jueves 16 de septiembre de 2021
OPINIóN Alianza para el Progreso
14-08-2021 01:46

A 60 años del frustrado “Plan Marshall” de los Estados Unidos para América latina

Seis décadas atrás, una conferencia especial de la OEA aprobó en Punta del Este un programa de ayuda para la región de Washington, al que solo se opuso Cuba, representada por el Che Guevara, que desató a la vez una crisis política en la Argentina.

14-08-2021 01:46

El 17 de agosto de 1961 culminaba la conferencia especial de la OEA en Punta del Este, convocada para tratar la situación del continente, con la aprobación de la llamada Alianza para el Progreso, un programa de ayuda de Estados Unidos a América latina anunciado en marzo por el presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy. Solamente Cuba votaba en contra y su representante en la reunión era el argentino Ernesto “Che” Guevara, quien debutaba en los foros diplomáticos, con su uniforme de comandante guerrillero, exponiendo su alegato como vocero del gobierno cubano encabezado por Fidel Castro. 

Se cumplen 60 años de la finalización de esa conferencia que marcaría un hito en las relaciones hemisféricas, un frustrado “Plan Marshall” de los Estados Unidos que terminará neutralizado por la confrontación Este-Oeste, el asesinato de Kennedy y la Doctrina de la Seguridad Nacional que promoverá la polarización ideológica, dictaduras militares y gobiernos anticomunistas en la región. Es la historia de una “teoría del dominó” invertida en América latina: para combatir la influencia soviética y las insurgencias armadas, consideradas desde Washington como una amenaza a la democracia, se propiciaron golpes militares que obturaron o ahogaron en sangre la vida democrática en la región.

Invasión. El 17 de abril del ‘61 se había producido la invasión de Bahía de Cochinos en Cuba buscando derrocar a Castro. Desde Nicaragua, donde fueron despedidos y arengados por el dictador Luis Somoza Debayle, partió un grupo armado de 1500 hombres mayoritariamente cubanos, entrenados en Guatemala, utilizando buques de la United Fruit Company, con el apoyo de la CIA. Al día siguiente era evidente que Castro y sus hombres habían controlado la situación. La CIA le pidió entonces al presidente Kennedy, quien había asumido hacía menos de tres meses, la intervención abierta de Estados Unidos con la Fuerza Aérea, pero este se negó, lo que motivó que la comunidad cubana anticastrista en Estados Unidos acusara a Kennedy de traidor.

El fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos causó el despido del director de la CIA, Allen Dulles, y su reemplazo por John McCone. Pero la escalada entre Washington y La Habana seguiría. En el contexto regional y hemisférico, Kennedy pensaba que Argentina podría ser un mediador entre Estados Unidos y Cuba. De ahí que se alentara a petición del presidente estadounidense a que se celebrase una reunión entre el presidente Arturo Frondizi y Ernesto Guevara para que se tratase el espinoso tema además de que se intentara encaminar las relaciones entre los dos países luego de la fallida invasión en Bahí de los Cochinos.

Ciies. A principios de agosto del ‘61, la atención de todo el continente se concentraba en el balneario uruguayo de Punta del Este. La Reunión del CIIES (Consejo Interamericano Económico y Social), especialmente convocada por la Organización de Estados Americanos (OEA), se inicia el 5 y en su transcurso quedó establecido el aval continental a la Alianza para el Progreso. El texto oficial planteaba como objetivo general “mejorar la vida de todos los habitantes del continente”. Además, fijaba objetivos específicos: un incremento anual de 2.5 % en el ingreso de capitales de inversión externa, establecimiento de gobiernos democráticos, eliminación del analfabetismo de adultos para 1970, estabilidad de precios, eliminación de la inflación o deflación, más equitativa distribución del ingreso, reforma agraria, planificación económica y social. Se enumeraban medidas de carácter social, política y económica y  para garantizar estos objetivos, Estados Unidos se comprometía a cooperar en aspectos técnicos y financieros.

