La masiva despedida de Indio Solari reunió a cientos de miles de personas en la provincia de Buenos Aires y volvió a poner en discusión el alcance social de las grandes expresiones populares. Carlos Bianco aseguró, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), que las movilizaciones de los últimos meses reflejan un creciente malestar por la situación económica y sostuvo que, de cara a 2027, “el cambio es el peronismo”, al considerar que ese espacio representa una alternativa centrada en el trabajo y la producción.
El dirigente político y funcionario, considerado uno de los colaboradores más cercanos del gobernador Axel Kicillof, Carlos Bianco, es ministro de Gobierno bonaerense, cargo que ocupa desde diciembre de 2023. Se desempeñó como jefe de Gabinete de la provincia entre 2019 y 2021 y luego como jefe de Asesores del gobernador.
Tenía mucho interés en particular porque venimos dedicando los últimos dos días, en todos nuestros comentarios y en parte de las entrevistas, al significado político que tiene el enorme y mayoritario adiós que se le dio al Indio Solari y qué consecuencias o qué mensaje político se encuentra a través de él. Sé que la mayoría de los dirigentes políticos no quieren politizar el tema. Yo no pretendo politizar el funeral, sino tratar de entender la significancia política, qué síntoma de qué cosa es lo que allí sucedió. Y apelar también a tu condición de profesor universitario para que le des una explicación sociológica a lo que sucedió.
Es un montón. No sé si puedo hacer todo eso, pero te comento.
Por un lado, hay algo que creo muy necesario. Me parece que todos aquellos que eran fanáticos o que tenían afecto cultural, musical y hasta personal por el Indio, que es una referencia artística, cultural e histórica de la Argentina, necesitaban poder despedirse, hacer una despedida, un último homenaje.
Eso es lo que nosotros entendimos desde la provincia de Buenos Aires y para lo cual nos pusimos a disposición en todo momento, junto a la familia. Por eso el gobernador, una vez que hubo una intención de hacerlo en otros espacios institucionales, en el Congreso, y al no poder realizarse allí, nosotros ofrecimos alternativas.
Estuvimos analizándolo y pusimos a disposición varios lugares en la provincia de Buenos Aires, algunos espacios en La Plata. Finalmente, se decidió hacerlo en Parque Domínico, en el Polideportivo Gatica.
Eso implicó una organización muy importante, porque darle un marco de tranquilidad, homenaje y participación a la cantidad de gente que se acercó requería un enorme despliegue. Las estimaciones propias y ajenas muestran que se acercó cerca de un millón de personas. Nosotros estimamos que aproximadamente unas 500.000 personas pudieron ingresar a la capilla ardiente para despedirse del Indio.
Eso implicó una logística muy importante a partir de nuestras fuerzas de seguridad, los bomberos, Defensa Civil, las postas sanitarias, las postas de hidratación y cuestiones vinculadas con el manejo del transporte. Trabajamos mucho y creo que el Indio tuvo la despedida que se merecía. Todos aquellos que lo quisieron ir a saludar y despedir pudieron hacerlo. Ese fue un pedido específico de la familia: que las exequias duraran hasta que ya no hubiera más gente queriendo despedirse.
Y eso efectivamente sucedió el lunes por la madrugada, aproximadamente a las 5:30 o 6 de la mañana. Todos los que se habían acercado pudieron despedirse y ahí, con la conformidad de la familia, le dimos un final a las exequias. Así que hemos trabajado muchísimo y creo que lo importante es que la gente se pudo despedir de su ídolo. El Indio obtuvo su homenaje tal como correspondía.
Después, respecto de lo que me preguntás en términos sociológicos o políticos, también coincido en que no hay que politizar particularmente este evento, a pesar de que siempre es difícil porque el Indio tenía una perspectiva política, inclusive en su arte y en sus canciones. Pero me parece que el mensaje es dejar que el pueblo se exprese, que exprese sus pasiones y sus necesidades. En este caso, la necesidad de despedir a un ídolo popular. Me parece que eso es lo que nos corresponde a quienes tenemos responsabilidades políticas e institucionales.
