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POLITICA / Opinión
viernes 26 octubre, 2018

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¿Porqué el Papa Francisco se acercó a dirigentes populistas? La crisis institucional de la Iglesia Católica y el boom evangelista.

por Eduardo Reina

Pablo Moyano junto a Agustín Radrizzani, obispo de Mercedes - Luján Foto: Twitter @pablomoyano_ok

La Iglesia Católica se encuentra hoy en una crisis institucional y de credibilidad muy importante. Las noticias sobre corrupción y los escándalos de abuso de menores hacen constantemente tapa en los diarios de todo el mundo. Tras esta catarata de noticias negativas, está un Papa Francisco jaqueado por los sectores más conservadores de la Iglesia. Algunos lo ven como demasiado politizado, incluso populista, sin miramientos para romper con las tradiciones y los compromisos con corporaciones y grupos de poder que fueron afines a la Iglesia por décadas.

En este contexto, podemos interpretar el acercamiento del Papa a Moyano no en clave política, sino institucional; un gesto con el objetivo de recuperar terreno entre los trabajadores y los más carenciados, sectores que fueron olvidados por la Iglesia Católica durante años.  El catolicismo es la denominación cristiana con más adherentes a escala global, con 1300 millones de bautizados, y sin embargo también es la que más fieles pierde año a año. Precisamente son las clases populares las que más masivamente migran a otras iglesias.

Observamos que, ya desde hace unas décadas, las congregaciones evangelistas han empezado a ganar terreno, y ahora crecen en el mapa de poder de Latinoamérica, como una nueva fuerza político-religiosa.  En esta región, que hasta el siglo pasado estaba dominada por el catolicismo, con un 95% de los fieles, hoy ese número ha descendido al 80%, mientras que cerca de un 20% de la población es evangelista.

Este fenómeno no es una novedad ni un hecho milagroso, sino que es el resultado de una estrategia de crecimiento a largo plazo, con un trabajo de base en las comunidades, casa por casa y templo por templo. Un esquema que debería ser la envidia de cualquier partido político. En los últimos años, de hecho, han empezado a salir de los templos y buscar representatividad y participación política, movilizándose por distintos proyectos e incluso presentando a sus propios candidatos.

Tal es el caso de Fabricio Alvarado, un conservador opuesto al aborto y al matrimonio igualitario, que disputó la segunda presidencial en Costa Rica, perdiendo 61 a 33% de los votos. Jimmy Morales, presidente de Guatemala, es evangelista, y también lo es quien probablemente será el próximo presidente brasileño, Jair Bolsonaro ,se dice Catolico y tienen el apoyo de los evangélicos que representan el 27% de la población. En Brasil, los evangelistas tienen una bancada con muchos miembros en el Congreso, y un pastor es alcalde de Río de Janeiro. 

En México, esta comunidad religiosa ha sido una importante aliada para López Obrador. En Argentina, mientras tanto, ya aparece algún referente de esta confesión, como el diputado Alfredo Olmedo. Y también, aunque no suelen hacer alusión a su identidad religiosa, Hugo Moyano y su familia son evangélicos.

En nuestro país, un 10% de la población profesa esta religión, a los que se suman un 1,2% de Testigos de Jehová y un 1% de mormones. El terreno ganado por estas iglesias coincide con el que perdió el catolicismo. La Iglesia Católica está perdiendo atractivo y seguidores a causa de una estructura corrupta y conservadora, que se perdió en el lujo y el poder y se olvidó de pensar en los más necesitados. Y que, además, se encuentra con una sociedad más moderna a informada, que no pasa por alto sus escándalos.

En contraste, los evangelistas van directamente a los más necesitados, sin subsidios, establecen redes de solidaridad y asistencia en las comunidades, crean sus propios servicios y manejan sus propios medios de comunicación, con un discurso atractivo y melodías alegres y conmovedoras. De esa manera llegan a la gente desencantada de la política, los gobiernos, y las mafias enquistadas en el sistema.

Por eso, podemos pensar en la manifestación de la semana pasada como un intento de recuperar el camino perdido y el protagonismo de la Iglesia Católica en el escenario nacional.  El acercamiento del Papa a Moyano y a otros líderes populares (Milagro Sala, Grabois) se ha leído siempre como un acto político, en especial por parte de los sectores más conservadores, que preferirían verlo más cercano al gobierno de Macri. En Argentina no existe lo de “dar al César lo que es del César”, porque todo es política.

Pero en este caso, también cabría interpretarlo como un gesto pastoral, una coalición con el populismo para recuperar la doctrina social cristiana. El sindicalismo podría ser, así, un aliado para que la Iglesia recupere terreno, dejando atrás los problemas que la aquejan y la alejan de la gente común, de los pobres y de los carenciados.


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