El representante de Cuba, Ernesto “Che” Guevara, no firmó la declaración final. Y al día siguiente de la finalización de la conferencia, voló en avión privado a Buenos Aires para reunirse con Frondizi en la Residencia de Olivos.  Por entonces, Albino Gómez era un joven diplomático de 32 años adscripto por Cancillería a la Presidencia, y cercano colaborador del presidente Arturo Frondizi. Único protagonista vivo de esos sucesos, a los 93 años, así recuerda hoy ese momento, con lujo de detalles: “Yo trabajaba con Frondizi todas las mañanas en Olivos y por las tardes en la Rosada, si no había alguno de los 32 conatos de golpe, con el juramento de los ‘continuistas’ y ‘quedantistas’, de que no podría gobernar los seis años de mandato y lo derrocaron antes de cumplir los 4 años. Para Frondizi la Alianza para el Progreso se trataba de una iniciativa valiosa, ya que al menos con ella el presidente John Kennedy ponía de manifiesto la importancia del desarrollo en América Latina, pero siempre formuló serios reparos porque consideraba que no era suficiente para resolver los problemas estructurales del desarrollo. Y ya en los debates posteriores de la segunda y Octava Reunión de Consulta de los Cancilleres en Punta del Este, un grupo de países liderado por Colombia eran seguidores automáticos de los lineamientos de la política estadounidense para nuestro continente. La Argentina, acompañada con Brasil y un par de países, se opusieron a la exclusión de Cuba del sistema interamericano. Pero fueron derrotados. La Argentina votó contra la exclusión de Cuba de la OEA, en primer lugar porque dicha sanción no estaba prevista en la Carta de la Organización, pero sobre todo, porque entendía que tratar de esa forma el problema de Cuba era contraindicado, como se terminó demostrando después en el continente. Porque, además, todos los países miembros de la OEA debieron romper relaciones con Cuba”.

Gestiones. Sobre la fugaz visita del Che a Buenos Aires, rememora Albino Gómez: “Muchos se atribuyeron la entrevista del Che con Frondizi, cuando el único que viajó con él, y si no subía tampoco subía el Che, era el doctor Jorge Carlos Carretoni, asesor entonces del Consejo Federal de Inversiones. También la idea de traerlo a Guevara se la atribuyen muchos, pero al parecer solo fue del diputado Camet, miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, que se la habría sugerido a Frondizi. Con Guevara, a quien yo recibí en Olivos y lo introduje al despacho de Frondizi, me quedé afuera con el embajador cubano dedicado especialmente a nuestro continente, que también viajó en el avión con Guevara y Carretoni. Alli Guevara se despidió de Carretoni, agradeciendo su compañía que lo hizo sentir seguro, pero llegó a Olivos en auto de la embajada acompañado por ese embajador de la Cancillería cubana, Aja Castro, que también lo acompañó en el mismo avión desde Punta del Este. Lo gracioso es que Guevara venía tan cansado del poco dormir por el asedio periodístico que durmió plácidamente todo el viaje de menos de una hora”.

Los últimos meses del gobierno de Frondizi. Oscar Camilión y Horacio Rodríguez Larreta (padre), cercanos colaboradores de Frondizi, junto al embajador norteamericano Richard Goodwin, esgrimían argumentos de peso para intentar convencer a Kennedy de que aislar a Cuba sería la peor estrategia. Goodwin viajó a Buenos Aires y siguió viéndose con Camilión y Rodríguez Larreta, siendo vigilados por los servicios de inteligencia, bajo control de las tres fuerzas armadas. Goodwin había tenido una extensa conversación con Guevara y le transmitió a Kennedy luego la posibilidad de que Frondizi recibiera al Che para buscar convencerlo de revisar su posición, como ya lo había hecho con el presidente brasileño Janio Quadros. 

Todo terminó con la expulsión de Cuba de la OEA. Pocos meses después, en febrero del ’62, se produjo la directa decisión de la OEA, que todos sus miembros debían romper relaciones con Cuba. Recuerda Albino Gómez que “Frondizi hizo el 3 de febrero en Entre Ríos un discurso que de ninguna manera hacía suponer la ruptura, pero el 8, cinco días después, decidió la ruptura que él mismo llamó su “testamento político”, y que tampoco impidió al mes, el 29 de marzo, su derrocamiento. Agravado por el triunfo peronista en nueve provincias. Tampoco sirvió no reconocer ese triunfo, que hizo que (Alfredo) Vítolo lo llamara a las dos de la mañana después de la votación, y yo lo atendí porque esa noche dormí en el despacho de Olivos. Vítolo le dijo que, pese a su lealtad, como radical y ministro del Interior, ante el desconocimiento de un triunfo legal, no podía aceptar su nulidad y renunciaba. Frondizi me dijo que fuera a las cuatro de la mañana a buscarlo a Frigerio, le informara lo de Vítolo, pero que el golpe era imparable pese a todo, por lo cual debía irse de inmediato a Montevideo. Frigerio no podía creer que hubiera anulado el voto de las nueve provincias. Yo le conseguí integrar el gabinete de salvación con el cordobés (Enrique) Martínez y (Oscar) Puiggrós, ambos amigos personales de Aramburu, que –parece- hizo lo que pudo pero no resultó”.

