28 oct 2020
OPINIóN |Columna
viernes 2 octubre, 2020

Sentirnos en el limbo es horroroso

Solo cuenta el Covid-19, las demás enfermedades pueden esperar, aunque demuestren que presentan índices de letalidad superiores o muy superiores al coronavirus.

ANGUSTIA Foto: SHUTERSTOCK

Nos cuentan que llegamos al millón de muertes por coronavirus en el mundo, y nos estremecemos; en poco tiempo el Covid-19 cumplirá un año en la intromisión de nuestras vidas, ya que en China se conoció el primer caso en el mes de noviembre de 2019. ¿Saben cuántas personas mueren por temas circulatorios (cardio o cerebro vasculares) en el mundo por año? Según la Sociedad Argentina de Cardiología 18 millones de personas.

Hace más de seis meses en Argentina solo vale enfermarse o morir por Covid-19, todas las demás enfermedades pueden esperar, aunque la mayoría de éstas nos demuestren que presentan índices de letalidad superiores o muy superiores al coronavirus.

Quisiera contarles una historia o relato ilustrativo, en realidad no es una historia porque está ocurriendo en tiempo presente, y no es un relato ilustrativo, porque me está pasando concretamente.

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Hace seis meses tengo un problema importante en una muela y la atención que me dieron desde fines de marzo fue estrictamente telefónica, me pedían que por favor tomara algún antinflamatorio y no acudiera a ningún centro odontológico, porque el virus se contagia muy fácilmente en estos espacios y las restricciones gubernamentales eran muy rigurosas al respecto. Así, mi dolor crecía, mientras seguían corriendo los meses.

Fui obediente y tomé antinflamatorios sin acudir al odontólogo hasta hace pocos días, mi muela empeoró horrores, y, paradójicamente, cuando el virus llegó en Argentina a escalar a pasos agigantados, y hoy nos encontramos entre los diez países con mayor cantidad de número de infectados y entre los cinco países con mayor cantidad de muertes diarias por coronavirus, sí decidieron atenderme, con protocolos que siguen enmarañando muchísimo la atención adecuada, tanto que mi muela ya no existe, la perdí. Ojalá ahí terminara mi relato: una simple extracción de una muela para seguir luchando por la “causa coronavirus”. El punto es que esta extracción derivó en una infección, infección que dicen que llegó a la muela de al lado, y parece que, al hueso de la muela de al lado, y hoy, ahora, mientras les escribo, no solo siento un dolor descomunal, sino que tengo temor a que una simple caries padecida a fines de marzo, pueda en este momento estar provocándome una infección a escala, que como todas las infecciones a escala pueden tener un final infeliz. Por supuesto me siento mal, y las respuestas que recibo siguen siendo a la distancia, por whatsapp (me piden los médicos que envíe fotos de mi muela, me interrogan sobre cuestiones odontológicas que no puedo responder porque desconozco, me preguntan por qué el doctor que me extrajo la muela no me dio un mejor antibiótico, me dan indicaciones sobre cómo sacar otro turno para acudir de nuevo a una guardia, para poder resolver lo que no pudieron resolver en la guardia anterior).

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Yo no sé cómo seguirá mi infección y mi salud integral, ni cómo seguirá la salud de infinidad de personas que padecen múltiples enfermedades que requieren de diagnósticos precoces y tratamientos inmediatos, y que no se atienden con la debida celeridad. Sí sé que desde el 20 de marzo de 2020 tuvimos un gobierno que decidió que nuestra atención sanitaria solo iba a ser cooptada por el coronavirus, y que cada quince días se propuso ordenarnos qué hacer y dejar de hacer en materia sanitaria y no sanitaria.

En una época de emergencia, por la pandemia por coronavirus, se permitió en ciertas latitudes que los representantes se hayan transformado en una suerte de tutores con el poder de indicarnos y ordenarnos cómo manejarnos en nuestros ámbitos público y privado. Respecto a esta determinación tan particular, Argentina optó por un tipo de cuarentena estricta, obligatoria, prolongada y sin fecha de vencimiento.

Hoy probablemente nos encontramos un poco confundidos, porque en la práctica se flexibilizaron hace escasas semanas variedad de actividades, debido al agotamiento psicológico de ciudadanos plagados de prohibiciones hace más de seis meses y plagados de padecimientos económicos producto de la parálisis generalizada de la producción y el empleo. Sin embargo, en rigor, nos informan que seguimos en cuarentena, nos piden que solicitemos permisos para poder realizar múltiples actividades, la educación continua su labor digitalmente, infinidad de trabajos solo pueden realizarse a través de plataformas y no de modo presencial, la mayoría de los deportes no pueden aun realizarse, no podemos trasladarnos libremente por el territorio argentino, tenemos que pedir turnos para las guardias, aunque suframos una emergencia severa. Los confinamientos continúan, pero muchos no entendamos con claridad cuál es el alcance preciso de estas limitaciones y en qué situación se encuentra realmente nuestro estado sanitario alterado por y más allá del coronavirus.

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Hace escasos días, repentinamente y de modo altamente llamativo, recibimos la última comunicación sobre nuestro estado del coronavirus (en el momento más tremendo del virus en Argentina, con centros médicos colapsando y colapsados en el AMBA y en el resto del país) a través de una interlocutora que nos tradujo en minutos aquello que el presidente tiempo atrás nos contaba con tanto detalle sobre nuestro estado de situación sanitaria.

Así, pasamos de un cuidado extremo de un gobierno que pretendió sobreprotegernos de un virus que mata a menos del 3% de las personas que se infectan, a un gobierno ausente, que ya no nos cuenta en qué estado de situación se encuentra nuestro sistema de salud (o nos informa con cifras contradictorias sobre infectados, fallecidos y colapsos sanitarios), que se enoja con el periodismo que sí nos cuenta lo que necesitamos conocer, un gobierno que recién luego de medio año, ayer accionó en la organización de un programa económico y social en medio de la peor crisis socio-económica de la historia argentina desde la llegada de la democracia, que no debate con celeridad sobre la terrible situación de inseguridad que crece sin pausa en medio de este desorden generalizado, que nos dificulta con protocolos estrictos atendernos por otras dolencias impostergables; un gobierno que junto a una oposición, parecen mantener agendas absolutamente paralelas a la de los ciudadanos de a pie, donde de un lado y del otro de la dirigencia argentina partida, lo importante parece ser competir para las próximas elecciones intermedias a celebrarse en un año, o generales a celebrarse en tres años, o entrometerse en el Poder Judicial de la Nación con el fin de poder salir ilesos y eludir las importantes denuncias penales que los involucran.

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Una crisis sanitaria por sí misma nos invade de interrogantes, de preguntas que no tienen respuesta, de temores y angustia; y que, frente a estas preocupaciones tan perturbadoras, nuestros representantes osen sumarnos más y más incertidumbre, no comunicándonos en el peor momento del virus, aquello que nos aqueja, y dejando al margen nuestra agenda de temas prioritarios, es imperdonable.

 

*Sandra Choroszczucha. Polítóloga y Profesora (UBA).

 


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