La gente también necesitaba tener un momento de movilización, un momento de reflexión, un momento de sentirse en comunidad, probablemente con sus pares, con aquellos que compartían sus gustos musicales y una cultura determinada. Me parece que eso siempre es bueno y positivo: que la sociedad se movilice en torno a una cuestión cultural, política o deportiva.
Además, empieza el Mundial dentro de poco y me parece que eso también va a ser importante para una sociedad que nosotros vemos muy golpeada en el día a día, en la cotidianeidad, con muchos problemas económicos, con muchos problemas para llegar a fin de mes, para conseguir un trabajo digno y para que alcance el salario.
Lo que ya sabemos y lo que se expresa no solo en la calle, sino también en los indicadores duros de la economía real. Así que fue un momento necesario.
Vos sabés que yo no soy peronista y, no sé si lo sabés, tampoco sé nada de fútbol. Pero la distancia que me dan esas dos ignorancias me permite encontrar un hilo conductor entre la perspectiva política de Maradona y la perspectiva política de Solari. Sin embargo, el resultado fue totalmente distinto. En el caso de la despedida a Maradona fue tumultuosa, compleja; en este caso fue pacífica y, podríamos decir, incluso muy meritoria. ¿A qué atribuís esas diferencias? ¿A una sociedad que aprendió? ¿A que se hizo en la provincia de Buenos Aires de una manera diferente?
Yo soy peronista y soy muy fanático del fútbol. Muy fanático del fútbol. En particular de Maradona. Era muy fanático de Maradona y sigo siéndolo. Maradona y Riquelme son mis ídolos del fútbol.
Me parece que fueron momentos distintos. También hay que recordar un detalle que no puede pasar desapercibido: cuando fue el fallecimiento de Diego todavía estábamos en pandemia, con restricciones, y eso seguramente complejizó la organización de su despedida.
Ese es un punto clave para diferenciar qué pasó en dos momentos distintos.
Después hubo cuestiones más vinculadas con la pasión, con el momento histórico.
A mí me parece que haberlo hecho en la provincia de Buenos Aires descomprimió muchísimo una situación que se venía observando los días anteriores. Porque no fue el único homenaje o despedida que tuvo el Indio. Había habido manifestaciones previas, como la del Obelisco.
Y la verdad es que la actuación de las fuerzas de seguridad en esos casos tenía otro objetivo, otra tónica. Fue mucho más provocativa.
Nosotros tomamos una decisión, también hablada con la familia y con los distintos compañeros que participamos de la organización, que fue no poner al frente a las fuerzas de seguridad, sino a otras fuerzas auxiliares: bomberos, Defensa Civil, voluntarios, militantes.
Justamente porque sabíamos que el ánimo venía un poco alterado por los días anteriores. Creo que eso fue importante para que todos se sintieran tranquilos y contenidos.
Y después hubo una instrucción muy clara del gobernador: todo esto se tenía que hacer con mucha tranquilidad, mucho afecto y mucha contención hacia una gente que estaba golpeada.
Cuando se muere o deja de estar tu ídolo, de alguna forma es una situación de orfandad. Yo estuve muchísimo tiempo participando de la organización, pero también observando a la gente.
La gente estaba muy golpeada, muy triste. Más allá de que en algunos lugares había clima de fiesta, escuchando las canciones de Los Redondos o del Indio, cuando ingresaban a la capilla ardiente se veía claramente que estaban muy golpeados y con una fuerte sensación de orfandad.
Y me parece que ese también es un mensaje y una responsabilidad para quienes tenemos responsabilidades institucionales y políticas: tratar de darle un cauce a toda esa situación tan difícil que está atravesando gran parte del pueblo argentino hoy.