El BID, único legado de la ALPRO. La iniciativa de un programa amplío de inversiones estadounidenses en América Latina tenía como antecedentes las ideas impulsadas por Nelson Rockefeller en la Segunda Guerra, y también a las reiteradas demandas’ de apoyo económico que los países del continente plantearon a Estados Unidos desde el lanzamiento del Plan Marshall, en 1948. En 1954 se realizó en Quintadinha, Brasil, la Conferencia Interamericana de Ministros de Economía, y en esa oportunidad Antonio Cafiero, enviado de Perón, defendió la iniciativa chilena de crear un Banco Interamericano de Desarrollo, pese a la posición contraria esgrimida por el Departamento de Estado. El proyecto de un banco Interamericano, sin embargo, no prosperó hasta que se produjo la nueva coyuntura en la región. Recién tras la revolución cubana, Estados Unidos empezó a apoyar la creación de dicho banco, a mediados de 1959. El BID sería la piedra angular del ALPRO y es tal que, al día de hoy, se mantiene como principal entidad financiera destinada al otorgamiento de préstamos para el desarrollo de las economías latinoamericanas.

 

El Che en Buenos Aires

S.S.G / F.B.

La última visita de Ernesto Guevara a la Argentina se produjo el 18 de agosto de 1961 cuando se reunió con el presidente argentino Arturo Frondizi y, camino de regreso al aeropuerto, visitó a una tía suya. El Che fue trasladado secretamente y la noticia tomó estado público únicamente cuando abandonó el país. No existen fotos de Guevara durante su corta estadía en Argentina debido a la naturaleza fugaz del encuentro, aunque sí hay una filmación en blanco y negro de corta duración de él caminando por la Quinta de Olivos. En el libro “Celia, la madre del Che” (Sudamericana, 2005), Julia Constenla reconstruye los hechos, en esta crónica: 

“El 17 de agosto de 1961, Guevara pronunció una conferencia en la Universidad de Montevideo ante un público que desbordaba el recinto y las calles veicnas. A la noche, cenó con Salvador Allende, quien también estaba de paso en Uruguay. El 18 de agosto, un desconcertado capitán que había ido al Aeroparque de Buenos Aires a recibir a un visitante desconocido a quien debía trasladar hasta Olivos, sufrió casi un infarto cuando vio bajar del pequeño avión al inconfundible “Che” Guevara. Sus instrucciones eran precisas: Llevarlo directamente en el auto que esperaba en la pista hasta la Residencia de Olivos. El viaje se había mantenido en secreto.

Albino Gómez abrió la puerta para que Guevara entrara en el despacho presidencial, mientras duró la reunión a puertas cerradas permaneció en la antesala con el doctor Ramón Aja Castro, jefe del Departamento de Asuntos Latinoamericanos en La Habana, Cuba. El Che y el presidente argentino conversaron durante casi una hora y media; y el trato fue respetuoso. Frondizi dejó trascender que sus propuestas fueron escuchadas con interés. El visitante pidió que antes de trasladarse al Aeropuerto, con la misma discreción con la que se procedió a su llegada, le permitiera visitar a su tía María Luisa Guevara Lynch, quien estaba gravemente enferma desde hacía mucho tiempo. Al parecer, María Rosa Oliver, inteligente y fervorosa defensora de Cuba por quien el Che tenía gran cariño, estuvo en el lugar. Estaba en silla de ruedas ese día. El Che no vio a sus padres y solo pasó velozmente en su auto por una ciudad donde empezaba a circular la noticia de su inesperada visita”.
 

*Santiago Senén González y Fabián Bosoer son periodistas e historiadores. Colaboró en la investigación Vittorio Hugo Petri.