miércoles 12 de mayo de 2021
OPINIóN Ocho años de papado
14-03-2021 00:56

Irak: apuesta de Francisco por la fraternidad

Enseñanzas de la histórica visita del Pontífice a una nación herida por décadas de violencia fratricida. Su prédica: un creyente renuncia a tener enemigos.

14-03-2021 00:56

Lo que dice o hace Francisco es reinterpretado por operadores de las dos posturas políticas enfrentadas para insertarlo en la grieta ideológica que incentivan. Así, algunos interpretaron una respuesta consignada por Nelson Castro en su libro La salud de los papas, ya publicada en este diario. El Papa dijo que moriría en Roma y no volvería a la Argentina (a vivir), lo que no significa que no vendría a visitarla en algún momento. Él mismo lo aclaró en el avión de regreso de Irak. 

Francisco peregrinó a la tierra de Abraham, patriarca que está en el origen de las tres religiones monoteístas. Con una audacia excepcional realizó el viaje soñado por Juan Pablo II en 2000 e impedido por Saddam Hussein. 

Irak sufrió la destrucción y la muerte durante cuarenta años por la guerra con Irán, la dictadura de Hussein, las guerras encabezadas por los dos Bush, a las que Wojtyla se opuso, la ocupación de fuerzas extranjeras, la anarquía acrecentada desde 2004, la violencia extrema de Estado Islámico, que en 2014 ocupó dos tercios del país, las persecuciones a fieles de varias confesiones y etnias, incluyendo a muchos cristianos, la recomposición del régimen político que avanza entre conflictos y confluencias. Para valorar este acto del obispo de Roma hay que comprender el nombre que eligió, su misión profética, sus últimos gestos por la paz.

Nomen est omen. Nombre es misión. El primer papa jesuita eligió el nombre Francisco cuando el cardenal Claudio Hummes le recordó la frase dicha a san Pablo: no te olvides de los pobres. Ningún predecesor tomó el nombre del Poverello. En 2013 el Papa recordó la unión profunda de san Francisco con Cristo y su respuesta al llamado que le hizo para reformar la Iglesia en el siglo XIII: repara mi casa. Entonces expuso tres rasgos del santo: el amor a los pobres desde su abrazo a la Señora Pobreza; el carisma pacificador cifrado en el lema Paz y bien; la fraternidad con lo creado expresada en la alabanza del Canto de las creaturas. El nombre “Francisco” expresa la unión con Jesús, la renovación de la Iglesia y la misión pastoral ante tres desafíos: justicia, paz, creación. 

En su exhortación La alegría del Evangelio el papa argentino formuló la dimensión social de la fe y afrontó las cuestiones de los pobres y la paz. En la encíclica Laudato si’ destacó el carisma santo de Asís por su armonía con Dios, los otros y la naturaleza. En ese texto socioambiental asocia la lucha por la justicia que escucha el clamor del pobre con el cuidado de la casa común que oye el grito de la tierra. Ya en Buenos Aires decía que desde las periferias se comprende mejor la realidad. Con su pontificado la Iglesia reconoce el protagonismo de los periféricos.

Francisco afirma que los pobres están en el corazón de Dios. Sueña con una Iglesia pobre para los pobres. Asume una línea constante del Episcopado Latinoamericano que integra en la evangelización la promoción, el desarrollo y la liberación integral de los seres humanos. El Pontífice –constructor de puentes– proclama que los muros encierran y excluyen, y los puentes abren y unen. 

La encíclica sobre la casa común procura una ecología integral y una ética del cuidado. Es un desarrollo de la doctrina social de la Iglesia madurado en el corazón de Bergoglio. En la asamblea episcopal de Aparecida en Brasil, en 2007, él y otros tomamos más conciencia de la depredación de la región amazónica. La Iglesia latinoamericana creó la Red Eclesial Panamazónica, Repam, que condujo al Sínodo de Obispos en 2019 y a la exhortación papal “Querida Amazonia”, fruto de ese proceso es la creación de una institución inédita en el catolicismo. El 29 de junio de 2020 constituimos la Conferencia Eclesial de la Amazonía, organismo regional formado no solo por obispos, con un estilo sinodal y orientada a afianzar los rostros amazónicos de la Iglesia. Desde su primer viaje a Lampedusa el Papa manifiesta su amor por los migrantes en un mundo en el que una de cada siete personas tuvo que dejar su hogar. De Ciudad Juárez en México a la isla de Lesbos en Chipre denuncia la indiferencia y convoca a la hospitalidad. Los cristianos reconocemos en los refugiados el rostro de Jesús. Él dijo: “Estuve de paso y me recibieron” (Mt 25,35). 