Dado que vos tenés la responsabilidad máxima del Gobierno de la provincia después del gobernador y, al mismo tiempo, contás que estuviste participando mucho en la organización, como era lógico esperar, ¿estas versiones respecto de que hubo un acercamiento entre el gobernador y Máximo Kirchner a partir de la búsqueda de un lugar para realizar el funeral son correctas?
Sí, sí. Estuvieron en contacto permanentemente de manera telefónica. También se cruzaron cuando el gobernador estuvo durante toda la mañana del domingo en Parque Domínico.
Y con todos nuestros compañeros siempre tenemos la mejor voluntad de trabajar, coordinar y organizarnos. Es así. Estuvo todo muy bien, realmente muy bien.
Jorge Asís escribió un texto en el que le decía a Javier Milei que tuviera en cuenta, o cuidado, porque el peronismo funciona. Un mensaje que se parece bastante al de “lo viejo funciona”. Ahora te pido un análisis político. ¿Qué significó ese millón de personas yendo a despedir a un ídolo con una ideología que, obviamente, se acerca a la ideología peronista?
Sí, sí. Creo que varias veces el Indio declaró públicamente que tenía familia peronista y que él también era de izquierda o socialista. Bueno, tuvo varias expresiones en ese sentido. Pero digo, en términos generales, era alguien que comulgaba con las ideas del campo popular.
Por eso yo no lo quiero politizar. Pero, por lo que yo veía ahí, la palabra que más escuché fue “gracias”. Gracias al Indio. La gente le agradecía al Indio, gritaba: “Gracias, Indio”. Y también agradecía a todos aquellos que participamos del homenaje y de la despedida, porque querían tener un espacio para despedirlo. En los días anteriores había habido mucha preocupación porque se había complicado la posibilidad de hacer esa despedida y, por lo tanto, también nos agradecían a todos.
Cuando digo “nosotros”, hablo de todos los compañeros que participamos de los distintos sectores del peronismo, de la provincia, de la municipalidad, etcétera. Nos agradecían por haber hecho el esfuerzo para que ellos se pudieran acercar a despedirse.
Y creo que la gente lo valoró mucho. Inclusive había mucho prejuicio y circulaban algunos mensajes de WhatsApp en los barrios dando instrucciones de encerrarse en las casas con comida, como si fuese a pasar algo tremendo.
Y la verdad que, mirá, te lo digo porque estuve muchísimo tiempo, horas y horas en la calle, recorriendo y en la capilla ardiente. No vi un robo de billetera, no vi una pelea, no vi una discusión. Nada, absolutamente nada. La gente estuvo tremendamente tranquila.
Nosotros hicimos nuestro mayor esfuerzo para contener una situación que era difícil porque, aparte, hacía frío y estuvo lloviznando casi de manera permanente. Había que poner los espacios, los fenólicos, las vallas, para que la gente se pudiera mover con tranquilidad.
La verdad es que funcionó todo muy bien. Y me parece que, como mensaje, cuando nos ponemos de acuerdo en un determinado objetivo y trabajamos seriamente, coordinadamente y todos con buenas intenciones, las cosas funcionan bien.
O sea, era un riesgo.
Por supuesto, era un gran riesgo. Pero yo creo que el mejor lugar para hacerlo era la provincia de Buenos Aires. Era la provincia de Buenos Aires por las razones que dije anteriormente.
Ya los días anteriores había habido problemas con las fuerzas de seguridad federales y con la Policía de la Ciudad, y hubiese sido un problema quizás hacerlo en ese marco.
Pero también es una decisión política, ¿no? A veces es una decisión política que se generen esos problemas. No quiero decir más porque no quiero politizar. No es el momento para discutir la política.
Manifestación a favor de la universidad, Ni Una Menos y ahora el funeral del Indio Solari. ¿No hay una serie de manifestaciones masivas que tienen un hilo en común, una constante, que indican algo, independientemente de la bandera política y, en cualquiera de los casos, en contra de las políticas del Gobierno?
