La tecnología parece estar operando como el catalizador de las profecías más profundas de Marx. Según el análisis del filósofo Julio Montero, una de las grandes predicciones marxistas se encuentra hoy en pleno proceso de aceleración, apuntando a un horizonte donde "en algún momento la tecnología iba a hacer obsoleto el trabajo humano", transformando radicalmente la producción global. Bajo esta perspectiva, el pensador alemán no habría fallado en su diagnóstico estructural del capitalismo, sino en su cronología, planteando un escenario bisagra donde las máquinas obligarán a la humanidad a reformular por completo la distribución de la riqueza y el sentido mismo del trabajo. "Esta tecnología, que va a ser la gran fuente de riqueza, va a estar concentrada en las manos de algunas big techs", planteó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).
Julio Montero es licenciado en filosofía por la Universidad de Buenos Aires, doctor en filosofía por la Universidad Nacional de La Plata y doctor en teoría política por la University College London del Reino Unido. Es profesor asociado de tiempo completo en el Departamento de Derecho y miembro de la carrera de investigador del CONICET. Además, dicta clases en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y en la Universidad de San Andrés. Es autor del libro académico Human Rights and Human Independence, publicado por la Universidad de Pensilvania, donde ofrece una interpretación filosófica de los derechos humanos.
Julio escribió un artículo que a mucha gente, entre ellos a mí, me llamó mucho la atención. Más o menos podía plantear que, finalmente, Marx tenía razón; nada más que se adelantó en el tiempo. Me gustaría que hicieras una síntesis.
Empiezo aclarando que yo no soy marxista; o sea, esto no es una expresión de deseo, sino un juego. Una de las cosas que creo podemos hacer los filósofos en este mundo es imaginar escenarios posibles, y este es uno de ellos. Y cuando empecé a pensarlo, me fui sorprendiendo por las coincidencias, por cómo encajaban las piezas.
Una de las cosas que Marx decía es que en algún momento la tecnología iba a hacer obsoleto el trabajo humano. Es decir, las máquinas iban a producir por nosotros; iban, además, a producir de una manera descomunal, de manera tal que nosotros ya no íbamos a tener necesidad de trabajar. De trabajar en el sentido de producir bienes para satisfacer nuestras necesidades fundamentales. Y tiene que ser así.
Marx tiene una frase muy interesante en donde dice: "El trabajador se va a situar al lado de la máquina, más como un curador que como un engranaje en el proceso productivo". Y junto con esta predicción viene el paraíso de la abundancia. Marx pensaba que en la sociedad comunista las fuerzas de trabajo iban a liberar todo su potencial, con lo cual íbamos a tener una superabundancia de bienes. Marx creía que, llegados a ese punto, la justicia se iba a volver un concepto sin sentido: no iba a haber ninguna racionalidad, no iba a haber ninguna puja por los recursos.
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Entonces, esa es una primera predicción que parece cerca de cumplirse. Probablemente en 20 o 30 años, si no antes, vamos a estar en un escenario parecido. Si uno mira las estadísticas, vemos que cada vez más los trabajos son sustituidos por inteligencia artificial, en un proceso que se acelera.
Ahora, junto con esto, hay otra predicción de Marx que entra a la cancha. Y esa predicción es que vamos a ver una hiperconcentración del capital. En términos generales, la riqueza se viene concentrando desde la década del 80 de una manera acelerada, y ahora parece que va a concentrarse todavía más. Esta tecnología, que va a ser la gran fuente de riqueza, va a estar concentrada en las manos de algunas big techs.
Y esto va a generar una rígida división de clases, o podría generar una rígida división de clases, entre los propietarios de esta tecnología y quienes no son propietarios de esta tecnología. Y sería, además, una diferencia de clases que, como Marx pensaba, trascendería culturas, nacionalidades, religiones. Es decir, estaríamos todos en el mismo barco, ya sea de un lado o del otro.
Ahora, esa clase sería enorme; probablemente muchísimo más grande que la clase trabajadora que Marx veía durante la Revolución Industrial. Podríamos estar hablando de una proporción 95-5, 97-3, 99-1. Y esto probablemente va a generar condiciones para algún tipo de cambio social. Es decir, alguna transformación en el orden político tendría que haber. Ahora, por supuesto, esa transformación puede seguir muchos caminos.
