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POLITICA / Reportaje a Francisco De Narvez
lunes 14 mayo, 2007

"Se confundieron: no votaré por Kirchner"

La semana pasada el primer candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires de Lavagna conmocionó la política con declaraciones que se interpretaron como un virtual apoyo a Kirchner. En un reportaje del director de PERFIL, aclara sus dichos y revisa toda su vida política, empresarial y privada. La historia del millonario argentino que pareciera haberse inspirado en el Bruno Díaz de la ficción de “ Batman”. Alguien que se empeña en hacer de su propia vida una novela y compite contra sí mismo en una carrera tan sin final que incorporó a sus creencias la reencarnación budista.

por Redacción Perfil

Foto: JUAN OBREGON

—Usted se definió hace unos años como “un agitador” y una persona “altamente ambiciosa”. ¿Sigue siendo así?
—Sí.

—¿Fue su ambición la que lo llevó a apoyar a Menem en 2003, en 2004 a Kirchner y en 2005, luego de bajar del avión presidencial, sumarse a la listas de Duhalde contra Kirchner?
—No, siempre voy a ser un hombre con una alta ambición, pero razonable. Nunca fui kirchnerista. Me opuse a él en las elecciones de 2003, de hecho me integré a la segunda parte de la campaña de Menem, habiendo sido invitado a la campaña kirchnerista.

—Como ministro de Desarrollo Social del Menem candidato.
—Sí. En 2004, cuando acompañé a Kirchner en su viaje a Alemania, invitó a otra serie de empresarios. Yo no estaba actuando todavía en la política pública y sentí la obligación de acompañarlo.

—Pero entre 2003 y 2004 sus opiniones sobre Kirchner eran positivas...
—Sí, porque estaba en el marco de lo que yo pensaba que Kirchner podía ser y después no fue. Y en 2005, cuando llegamos a la elección, hubiera podido ser parte de una lista de unidad que no fue y, ante la separación, me quedé en la pertenencia al peronismo de la provincia de Buenos Aires.

—¿Ahora está decepcionado de Lavagna?
—Sí, como veo que están muchísimos argentinos. Creo que Lavagna pudo el año pasado encarnar un frente electoral que contuviera a distintas fuerzas y expresiones políticas. Creo que se dejó atrapar por la necesidad del radicalismo y por su r echazo a un peronismo disidente que lo quería acompañar. Quedó a una distancia absolutamente parcializada. En esa parcialización es donde yo encuentro mi decepción a lo que pudo ser y no es, y eso me decidió a retirarme.

—¿Se puede inferir de sus declaraciones de la semana pasada que si Lavagna y Carrió terminan siendo los únicos candidatos de peso de la oposición preferirá votar a Kirchner?
—No, no se puede inferir eso.

—¿Va a votar por Lavagna en las próximas elecciones?
—No sé por quién voy a votar. Lo que sí sé es que desde el trabajo que estamos haciendo podemos llegar a un frente electoral para la provincia de Buenos Aires que tenga más peso en la política nacional que una candidatura nacional que hoy no luce.

—¿Para presidente votaría por Kirchner?
—No, por él no.

—Pero días atrás dijo que estaba más dispuesto a ayudarlo.
—Claro, porque soy un opositor prudente y el país de 2007 es mucho más complejo que el de 2005 y 2006, y de cara a ser muchísimo más complejo hacia adelante. Kirchner, la semana pasada en Alberti, declara su necesidad de que los argentinos lo apoyen, porque manifiesta que lo van a atacar y pide ayuda. Y yo le digo que “ estoy dispuesto”. Estoy seguro de que cientos de otros argentinos están dispuestos a hacerlo porque creo que Argentina, más que nunca, necesita de oficialismo y oposición en una convivencia razonable.

—¿Ahora está “más” dispuesto porque Kirchner pidió ayuda?
—Creo que el país entra en una situación de turbulencia por la desesperación social, la creciente inflación, el superávit que el país está empezando a perder, se desató el gasto público y entramos en un proceso donde el justicialismo y la oposición necesitan de más coherencia y de mucha más responsabilidad de la que alguna vez podríamos haber tenido cuando las aguas estaban más divididas.