Yo creo que son distintas expresiones. Más allá de las más masivas, que son las que vos acabás de mencionar, hay permanentemente otras expresiones de un malestar creciente que está teniendo la sociedad.
Son expresiones de esa situación. A veces son protestas más sectoriales: del sector de la salud, del sector de la educación, de los sectores vinculados con quienes padecen discapacidad, etcétera. Y en otros casos son cuestiones más masivas que, en algunos casos, no dejan de ser sectoriales: las mujeres, las diversidades, la universidad; en este caso sería la cultura y el arte. Pero me parece que hay un creciente descontento, un creciente malestar con los resultados que está teniendo un modelo económico en nuestro país.
Son modelos económicos muy vinculados al mercado y a la falta de regulación estatal, que dualizan la sociedad. Están los que ganan, que en general son pocos, aquellos que están muy vinculados a actividades conexas con el mercado global y a actividades extractivas en nuestro caso.
Y después están aquellos que viven de los sectores mayoritarios, los que generan más empleo: la industria, el comercio y la construcción. Gente que la está pasando mal. Porque si al sector le va mal, a sus trabajadores les va peor. Si al sector de la construcción le va mal, al trabajador de la construcción le va peor. Si al sector industrial le va mal, al obrero industrial le va peor. Si al sector del comercio le va mal, al trabajador que está detrás del mostrador le va peor. Y me parece que eso se está empezando a expresar cada vez más claramente.
Probablemente, teniendo en cuenta que dentro de poco más de un año tenemos una elección, la gente va a empezar a solicitar un cambio. Un cambio que fue una palabra que en su momento al peronismo, al campo popular, le jugó en contra, porque nosotros expresábamos una continuidad.
Y de la misma forma que le jugó en contra al peronismo, que después le jugó en contra a Macri en 2019 y que volvió a jugarle en contra al oficialismo en 2023, creo que le va a jugar en contra a Milei.
La gente, hasta que no encuentre una determinada estabilidad, un determinado proceso de crecimiento sostenido y una esperanza de que le va a ir mejor, no importa qué fuerza política esté gobernando, va a seguir solicitando un cambio tras otro.
Me parece que el desafío político que tiene el peronismo es encontrar ese sendero que, más allá de ganar una elección y gobernar cuatro años, le genere una esperanza de que la gente pueda mejorar de a poquito, de manera más o menos permanente y constante. Y eso es muy difícil. Debo decir que es muy difícil en un mundo en el que esto está pasando en todos los países.
En Estados Unidos ganan los republicanos, después ganan los demócratas, no satisfacen las expectativas y vuelven a ganar los republicanos.
Ojalá que se pueda sostener esa situación en Brasil dentro de poquito y también ahora en el balotaje en Colombia. Una estabilidad que prometa cierta prosperidad, aunque más no sea de a pasitos.
Que prometa prosperidad y un poco de paz. Estabilidad, prosperidad y paz.
Me parece que si algún gobierno del mundo logra ofrecerle eso como perspectiva y como esperanza a su población, va a permanecer. Y si no lo logra, la gente va a pedir cambio.
¿Podríamos cerrar diciendo que, de cara a 2027, ahora el cambio lo representa el peronismo?
Y sí. El cambio es el peronismo de cara a 2027. Porque el peronismo está, independientemente de quién sea o del sector del peronismo que vos mires, de acuerdo en algunas cuestiones de consenso.
La necesidad de cambiar el modelo económico. Todo el peronismo está de acuerdo en eso: en que sea un modelo económico más vinculado al trabajo y a la producción.
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No solo a los sectores que tienen ventajas naturales o ventajas comparativas vinculadas a la dotación de recursos naturales, sino también a sectores vinculados a la producción en general.
Y que generen, sobre todo, empleo, mejores condiciones de vida, mejores condiciones de trabajo y mejores salarios.
Ese es el desafío. Pero hoy eso lo expresa el peronismo.
MV