Uno de ellos es la socialización de los medios de producción, que no necesariamente tiene que implicar una dictadura o privaciones de las libertades individuales, sino apropiarse de ellos y hacerlos producir para beneficio del conjunto. Y otra posibilidad, si vos querés más reformista, que está en la agenda desde hace tiempo, es movernos hacia algo así como una renta básica universal. Donde todos los ciudadanos, todos los individuos, recibamos todos los meses, por el mero hecho de ser ciudadanos, un ingreso que nos permita satisfacer nuestras necesidades fundamentales.
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El planteo de Marx sigue una interpretación de Hegel, y ve como un proceso de evolución que ese estado de felicidad posterior, en el que no habría más lucha por la distribución de bienes, es posterior al primero que le da, podríamos decir, origen, que es la hiperconcentración de capital. Que genera como reacción el rompimiento del orden capitalista y, finalmente, se acaba el capitalismo, por decirlo en términos concretos, porque el capitalismo es antropofágico. En su codicia, busca aumentar la concentración de la riqueza al punto de que crea las propias condiciones. Lenin tenía una frase que era: "Qué ignorantes estos capitalistas, que nos venden las sogas con las que los vamos a ahorcar".
Ahora, Fukuyama, a fines del siglo pasado, él decía que él, igual que Marx, había leído a Hegel; había seguido la frase de Hegel que textualmente planteaba como idea del fin de la historia la culminación del proceso dialéctico, que culmina con la humanidad cuando alcanza la autoconciencia plena y la libertad absoluta. Y Fukuyama explicaba: "No, yo hice lo mismo que Marx. Leí la idea de la historia como un proceso de evolución y superación y llegué a la conclusión de que ese estado de culminación del proceso dialéctico es el capitalismo". ¿Qué crees que diría Marx de lo que dijo Fukuyama y qué diría Marx de lo que está pasando hoy?
Probablemente Marx diría que Fukuyama entendió bien el método y que se equivocó en el contenido que derivó de ese método. De todos modos, habría que decir que en el momento en el que Fukuyama hizo esa predicción, probablemente hasta Marx podría haber coincidido. Es decir, podría haber reconocido el fracaso en el sentido de que, después de caídos los socialismos reales en la década del 90, parecía que habíamos logrado la fórmula definitiva: es decir, paz en el plano internacional, una gran generación de riqueza a partir de la integración de los mercados. Así que tal vez en ese momento Marx hubiera concedido, y probablemente ahora estaría sonriendo, avizorando este nuevo cambio de rumbo.
¿Vos sos hegeliano?
No, soy kantiano, si tuviera que definirme de algún modo.
Y entonces, cuando reivindicás el método...
No, digo, es un método posible, es un método interesante. Yo como liberal tiendo a creer que no hay algo así como un orden preestablecido, que somos dueños de nuestro destino. Tiendo a creer en nuestra capacidad de aprendizaje; creo que esa es, en todo caso, la herramienta de transformación. Cómo vamos aprendiendo de nuestro pasado, de nuestros errores; cómo vamos logrando también mayores niveles de empatía, de comprensión de los problemas nuestros.
Bueno, en eso sos hegeliano.
Bueno, pero Kant también. Kant también creía que el género humano progresaba hacia lo mejor. Así que no soy tan hegeliano, pero reconozco esta idea de que hay una secuencia racional...
Y que ese progreso no necesariamente es lineal. Muchas veces incluso hasta podría necesitar retroceder. Hay procesos para comprender y aprender. Esa línea no es ascendente sin sus serruchos¿no?
Claro, la idea de la dialéctica hegeliana, que tiene que producirse un movimiento de negación para que después pueda haber una síntesis superadora, que contenga de alguna manera los dos términos originales.
Y entonces, el proceso desde 1980 a hoy, cuando se empieza a producir de manera geométrica la concentración de la riqueza, que uno puede decir coincide casualmente con la aplicación de las ideas de Margaret Thatcher y de Reagan, ideas que de alguna manera tuvieron su laboratorio en Chile, y de alguna manera uno podría decir que Hayek contribuyó a desarrollarlas, y de alguna manera uno podría decir que Milei es el paroxismo convertido en presidente de esas ideas que comenzaron en los setenta a ser experimentadas en Chile, ¿podría ser considerada una reacción al bienestar generado en gran parte del siglo XX? Es decir, esa Pax que se logra con la caída del Muro de Berlín, en realidad es resultado de la construcción del Estado del Bienestar en los años 50, 60, la posguerra, y lo que vemos es la reacción a eso; y ahora lo que hay que esperar es la reacción a la reacción.