—En un reportaje de la revista “Noticias” del 8 de octubre de 2005 usted dijo que prefería a Duhalde porque “Kirchner no era peronista”. Y el 19 de enero último usted dijo en radio Continental que “Kirchner quiere destruir el peronismo”. Paralelamente, usted se define como peronista. ¿Kirchner es o no es peronista?
—Kirchner es peronista pero tiene facetas más exacerbadas. La principal es el ejercicio del poder a través de la víscera más sensible del hombre, que es el bolsillo.

—Y ésa no es su víscera más sensible porque a usted le sobra el dinero...
—Sin duda, por eso puedo confrontar con el Presidente. Porque no me debilita. Creo que ésa es una de las razones por las que el Presidente entiende que no me puede obligar a votarlo.

—¿Depende de la profundidad del bolsillo o también de otros factores? Hay muchos ricos que son sensibles a esa “víscera”.
—No depende solamente de la profundidad. Hay convicciones que sostienen esa posición. Pero la construcción de poder en la que Kirchner se siente más cómodo es ésa. El Presidente entiende de contabilidad aunque no de economía, que son cosas muy distintas.

—¿Cree que los empresarios colombianos, brasileños, chilenos, tienen la víscera del bolsillo menos sensible?
—No, creo que la tienen tan sensible como nosotros. Pero manejan las prioridades más ordenadamente que nosotros. Tienen un sentido de pertenencia y un compromiso con la construcción nacional que nosotros no tenemos.

—¿No votará por Lavagna porque quedó siendo el candidato radical y usted es peronista?
—No sólo le falta peronismo:también otra fuerza política, lo que representa Macri. No pudimos construir el puente de unión en ese frente electoral que era natural que se produjera. Quedó atrapado en una posición refractaria a la dinámica convocante y aglutinadora de voluntades. Lavagna entiende la política como una ciencia exacta.

—¿Solamente Lavagna es el responsable?
—En una parte. Y en otra, la incapacidad que tuvimos nosotros en ese momento de gestarlo. Lo lógico hubiera sido que Lavagna fuera el candidato nacional de ese espacio y Macri en la Ciudad.

—Macri, en su momento, estuvo cerca de Duhalde: usted dijo que en 2003 apoyó a Macri con la esperanza de que luego se integrase al peronismo. ¿Su disenso con Lavagna se resume a que se quedó sólo con el radicalismo?
—Sí. En realidad, la UCR se quedó sólo con Lavagna. No es lo mismo, porque Lavagna no supo elegir.

—¿Al radicalismo no le quedaba alternativa y a Lavagna sí?
—Exactamente. Lavagna quedó atrapado en el condicionamiento que le impuso la UCR a él, y no supo desmarcarse para convocar a otras fuerzas. Entre ellas, un fuerte espacio del peronismo disidente y el macrismo, que tenía la vocación de adherir, pero Lavagna no supo construir ese puente.

—¿Duhalde apoya a Lavagna?
—No.

—Pero el candidato a gobernador de Lavagna, Jorge Sarghini, es del riñón de Duhalde.
—Lo fue hasta 2005. A partir de ahí no lo fue más y Sarghini está claramente identificado hoy con el proyecto de Roberto Lavagna.

—¿Le sorprendería que Duhalde votara a Scioli?
—Para nada.

—¿Usted votaría por Macri si viviera en la Ciudad?
—Sí.

—¿Cuáles son sus diferencias con Macri?
—El peronismo, especialmente. La construcción del poder a través de lo que siento que es el peronismo y que Macri no termina de asimilar. Aunque creo que Macri es un peronista no declarado.

—Cuando Reutemann decide no ser candidato a las elecciones de 2003, usted fue el principal propulsor de la candidatura de Macri a presidente y finalmente él desistió. Volvió a desistir ahora en 2007. Habiendo estado tan cerca de Macri en aquel momento crucial, ¿cree que no tiene la voluntad para ser presidente o que alguna vez lo intentará?
—Sé que lo va a intentar y creo que la prudencia de Macri, que no es conservadurismo sino prudencia, es distinta de la que yo hubiera tenido en su lugar. Yo hubiera aceptado la presidencia.

