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PERIODISMOPURO / EXTREVISTA
domingo 12 mayo, 2019

Marcos Peña: "Los que me asignan una comunicación maléfica lo hacen desde una profunda incomprensión"

En parte de la entrevista concedida a Jorge Fontevecchia, el jefe de Gabinete habló de la estructura de comunicación del Gobierno y de las últimas encuestas de cara a octubre.

por Jorge Fontevecchia

Entrevista de Jorge Fontevecchia a Marcos Peña Foto: Pablo Cuarterolo
domingo 12 mayo, 2019

En parte de la entrevista concedida a Jorge Fontevecchia, en el marco del programa "Periodismo Puro" del Canal Nety TV, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, habló de las encuestas que maneja el Gobierno de cara a las elecciones de octubre; de las aspiraciones y reivindicaciones de los argentinos; y de cómo es la estructura comunicacional del Gobierno. "Muchos dirigentes creen que detrás de la comunicación siempre hay manipulación”, expresó. 

A continuación, un fragmento del reportaje:

 

 

—Se aproximan las elecciones. ¿Qué indican sus encuestas?

—Hay un escenario muy parecido al de la primera vuelta de 2015. Pueden verse dos núcleos de identidad, de valores y organización política muy identificados. Luego, un tercer núcleo un poco más pequeño. También puede observarse que las preferencias e inclinaciones de los argentinos no varían demasiado, independientemente del estado de ánimo. Hay una mayoría de argentinos que quiere seguir el camino hacia adelante, una minoría de argentinos que quiere volver al kirchnerismo y después un porcentaje grande que todavía no definió su voto.

—¿Vos decís que se mantiene más o menos un empate entre el oficialismo y el kirchnerismo y hay una tercera vía con más o menos la mitad de los votos?

—Como en 2015, la “tercera vía” reúne a aquellos que no se identifican con ninguno de los dos. Pero no compone un tercer grupo de identidad, un pensamiento.

—¿El panorama sería entre 35-35-15 o 35-35-20?

—A grandes rasgos, sí. Quizá sí existan tres tercios en otro sentido. Existe una cantidad de argentinos que en la elección anterior quiso un cambio económico y político y lo sigue queriendo; luego, uno que no quería cambios y se sentía cómodo con el kirchnerismo; y otro tercio que le pondría más valor al cambio político que al económico. Este fue el movimiento de la opinión pública en estos años. Eso no implica que sean tres identidades políticas, tres demandas. El tercer grupo, en todo caso, elegirá entre Macri y Cristina. 

—¿Ven lo mismo en los focus groups? ¿Cambió el humor de la sociedad?

—Cambian las miradas según el que habla. La percepción de lo real varía según la identidad política. Pasó en estos tres años y medio: aquel que se identifica con el kirchnerismo ve la realidad de una manera antagónica respecto de aquel que se identifica con nosotros. Así, es muy difícil hablar de la opinión pública. En ese contexto, está claro que tanto a nuestro votante como al que no es kirchnerista y está en el medio los marca una angustia, incertidumbre y cierta desilusión. 

"Existe un escenario parecido a la primera vuelta de 2015. Dos núcleos de identidad muy identificados."

—Me gustaría hacerle una pregunta al Marcos Peña egresado de Ciencia Política. ¿Cómo definirías en términos sociológicos a los tres grupos: los que apoyan al oficialismo, los kirchneristas y quienes aún buscan una definición?

—El gran quiebre de la sociedad no es izquierda/derecha, sino lo aspiracional y lo reivindicativo. Y esto se percibe tanto en la actitud frente a la vida como en la explicación de la coyuntura. Hay personas que miran hacia atrás y tienen el deseo de volver a un pasado en el que les fue mejor, mientras hay otros que dicen “cómo hago para estar mejor mañana”. A partir de ahí también se entienden muchos valores. En nuestra identidad, los valores de las libertades tienen un peso muy importante: la posibilidad de emprender, de conectarse con el mundo.

—Alguna vez hablamos del tema. Y citamos a Umberto Eco en “Apocalípticos e integrados”. ¿Sigue vigente la idea de unos melancólicos y otros que miran aspiracionalmente el futuro?

—En la Argentina pesa más que en otros países la cultura de volver al pasado. Alguna vez alguien me dijo: “Tenés que entender que en Argentina cada vez que nos hablaron del cambio fue para peor”. Es una actitud muy propia del kirchnerismo. Cristina Kirchner conectó mucho con esa modalidad. Mauricio Macri siempre planteó otra idea de progreso: la rebeldía de decir somos mejores que lo que fuimos.