Sin duda, todo lo que pasó después de la Segunda Guerra Mundial contribuyó muchísimo a esa situación de los 90, en donde parecía que estábamos cerca del paraíso. Después de la Segunda Guerra hubo en los Estados europeos políticas distributivas importantes, que generaron clases medias muy robustas; y yo diría que las clases medias son siempre el gran actor, el sujeto histórico de la democracia liberal. También hay que tener en cuenta que, más allá de la década del 90, esta concentración del capital redujo muy significativamente la pobreza. Es decir, que hay por un lado un fenómeno de hiperconcentración, pero por el otro lado los que están peor están muchísimo mejor.
No en Occidente.
Bueno, hubo grandes progresos en China, en Asia en general, los tigres asiáticos, pero también las sociedades europeas lograron mantener un elevado nivel de vivienda. O sea, creo que ese proceso no se interrumpió.
¿No se estancó?
En Europa se estancó el crecimiento económico, y probablemente eso sea resultado de algunas cosas que Hayek decía. Siempre hay una especie de trade-off entre distribución y crecimiento.
Y en Estados Unidos, aunque el crecimiento se haya mantenido, ¿no sentís que el desarrollo se estancó porque la gente vive peor que sus padres? ¿O la mayoría de la gente?
En algunos aspectos vive peor, probablemente con mayor incertidumbre.
Pero quiero decir que, desde el punto de vista de la capacidad de desarrollar su vida, la tiene más difícil de la que la tenían sus padres. O sea, tienen más dificultades para acceder a la vivienda, para ponerlo en términos concretos. Una cuestión absolutamente básica, ¿no?
Estamos en un momento bisagra, y una de las cosas que lo caracterizan es que estamos viendo el ocaso de Estados Unidos. Se están produciendo transformaciones aceleradas en el mundo. Hegel tenía esta imagen que decía: "El sol sale por el este y se pone por el oeste". Lo que quería decir es que la civilización empezó en Oriente y ahora está teniendo su punto culminante en Occidente, pero pareciera que dio la vuelta. Estamos viendo nuevamente un proceso en donde los polos de desarrollo de poder económico y político se están invirtiendo. Y obviamente esto genera una transformación significativa. Estados Unidos está perdiendo la batalla económica con China y muy probablemente en 20 años China va a ser una superpotencia.
¿Crees que esta lectura que vos haces respecto de que finalmente Marx podría haber tenido razón, y diciendo lo mismo que decís vos, porque el Vaticano dice "no somos marxistas", la esté teniendo el Vaticano? ¿Y primero el Papa Francisco, y ahora con la encíclica de León XIV, el actual Papa?
Si todo sale bien, tanto ellos como yo deberíamos celebrar. Si mis predicciones son correctas y efectivamente podemos lograr un paraíso de abundancia en donde los seres humanos liberen, y tenemos tiempo para tareas creativas, en donde no tengamos necesidades básicas insatisfechas, eso yo creo que sería un gran paso adelante.
Pero no solo vos estás rescatando de Marx eso; vos estás rescatando que Marx plantea que el capitalismo es antropofágico y produce una contracción de la riqueza enorme que produce la reacción en la sociedad. O sea, que estaríamos en la etapa de la reacción.
Sí, hasta aquí yo te diría que me parece que el capitalismo ha demostrado una enorme capacidad para administrar esa conflictividad. Esto es algo que pensaron mucho un grupo de marxistas que se llamaron marxistas analíticos, que surgieron en la década del 80. Se hizo una conferencia en Londres donde todos estos marxistas renovadores se sentaron a pensar sobre el futuro del marxismo, y tenían algunas premisas básicas como, por ejemplo: basta con el dogmatismo marxiano, basta con la filosofía de la historia de Marx, basta con rechazar todos los avances científicos en ámbitos como la economía o la sociología.
Y una de las cosas que estos autores plantearon es que la sociedad había cambiado profundamente y ya no se podía esperar que la revolución se produjera producto de la propia mecánica de la historia. Ya no era algo inexorable. Y una de las cosas que él decía es que esa clase obrera que Marx veía como el sujeto revolucionario, desapareció. Ahora vos tenés muchísimo trabajadores que forman parte de una clase media, que acceden a un montón de beneficios.
