Unidos para que logre la paz, ¿por qué no presionan China y otros damnificados cercanos a Irán para que lleguen a la misma conclusión? ¿Por qué el presionado es solo Estados Unidos y no Irán?

Porque Estados Unidos es el país más afectado por esta situación, porque es a quien se le endilga el problema.

La postura de China y de Rusia es más cómoda. Esas son las hiperpotencias que, en este juego en el que Estados Unidos, por error propio, se ha metido en un callejón sin salida, observan el deterioro acelerado de Estados Unidos.

Y no solamente un deterioro económico, sino también un deterioro del prestigio geopolítico. Estados Unidos perdió la confianza no solamente de sus socios europeos, sino también de los socios más importantes del Golfo. Y esto no es un dato menor, porque los socios del Golfo confiaban en que Estados Unidos tenía capacidad para protegerlos y hoy están viendo que no la tiene.

En este momento, la manera que tiene Estados Unidos de presionar a Irán ya no es atacando blancos militares, porque ya aniquiló todos aquellos que eran alcanzables. Los inalcanzables son los que le están generando problemas. ¿Qué quiero decir con alcanzables? Las grandes infraestructuras que se ven desde un satélite. Las pequeñas infraestructuras, las de los drones, la llamada “flota mosquito”, estas lanchas rápidas convertidas en una especie de minas o torpedos autopropulsados, son tan pequeñas que no las podemos detectar. Y esos son los elementos que están causando el mayor daño o la mayor amenaza para cualquiera que transite la región.

Pero, dicho esto, el problema básico que tiene Estados Unidos es que ya no tiene blancos militares para atacar. Entonces, ahora debería cruzar la línea roja y atacar blancos no militares. Blancos no militares significa infraestructura crítica.

El riesgo de eso es que Irán se vea habilitado a represaliar contra blancos no militares de los países aliados del Golfo, que por definición están menos protegidos que los blancos militares.

Y esto puede afectar directamente no solamente a las plantas petroleras y las refinerías, sino también a las plantas desalinizadoras de agua. Por ejemplo, si en este momento Irán atacara desalinizadoras en Israel, Israel tendría que evacuar a casi el 15% de su población porque se quedaría sin agua dulce en 24 horas.

Entonces, este es el nivel de problema en el que se ha metido.

Estos son problemas que ni Rusia ni China tienen y de los cuales no son responsables. Más aún, Irán en este momento está salteándose las restricciones y los bloqueos a través de lo que llaman la ruta del norte. Es decir, vía el mar Caspio, están sacando productos a través de Rusia y recibiendo otros, estableciendo básicamente casi toda su cadena de suministro vital que Estados Unidos pretendió bloquear con el segundo bloqueo de Ormuz.

Hoy los fertilizantes están empezando a llegar al mercado a través de esa ruta del norte o ruta terrestre, con lo cual esa amenaza relativamente se redujo, pero en el petróleo aún no. Ahora, Rusia tiene petróleo, se lo puede suministrar y, de hecho, este problema activó algo que venía negociándose hace 20 años y que, por diversas razones geopolíticas, ni China ni Rusia querían impulsar: el nuevo oleoducto que se está construyendo entre Rusia y China.

Lo van a construir muy rápido para que ni China ni la India dependan de Ormuz para aprovisionarse de petróleo. Y esto, obviamente, pone a Estados Unidos en una debilidad estructural fundamental.

Y, en ese caso, ¿qué consecuencias electorales cree que puede tener para Estados Unidos en las elecciones de medio término?

Va a tener consecuencias electorales no solamente para Estados Unidos, sino también para Israel. Israel tiene elecciones en cuatro meses, con lo cual los plazos están marcados por esta agenda electoral.

Todo el mundo sabe que es altamente probable que la composición del Congreso de Estados Unidos y, posteriormente, la del Parlamento israelí cambien. Entonces, las condiciones para avanzar en estos conflictos no van a ser las mismas.

Con lo cual, todos los jugadores están avanzando sus fichas desesperadamente, tratando de ganar espacio militar mientras hablan, ocupando territorios —Israel en el sur del Líbano y demás— porque saben que el cambio político que genere el resultado electoral puede alterar esto.

Y eso hace que se tomen medidas desesperadas, apuradas y con poca visión de futuro, porque el horizonte temporal que ven son los próximos dos meses. Lo que va a pasar dentro de cinco meses es otro mundo. Y las actuales administraciones de ambos gobiernos no se preocupan por eso.

Irán lo sabe y juega con eso. Por eso dilata estas negociaciones.

A diferencia del conflicto en Ucrania, donde tanto Putin como el gobierno ucraniano siguen siendo los mismos desde que comenzó la guerra hasta hoy, en el caso de Irán lo que podemos decir es que hay un cronograma electoral que va a modificar rápidamente quiénes toman las decisiones, aunque no sea el jefe de gobierno, sino los congresos de Israel y de Estados Unidos. A fin de año serán distintos.

Absolutamente. Y en el caso de Ucrania va a haber un efecto colateral adicional porque uno de los cambios que vemos ahora en ese frente es que Putin sí acepta sentarse con Zelenski, exactamente por lo que te he dicho.

En este momento, Putin acepta que va a tener que negociar con una persona que técnicamente es ilegítima, porque debería haber sido reelegida hace dos años y dilató las elecciones con motivo de la guerra. El argumento es que, como hay guerra, no puede haber elecciones y, por lo tanto, él sigue al mando, aunque su mandato ya venció hace dos años.

Eso era lo que motivaba que Putin no aceptara sentarse a negociar con él, porque el argumento era: “Yo negocio con una persona que está en el poder legítimamente y podría venir otro después que desconozca lo negociado”.

Bueno, en este momento eso cambió. Está en condiciones de negociar con él. Saben que Zelenski está en un momento débil y la razón es muy simple: en verano las oportunidades de Ucrania de avanzar son buenas, pero en invierno son las peores.

Y como estamos en vísperas de entrar en el invierno, este es el momento más cómodo para Zelenski para negociar. De ahí que Putin esté rechazando la oferta de Zelenski en este momento, justamente porque sabe que cuanto más dilate las negociaciones y más cerca las ponga del momento en que esté débil, más posibilidades tiene él de sacarle ventaja al final de la guerra.

Entonces, estamos en una especie de momento de congelamiento de todos los conflictos, en cuyo camino va muriendo gente inocente que no tiene nada que ver con el tema.

Al mismo tiempo, una etapa de congelamiento. También estamos frente a lo que parece señalar una etapa de resolución, porque hacia fin de año va a ser todo diferente.

Sí, pero cuando hablamos de resolución hay que recordar que Trump, en los 102 días que lleva el conflicto, anunció en 38 oportunidades que ya estaba a punto de negociarse.

Entonces, ya no le creen. Ese es uno de los efectos de este conflicto en Irán en particular: la palabra de Trump se devalúa tan rápidamente que lo único que vale es lo que dice Netanyahu y lo que dice el ayatolá. Lo que dice Trump es irrelevante.

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Entonces, Trump puede gritarle a Netanyahu todo lo que quiera, exigirle que deje de bombardear y, horas después, Netanyahu avanza con los bombardeos en el sur del Líbano.

Irán negocia cualquier cosa, pero Hezbolá, que es uno de sus proxies, responde a los desafíos que plantea Netanyahu. Le responde con un ataque.

Entonces, por más que Trump quiera el cese del fuego, los actores secundarios, por decirlo de alguna manera, pasan a ser los que dirigen la orquesta.

MV/fl