Encuentro. El obispo de Roma promueve una cultura del encuentro. Llevó a la Santa Sede su rica experiencia porteña acerca del diálogo ecuménico e interreligioso forjado en vínculos personales. Aquí, descendientes de familias cristianas, judías y árabes logramos una respetuosa convivencia plural. 

En el ámbito ecuménico se destacan los encuentros con el patriarca Bartolomé de Constantinopla y el Patriarca Cirilo de Moscú. También su viaje a Suecia y las intervenciones en el quinto centenario de la Reforma iniciada por Lutero. Entre las iniciativas interreligiosas por la paz recordamos la jornada de ayuno por Siria, el viaje a Medio Oriente, la oración con autoridades de Israel y Palestina, la mediación entre las dos partes de Sudán, la intercesión por el pueblo Rohingya desplazado de Myanmar, las gestiones en procesos de reconciliación, como los de la República Centroafricana, Colombia, o entre Armenia y Azerbaiján, las dos convocatorias a la paz en la ONU…

Con el trasfondo dado por el nombre, la misión, el magisterio y el ministerio del actual sucesor de san Pedro, la visita a Irak se enmarca en un triple contexto inmediato. El primero viene dado por la visita de Francisco a Abu Dabi en febrero de 2009, el encuentro con el gran imán sunita Ahmad al-Tayyeb y la firma conjunta del Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia. Esa proclama comienza diciendo que Dios ha creado a todos los seres humanos iguales en la dignidad y los ha llamado a mirarse, tratarse y convivir como hermanos.

El segundo marco está dado por la encíclica Todos hermanos (Fratelli tutti), firmada el 4 de octubre de 2020 en Asís. Es una convocatoria a la fraternidad en el mundo y a la amistad social en cada pueblo. Expone la dimensión universal del amor por la cual se puede amar al lejano, así como se ama al cercano. Analiza las sombras de un mundo cerrado, contempla el rostro del Buen Samaritano –figura evangélica de la aproximación al extraño herido– e invita a pensar y gestar un mundo más abierto, lo que requiere un corazón abierto. Desde ese núcleo llama a la vocación del amor político que procura el bien común, al diálogo entre sectores sociales en conflicto, al reencuentro a partir de situaciones extremas, al servicio de las religiones a la paz fraterna. 

La pandemia es el tercer contexto de la acción reciente del Papa por la familia humana, simbolizada en las frases “todos estamos en la misma barca” y “nadie se salva solo”. Sus propuestas para la pospandemia están sinterizadas en el libro Soñemos juntos, fruto de su diálogo con el periodista inglés Austen Ivereigh. Si de la crisis podemos salir siendo mejores o peores, el obispo de Roma promueve un desborde de creatividad en favor de una vida más digna y de un mundo más justo, cuyo símbolo sería una distribución equitativa y solidaria de las vacunas contra el covid-19. 

Fraternidad. En Irak Francisco visitó una nación herida con mayoría musulmana, reconoció en Mesopotamia la cuna de la civilización, desde la antigua Nínive a la Bagdad actual, consoló a las comunidades cristianas martirizadas y familias desplazadas, celebró en rito caldeo o sirooriental, lo que ningún papa había hecho antes, reunió a los patriarcas y obispos de las iglesias católicas orientales. animó a las minorías, sobre todo a los diezmados yazidíes. pidió respetar la libertad de religión de todo ciudadano. visitó al gran ayatolá Al-Sistani y así fortaleció el diálogo con el islam chiita, tuvo el gesto revolucionario de ir a Mosul, ciudad de iglesias y mezquitas destruidas, y capital del califato de Estado Islámico durante tres años, alentó la unidad del país, apoyó la convivencia política en un Estado frágil, afirmó el carácter sagrado de la vida, hizo visible al mundo el dolor de un pueblo desgarrado pero no abatido. Predicó que la violencia fundamentalista y terrorista es una traición a la religión y un abuso de la fe, no su defensa ni su manifestación. En una frase que aquí nos viene bien, dijo que el creyente renuncia a tener enemigos y solo enfrenta la enemistad en su corazón.

Aproximarse al otro (alter) como a un hermano (frater) –varón o mujer– es la opción radical para reconstruir un mundo herido. La fraternidad es la forma más plena de la alteridad y la respuesta al odio fratricida. Los cristianos llamamos a Dios Padre nuestro y aprendemos la lección de Jesús: “Ustedes son todos hermanos” (Mt 23,9). Estas palabras han sido el lema de la visita a Irak.

*Decano de la Facultad de Teología de la UCA.

En esta Nota