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OPINIóN / Pandemia
martes 23 junio, 2020

Ficciones y realidades en un mundo con coronavirus

¿Lo que estamos viviendo es real o puede ser parte de un guión como el sufrido por el protagonista de The Truman Show?

The Truman show Foto: CEDOC

Allá por el año 1998, muchos pudimos disfrutar de un film maravilloso titulado The Truman Show. Para aquellos que no conocen la trama de tan calificada película, vale recordar que la historia transcurre en una ciudad llamada Seahaven, y el personaje central, Truman, gozaba de una vida casi perfecta, su esposa era maravillosa, sus amigos incondicionales, sus vecinos súper amables y su trabajo formidable.

Sin embargo, aquello que no advertía Truman, es que esa vida casi perfecta era parte de un libreto maravillosamente guionado, de un show televisivo que se trasmitía las 24 horas. De tal forma, todo se encontraba excelentemente acondicionado para que el protagonista crea que su vida virtual era su vida real, en la cual no existían cinco mil cámaras instaladas en cada espacio que él transitaba. Una referencia fundamental que caracterizaba al film, es que todas las personas que rodeaban y convivían con Truman eran actores, actores que sabían que toda esa vida perfecta era parte de una ficción, mientras por supuesto Truman creía que ese simulacro era su verdadera vida. Pero un día, cuando alguien aparece desde el mundo real y le cuenta todo a Truman, éste comienza a dudar, a molestarse, y desde ese momento comienza su búsqueda desenfrenada de todo aquello que existe fuera de aquel mundo de trampas y fantasías.

Acá por el año 2020, en rigor desde fines de 2019, un virus ingresó en la vida de los ciudadanos del mundo, y viene arrojando cifras escalofriantes de infectados, en algunas latitudes un porcentaje muy significativo de muertos, y una saturación del sistema de salud en una enorme cantidad de naciones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) fue la institución elegida para centralizar la mayor cantidad de información, para luego analizarla, sistematizarla y poder comunicar al mundo entero como debe librarse esta batalla épica contra el COVID-19 o coronavirus. Sin embargo, la OMS se ha equivocado en sus diagnósticos, proyecciones y recomendaciones infinidad de veces, desde que el coronavirus apareció por primera vez en una ciudad China, a fines de noviembre de 2019.

Cuántos son los muertos reales por el coronavirus

Los ciudadanos del mundo, principalmente aquellos que vivimos en países donde los confinamientos son obligatorios y muy estrictos, venimos observando y escuchando, aquello que pasa en otras regiones y otros países; y saturados de información que se contradice constantemente, nos impactamos, nos asustamos, dudamos, reflexionamos si las cifras que parecen tan escalofriantes serán verdaderas, si todas las muertes que se lloran por coronavirus serán realmente por coronavirus o con coronavirus. Nos sorprendemos cuando constatamos, por ejemplo, que, según los informes oficiales de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud, del Ministerio de Salud de la Nación Argentina, para el año 2018 (último año que se sondeó la cantidad de muertos desagradada por enfermedades, y que manifiesta una constancia anual) la cantidad de fallecidos a causa de enfermedades del sistema respiratorio fue de 61.668 personas.

Mientras nos espantamos porque Brasil (conducido por un presidente, Jair Bolsonaro, xenófobo, misógino, racista y que se burla miserablemente de la muerte) arroja una cifra descomunal de muertos por COVID-19 con un total de personas fallecidas por el virus de 46.510; en Argentina, sufrimos 61.668 decesos por enfermedades del sistema respiratorio año tras año. Así, aunque Bolsonaro resulte despreciable, Brasil, estadísticamente contabiliza 0,022 % de fallecidos por COVID-19 del total de su población, mientras Argentina contabiliza, anualmente, un porcentaje que ronda 0,14 % de fallecidos por enfermedades del sistema respiratorio del total de su población. Vale decir, Argentina, en un mundo real, sin acuartelarnos por tiempo indefinido, sufre casi siete veces más la cifra de muertes por enfermedades respiratorias que las sufridas por Brasil en el marco de la pandemia.

Mientras nos espantamos porque Estados Unidos (conducido por un presidente, Donald Trump, quien gusta divertirse de eventos desgraciados y que, con su talante discriminador, intolerante y arrogante, provoca la ira de un enorme porcentaje de la población mundial) arroja una cifra descomunal de muertos por COVID-19 con un total de personas fallecidas por el virus de 117.714; en Argentina sufrimos, como se especificó anteriormente,61.668 decesos por enfermedades del sistema respiratorio año tras año. Así, aunque Trump resulte despreciable, Estados Unidos, estadísticamente contabiliza 0,035 % de fallecidos por COVID-19 del total de su población, mientras Argentina contabiliza, anualmente, un porcentaje que ronda 0,14 % de fallecidos por enfermedades del sistema respiratorio del total de su población. Vale decir, Argentina, en un mundo real, sin acuartelarnos por tiempo indefinido, sufre cuatro veces más la cifra de muertes por enfermedades respiratorias que las sufridas por Estados Unidos en el marco de la pandemia.

Yo me reinvento, él se reinventa, y todos nos reinventamos

¿Esto quiere decir que deberíamos tomarnos en broma un virus que es híper contagioso, que provoca la muerte de un considerable número de personas y que colapsa los sistemas de salud de una enorme cantidad de países del mundo? ¿Y esto quiere decir que debemos poner en alto figuras tan despreciadas y polémicas como las de Bolsonaro y Trump? Por supuesto que no, por eso Bolsonaro y Trump son dos presidentes que sufrieron un tremendo descenso de su popularidad, merecidamente, porque reírse de una pandemia y sus efectos sanitarios es extremadamente miserable.

Sin embargo, admitir que dos líderes mundiales son despreciables para una infinidad de ciudadanos del mundo, no nos da crédito para forzar realidades, estirar conceptos, sesgar la información y producir un guion que nos aleja de la realidad concreta; porque engañar, mentir y tergiversar lo que conviene para la ocasión, también es miserable. Si Argentina sufre anualmente un porcentaje mayor de muertes por enfermedades del sistema respiratorio que los sufridos por COVID-19, registrados tanto en Brasil como en Estados Unidos, esto debe admitirse, considerarse y no ocultarse, aunque reprobemos a Bolsonaro y a Trump y rechacemos sus estilos espantosos de hacer política y de tratar a la humanidad.

No admitir que Argentina padece un colapso de su sistema sanitario, público y privado, también es guionar una escena que nos aleja de la realidad más cruda y contrastable, porque no solo en 2020 por el coronavirus, sino que, cada año, cada invierno,colapsa el sistema de salud,porque nuestros gobernantes administran ineficiente o corruptamente los recursos del Estado, y muere una cantidad muy significativa de personas, en un alto porcentaje por enfermedades respiratorias.

El costado mental de la cuarentena

Cuando la escenificación es creíble para la mayoría de los ciudadanos, todos somos Truman; cuando un número importante de ciudadanos advierte que mucho de lo relatado no es verificable, y que se recurre a artilugios oportunistas para poder ubicarnos en un mejor lugar respecto a quienes manejaron irresponsablemente la pandemia,comienza a predominar la duda, la desconfianza, y entonces dejamos de ser Truman, nos enojamos como Truman y pretendemos vivir el mundo real basado en hechos existentes, sin flashes y focalizados concretamente en la república argentina.

 

* Sandra Choroszczucha. Politóloga y Profesora (UBA).


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