Y eso, de alguna manera, uno podría pensar: o bien fue un recurso del capitalismo para mantener estabilizado el sistema, o bien fue una consecuencia positiva del capitalismo que hizo que ya no fuera necesaria la resistencia. Y no sé si ahora caracterizaría este momento como un momento de resistencia al capitalismo; más bien lo caracterizaría como, tal vez, un cambio de época en el capitalismo que podría llevarnos a una transformación en el futuro, o no.
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¿Crees en la dialéctica? ¿En el proceso dialéctico?
No. Creo en nuestra capacidad de aprender. Y a veces tenemos que atravesar un desierto, tenemos que atravesar situaciones realmente dramáticas para poder hacer el aprendizaje.
Peter Thiel, ¿pensará como vos? ¿Estará preocupado? En el sentido de ver que a lo mejor va a haber un proceso del cual la mayoría de la sociedad se va a poner en contra de la concentración de riqueza en quienes controlan la tecnología.
Es difícil penetrar en esas mentes. Te confieso que para mí resultan muy opacas. Me imagino que algún nivel de preocupación o de reflexión sobre el futuro pueden tener. Pero también tiendo a pensar que la mayoría de ellos deben estar más preocupados por seguir ganando en la competencia tecnológica y en el proceso de concentración de la tecnología que en el futuro de la humanidad.
Quizás no Thiel, que es filósofo. O sea, a diferencia de a lo mejor una persona más somatotónica como Elon Musk. A lo mejor que esté acá, que ya se haya reunido con Grabois, por ejemplo. Que esté tratando de entender por dónde puede venir el problema que lo afecte, ¿no?
Eso hablaría bien de él, de hecho, por lo que me dicen en Silicon Valley, está reapareciendo con fuerza la idea de la renta básica. Es decir, hay muchos que ya creen que la renta básica es el futuro y que es la manera, justamente, de estabilizar este sistema en donde ellos son los grandes beneficiarios.
¿Qué pensaría Marx de una persona como Milei? O de un economista como Milei. ¿Qué diría Marx?
Al Milei pre-presidente, Marx lo definiría como un intelectual orgánico, un propagandista. Alguien que trabaja para mantener aletargado al proletariado, que le vende estas mentiras del capitalismo, que todo lo resuelve. Y yo creo que ahora lo analizaría probablemente en los términos del 18 brumario de Luis Bonaparte. Muy crítico, una forma de bonapartismo con tendencia al autoritarismo. Como una farsa. Con el apoyo de lo que, digamos, en su momento Marx llamó el lumpenproletariado, y sectores de la clase media que le tienen miedo a la clase trabajadora. Y en el fondo, alguien profundamente, digamos, contrarrevolucionario. Regresivo.
¿Y vos?
Lo que más me preocupa de Milei no son sus rasgos populistas, sino los rasgos iliberales que tomó en el último tiempo. Me parece que en un montón de contenidos que van más allá de la gestualidad se apartó de lo que es la doctrina liberal o un programa liberal clásico. Y para darte un ejemplo que para vos es muy cercano: la permanente hostilización del periodismo. Si hay algo que un liberal entiende es que el periodismo es fundamental en el engranaje de una sociedad libre.
Y uno puede discutir, manifestar desacuerdos, pero no necesariamente con intimidaciones, con un tono agresivo, con ciberpatrullaje, mandando patotas, sus alianzas internacionales; yo entiendo que la política internacional es así, que uno tiene que aliarse con quien sirve a los intereses de su país, pero no necesariamente andar a los besos con dictadores como Viktor Orbán o personajes totalmente antiliberales como Trump. Eso por un lado.
Por el otro lado, también tengo que reconocer que Argentina necesitaba reformas estructurales muy profundas. Y esas reformas estructurales podrían ser el punto de partida para que después volvamos a discutir sensatamente entre centro-izquierda y centro-derecha. Creo que esto va más allá de la ideología; creo que es parte de una plataforma común de todo sistema de pensamiento moderno, sensato. Y muchas veces me pregunto si era posible hacer eso en Argentina sin un personaje de estas características al frente del gobierno.
RM/ff