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POLITICA / ENTREVISTA DE MAGDALENA RUIZ GUIAZ
domingo 21 agosto, 2011

Altamira: "No soy ningún milagro"

El candidato a presidente habla del "triunfo" en las primarias y su trayectoria política. Las críticas a las ideas "conservadoras" de CFK.

Foto: Cedoc

En las elecciones del domingo, tal como fue el comentario general, hubo un milagro que se llamó Frente de Izquierda. Su candidato a presidente, Jorge Altamira, podrá competir en la elección general del 23 de octubre próximo no sólo por haber alcanzado el piso del 1,5% que exige la nueva ley electoral, sino por haberlo superado.

—Todos hablan de usted como de un milagro –le comentamos mientras él, risueño, explica:

—Personalmente, no soy ningún milagro. Nací un día determinado. De una madre. Como todo el mundo. Pero supongo que lo que califican como milagro es que hayamos desafiado positivamente esta exigencia del 1,5 por ciento e incluso la hayamos sobrepasado. Mire, estamos cerca, si no me equivoco, de los 550 mil votos. El mote de “milagro” se refiere a una campaña que iniciaron Jorge Rial y Gustavo Silvestre por las redes sociales, que ellos etiquetaron como “Un milagro para Altamira”. Y yo participé de la entrevista de la que surgió esta idea cuando me entrevistaban a raíz de la campaña política. Luego, ellos declararon públicamente ante sus oyentes que iban a votar al Frente de Izquierda. En ese punto de la entrevista, Rial dijo: “Bueno, yo tengo 850 mil seguidores y el Frente de Izquierda necesita 400 mil. Así es que puedo darles una mano significativa con el pedido de ‘Un milagro para Altamira’”. Yo le contesté: “Si ustedes creen en los milagros… bueno, adelante”. Pocos minutos más tarde me enteré, a través de llamados telefónicos, que ya había entrado en Twitter con mensajes de este tipo. Quiero recordar también que la expresión “un milagro para…” proviene de una película de Susan Sarandon, Un milagro para Lorenzo, que luego empezó a popularizarse en la Argentina cuando frente a enfermedades graves o extremas se inicia una campaña con la frase “un milagro para…”. Esto ha quedado como una expresión de uso frecuente y debo reconocer que como propuesta comunicacional llama la atención. Y es lo que vale en estos casos.

—Pero a raíz de todo esto hay tambien mucha curiosidad por saber más acerca de usted, Altamira. En el ciberespacio usted aparece como habiendo participado “…desde pequeño en diversas huelgas…”.

—Quiero aclararle que no hay ninguna posibilidad que “desde pequeño” haya participado en ninguna huelga. Usted se da cuenta de que esto es imposible, ¿no? (risas). Yo era un pequeño como todos los demás. Jugaba a la bolita. Jugábamos a la rayuela. Y tuve un accidente que usted puede comprobar (señala una cicatriz en su mejilla) porque jugando a la pelota en la calle (en aquella época no había un tránsito tan grande como hoy), me atropelló un auto. Tenía 6 años… Y usted sabe que en casa consideraban aquel día, 18 de agosto, como mi segundo cumpleaños. Había vuelto a nacer. Fue realmente un accidente muy serio. Vivíamos cerca del Hospital de Niños y estar a cuatro cuadras me salvó. Con una rapidez extraordinaria me llevaron al quirófano y la operación duró tres horas. Hasta el día de hoy recuerdo el nombre del médico: el doctor Cáceres. Mis padres hablaban de él como si fuera Dios Bueno. Ese fue un milagro. No el “milagro para Altamira”, sino haber sobrevivido a ese gravísimo accidente. Yo iba a la primaria, jugaba a la pelota con mis amigos y esperaba el día de Reyes para ver si me habían traído un regalo. La personalidad de mi padre, muy protagonista en el mundo gremial, invadía nuestro hogar. Y debo admitir que yo, a los 6 años, he llegado a apoyar a mi padre en sus debates políticos con mis tíos sosteniendo que “Papá tiene razón porque yo leí el otro día…” o “Alguien me dijo…”.

—¡Niñito terrible!

—Bueno, pero era fruto de las circunstancias. Además había algo importante: como yo viví en un conventillo hasta los 20 años, una de mis más íntimas amigas, una chiquita, formaba parte de lo que llamábamos “las tamborinas”… por la sencilla razón de que su mamá había votado la fórmula radical Tamborini-Mosca en las elecciones de 1946. Nosotros, en cambio, éramos peronistas. Entonces, cuando la mamá de las amigas más queridas sostenía que el peronismo era una dictadura, yo tenía que defenderme y mi padre, Isaac Wermus, me asesoraba para pelear con las “tamborinas”. Por lo tanto yo tenía una buena escuela porque, lo quisiéramos o no, vivíamos en un ambiente muy politizado. Sin embargo, mi madre no compartía las ideas de mi padre, salvo en lo que se refería al peronismo. En cuanto a lo demás se diferenciaba de él. Por ejemplo, mi padre era ateo y mi madre, creyente. Mi madre tenía mucha personalidad. Por ser el hijo mayor participé, a la hora de la cena, de todas las controversias, que sin duda me aguzaron los sentidos intelectuales.

Lea la entrevista completa en la edición impresa del diario PERFIL.


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