—¿Ese vínculo con el pasado tiene que ver con el fracaso?

—El fracaso es un factor. Pero hay otros, como el peso de la inmigración. Otra persona a la que también quiero mucho me dijo alguna vez: “Tenés que entender que la nostalgia es constitutiva para el inmigrante”.

—Sin embargo, Estados Unidos también se construyó con inmigrantes…

—En Argentina se da la combinación de la cultura inmigrante con un futuro que nunca llega, más la sensación de estar en un país que en cien años siempre fue en declive. Todo eso explica comportamientos y culturas políticas.

—¿Cuál sería esa nostalgia? Quizá sería lógica en países cuyo pasado fue muy exitoso, como Inglaterra. En Londres todavía uno encuentra negocios que venden sombreros o gemelos. Argentina fue un país grande hasta 1930, hasta hace cuarenta años podría justificarse esa nostalgia de los años 30. Pero hoy es inconcebible. Desde el Rodrigazo tenemos inflación creciente, hiperinflación. Hay que tener más de 70 años para recordar un país sin híper. ¡Desde 1972, la Argentina es el único país no africano cuyo PBI per cápita cayó!

—Es una buena pregunta. Nos rebelamos contra esa idea y cometimos –y cometemos–la irreverencia de plantear un mensaje de futuro. Una Argentina que no mira para atrás y para adentro, sino para afuera y para adelante. Ese giro, que tiene que ver con la energía, con el mensaje, con el ánimo, es lo que rompe el ciclo de cien años que envolvió al país. 

Marcos Peña: "Si no hubiera manera de ganar sin cambiar el candidato, seríamos los primeros en analizarlo"

—Sin embargo, es posible entender que haya un deseo de recuperar la situación económica previa a 2015. Hay mucha gente que dice que estaba mejor. Eso no es nostalgia, es un hecho objetivo: quien lo enuncia tenía mayor capacidad de compra en 2015. Y este es un factor que se agrega a esa dicotomía entre lo aspiracional del progreso y la nostalgia.

—La dicotomía es estructural y profunda. Pero al mismo tiempo existe una tensión. Somos emergentes de una demanda electoral que busca salir de ese circuito de nostalgia y fracaso, pero no inventamos las ideas aspiracionales del argentino. En la misma cultura del inmigrante también hay deseo de progreso y de construir un futuro mejor, aun a riesgo de tener que pasar por momentos duros.

—Es lo que caracteriza a EE.UU., como dijimos, otro pueblo de inmigrantes.

—Por eso la discusión de 2019 debe incluir cómo va a estar el bolsillo en 2020. Esto es más definitorio que el volver hacia atrás. Hoy el kirchnerismo no tiene ninguna posibilidad de reproducir las condiciones de la economía mediocre de antes. Por quemar todas las reservas, generó una falsa sensación de bienestar.

—Era un bienestar objetivo, no una sensación. Se podría afirmar que no era sostenible. Pero, en general, en 2015 la gente estaba mejor que hoy.

—Esa es una discusión profunda. Está relacionada con el grado de aspiración que cada uno tenga. Si uno tiene más plata en el bolsillo es indudable que tiene más bienestar. Pero si simultáneamente tiene problemas de seguridad o no tiene cloacas, algo malo sucede con el bienestar. Creer que el bienestar es una cuestión de bolsillo y no de progreso es la trampa social del populismo.

—Abraham Maslow, el célebre psiquiatra norteamericano, construyó la teoría de la pirámide de necesidades, en la que pueden distinguirse necesidades primarias, secundarias y más altas. Cuando alguien no puede alimentarse o tiene alguna necesidad básica insatisfecha, las necesidades que pueden valorar otros estratos sociales están fuera de su radar. Lo que vos decís puede interpelar a una parte de la clase media, pero no a aquellos que no satisfacen sus necesidades primarias.

—Es válido para todos. A veces se subestima la capacidad de discernimiento de las personas que tienen dificultades y ven que los esfuerzos de hoy son para construir un futuro mejor. Si se entiende que la sociedad está resolviendo problemas –y que además tenemos una red de protección social fuerte en la coyuntura– y está atendida la cuestión inmediata, lo importante es confiar en la capacidad de discernimiento de los argentinos. El tema es con cuánta fuerza se transmite la convicción de que hay otro camino mejor, posible, y que se está construyendo. El kirchnerismo no puede conseguir un solo voto positivo más de lo que tiene por cuestiones tribales. Su susurro es: “Es imposible lo que te prometieron; volvé donde estabas. Es lo mejor que podés tener”. Pero hay una enorme cantidad de argentinos que se rebela contra eso y sigue diciendo: “Sí, se puede. Tardaron más de lo que se esperaba, será más difícil de lo que se esperaba, pero no por eso vamos a resignar construir un futuro mejor”.

