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OPINIóN / A un año de la unción de Alberto
lunes 18 mayo, 2020

La Presidencia Fernández-Fernández

La fórmula sirvió para canalizar el "miedo a Macri". Ahora hay que buscar la forma de crear esperanza para superar la miseria amenazada por un virus.

Es una gestión bicéfala. El contemporiza; ella polemiza. Foto: Cedoc

No es un error de tipeo o un automatismo cualquiera: “Fernández Fernández” es el apellido de nuestra Presidencia. Presidenta y Presidente la componen: Cristina ella, Alberto él. A la novedad de una fórmula de la que puede decirse “sí fue magia” –de la que, confieso, en un primer momento descreí-, tenemos la primer Presidencia conformada por un cuerpo político con dos cabezas. ¿Será el caso de siameses que una cirugía benéfica o mortal separará alguna vez? ¿O acaso una monstruosidad natural de la siempre palpitante política argentina?

La historia responderá todas las preguntas, aunque más no sea porque no hay otra fuente certera donde ir a buscarlas. Al menos habrá que esperar que esta rareza, cuyo efecto Doppler está suspendido por la pandemia, muestre su funcionamiento en tiempos más normales. El ejemplo más claro de un funcionamiento armónico de Fernández Fernández es que ninguno quiere defaultear la deuda. Es una armonía estratégica y de largo alcance; se verá si se logra acordar con los principales acreedores privados. Para otras cuestiones no se sabe. Por ejemplo: ¿pensarán las dos cabezas al unísono aumentar los miembros de la Corte Suprema de Justicia la Nación y reorientar las acciones de los jueces federales para que una de las dos cabezas no se pierda en el camino?

Esta y otras cuestiones resultan inquietantes, pero hoy – y no se sabe hasta cuándo -, la pandemia y la cuarentena forzada domina la política como gestión y como opinión pública. Algo sabemos: no hay “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, donde Cámpora es El Fernández y Perón La Fernández, ni nada que se le parezca. Sí hay una diferencia estética de las cabezas: la de Alberto siempre quiere quedar bien con todo el mundo; la de Cristina incluso disfruta sus sesgos más polémicos y beligerantes. Quizá finalmente la sustancia peronista haya conquistado así su forma perfecta, distribuyendo en una parte de sí lo políticamente correcto, para dejar que la otra libre las batallas para seguir conquistando poder.

Cuáles son los posibles escenarios para la deuda argentina si no hay acuerdo

Lo cierto es que tenemos derecho a aplicarles una regla: nada de lo que le sea atribuible a una de las dos cabezas dejará de ser responsabilidad de ambas, es decir, de la Presidencia Fernández Fernández. Si se logra renegociar bien la deuda, aplausos para ambos; si se acierta con la administración de la urgencia sanitaria, acertaron los dos; si no se respeta la división de poderes y se manipula la justicia, será pecado de ambas cabezas. Es el mejor antídoto para transparentar la representación política actual hacia el conjunto de la sociedad. Pero sin duda es una regla vital para guiar a la oposición, que debe encontrar un rumbo, según lo pide el sistema democrático de recambio del dominio de las fuerzas en pugna.

Y aquí surge de inmediato un desafío para protagonizar el campo de la oposición política en el anhelado tiempo pospandémico, porque si el oficialismo lo ocupa un cuerpo bicéfalo que contiene en unidad los aspectos nobles y los malditos de la política con todos los matices significativos, ¿qué lugar queda para un afuera? El dignóstico es bastante claro: mientras la formación política bicéfala se conserve estable, la oposición misma será un matiz, un punto de inflexión, digamos que una extraña nariz en medio de esa cara bifronte. Solo cuando esa estabilidad comience a perderse – tarde o temprano suele pasar – cobrará nueva dinámica la polaridad sistémica de oficialismo y oposición.

Por ahora siguió ocurriendo lo habitual: el voto miedo. En efecto, en el 2015 ganó el miedo a Cristina, como en el 2019 ganó el miedo a Macri. Parece que se necesita un virus para que nuestros miedos encuentren un lugar más legítimo, dejando que en la política las diferencias se diriman en términos positivos, esto es, entre modelos que expresen la diversidad de intereses, sensibilidades y visiones. Todavía con cada turno electoral presidencial se renueva la discusión por el pasado, no por el futuro, lo que en sí mismo es una anomalía que muestra cierta impotencia y pobreza de la política en la argentina. La fórmula Fernández Fernández fue la respuesta al temor de la continuidad de Macri, ¿cuál será la fórmula que exprese la esperanza real de un futuro con mucha menos pobreza y sin una miseria tal, que nos haga temblar de solo pensar en la circulación de un virus por los ahora llamados “barrios vulnerables”?


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