—Si en las encuestas con las que ustedes trabajan aparece María Eugenia Vidal con entre 3% y 5% de intención de voto, en un ballottage, más que el presidente Mauricio Macri frente a Cristina Kirchner, ¿no sería lógico que fuera Vidal la candidata?

—Es una lectura errada de las encuestas. Analizar un escenario de ballottage a esta altura es un error técnico garrafal, en un contexto en el que ni siquiera se sabe quiénes van a ser los candidatos y en el que la gran mayoría de los argentinos está indecisa al respecto. No se puede cuando faltan tantos meses. La forma correcta de darle continuidad a este trabajo profundo es con Mauricio planteando un segundo mandato; María Eugenia, un segundo mandato en la Provincia, Horacio en la Ciudad, y así sucesivamente.

—¿Pero si se pierde por 3% el ballottage? ¿No se cae todo el proyecto de Cambiemos por no postular a quien podría ganar?

—Es que ese análisis se basa en premisas falsas, dado el nivel de indecisos que hay. Tres o cuatro por ciento, a esta altura, está dentro del margen de error. Seguimos creyendo que Mauricio Macri es el mejor camino: queremos que sea reelegido y lidere el proceso de Cambiemos.

—¿El 3% de hoy no sería evidencia suficiente como para cambiar de candidato con la cantidad de indecisos? Si fuera un 10% o 15%, ¿sería otra historia?

—Es que no solo sería un cambio de candidato a presidente. El Presidente es el líder de Cambiemos, es el que está llevando adelante esta transformación. María Eugenia para presidente implicaría además un cambio en la provincia de Buenos Aires, en toda la arquitectura del trabajo predecible, serio, responsable, que hacemos. Confiamos en que los votantes valoran eso. Entonces, si viéramos un indicador de que no hay manera de ganar si no se cambia el candidato, seríamos los primeros en analizarlo. Hoy no dicen eso las encuestas. 

—¿Por qué se te asigna una estructura de comunicación con trolls cuasimaléfica, y cómo es la estructura de comunicación digital del Gobierno que supervisás?

—Los que me asignan esa comunicación maléfica lo hacen desde una profundísima incomprensión de cómo funciona hoy la comunicación. Muchos dirigentes durante mucho tiempo entendieron la comunicación a partir de una mirada supraestructural. Creen que detrás de la comunicación siempre hay manipulación. La versión extrema de esto es la de Cristina Kirchner sobre los medios: piensa que no hay periodismo, no hay comunicación, sino intereses. No compartimos eso. Es esencial la libertad de prensa, que funcione como contralor del poder. Eso es la esencia de la democracia. También creemos que existe una conversación digital mucho más fragmentada y anárquica, donde los ciudadanos tienen opiniones autónomas que expresan de manera libre, muchas veces agresiva y anónimamente, algunas veces incluso organizadamente para intentar generar opiniones. El Gobierno no está detrás de este último grupo. No hay ni realidad ni evidencias de ello. Sería incoherente con todo lo demás que hacemos en comunicación, incluyendo la absoluta transparencia de los recursos presupuestarios, de la pauta publicitaria. Es un mito absoluto. La transparencia de nuestra política comunicacional sería deseable para toda la Argentina.

¿Cómo es la estructura de comunicación? ¿Depende de un subsecretario? ¿Cuánta gente trabaja?

—Teníamos una subsecretaría de temas digitales que eliminamos junto a todas las subsecretarías. Hoy no es un equipo muy grande. Es un grupo que trabaja centralmente en la contactación, en entender cómo hacer comunicación pública también a partir de herramientas digitales.

—¿Son treinta personas?

—Sí, un poco más, un poco menos. Pero no es una estructura oscura con raras intenciones. Justo leía en el libro de Cristina Kirchner un párrafo que hablaba de un supuesto maléfico convenio con la Anses. Me llamó la atención la falta de curiosidad para informarse de que ese convenio se cayó hace mucho tiempo. Lo que hacemos es bajo estándares que ellos no tuvieron nunca.

Leé acá la entrevista completa


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