—¿Cree que si hubiese aceptado hoy sería el presidente?
—Sí, no tengo dudas.

—¿Cuál es su domicilio en la provincia de Buenos Aires?
—Partido de Luján. Es un campo que tengo desde 1982.

—¿Está habilitado Scioli para ser candidato por ese distrito?
—Yo creo que lo va a estar.

—¿Sería una injusticia si habilitaran a Scioli y no a usted?
—Creo que nos van a habilitar a los dos.

—¿Votará por Scioli?
—Yo voy a votar por mí.

—¿Insiste con la candidatura?
—Absolutamente. Estoy convencido de que en la Provincia se va a polarizar entre Scioli y yo.

—¿Qué dicen las encuestas que usted maneja?
—Scioli está en el orden de los 50 puntos, Blumberg y yo estamos en el orden de los 9. Después vienen Stolbizer, Raimundi, que miden entre 4 y 5 puntos.

—¿Se equivocó Lavagna en preferir a Sarghini?
—No, creo que Sarghini es afín al pensamiento de Roberto en esa construcción muy sesgada con la UCR. En eso tienen una total empatía y cuando sólo quedó el radicalismo, Sarghini era natural. No había peronistas, no había macristas, ni fuerzas de centro. De Narváez no tenía nada que hacer en ese espacio.

—¿Es cierto que se nacionalizó argentino en 1983 para votar a Alfonsín?
—Sí.

—En ese momento no votó por el peronismo.
—No, en esa elección, no.

—¿Fue la única vez?
—No, en una elección para diputados de la Ciudad de Buenos Aires voté a Luis Zamora.

—Ahórreme la pregunta.
—Es que en ese momento privilegié en Zamora su integridad como político. Era conocido que cuando dejó de ser diputado se dedicó a su oficio: vender libros. Me pareció de un extraordinario valor, aunque no tenemos ninguna afinidad en el pensamiento político.

—¿Se lo dijo a Zamora?
—Sí, estaba sorprendido. Básicamente, por la idea de que alguien que para él representaba a la burguesía o la oligarquía lo votara.

—¿Eso hizo que él cambiara en su opinión sobre la burguesía?
—No, creo que no.

—Usted fue uno de los pocos que llamó a Sobisch después del asesinato del maestro Fuentealba. Viendo lo ocurrido, ¿piensa que Sobisch hizo bien en desalojar el puente de Neuquén?
—Hizo lo que tenía que hacer como funcionario público.

—Otro de los que llamaron a Sobisch fue Blumberg, ¿cómo van sus relaciones con él? ¿Lo prefirió a Macri antes que a usted?
—Creo que Blumberg sigue en un proceso de decisión de si va a hacer su paso a la política, dónde lo va a hacer, como candidato a qué y de qué estructura partidaria. Creo que todavía le restan varias decisiones y varios puentes por cruzar. Antes de que él haya tomado una decisión, es prematuro hablar de cosas concretas.

—¿Entonces no está cerrado y no descarta una posible alianza con Blumberg en el futuro?
—Sin duda. Creo que el futuro de Blumberg depende mucho del futuro de Macri en la Ciudad.

—¿Cree que Macri va a ganar?
—Sí.

—¿En segunda vuelta? ¿Contra quién?
—En segunda vuelta y contra Telerman. Cuando se habla de la renovación de la política, el ejemplo es la Ciudad, donde hay tres nuevos candidatos. Telerman recién empieza, Macri todavía no fue electo en un cargo ejecutivo. Al menos dos de los candidatos lucen como buenas alternativas para los porteños. Creo que Mauricio va a ganar. Y si ganara Telerman, también sería buena opción.

—Si ganara Macri, ¿cuál sería el futuro de Blumberg?
—Creo que potenciaría la posibilidad de que Blumberg se presente como candidato a gobernador.

—¿Sería candidato del PRO?
—De una alianza que lo apoye, supongo. Y, si no gana Mauricio, disminuye esa probabilidad.

—Si ganara Macri en la Ciudad y Blumberg fuera candidato en la Provincia, ¿estaría dispuesto a aliarse con él y apoyarlo?
—Yo estoy dispuesto a apoyar la mejor candidatura, aunque creo que Blumberg tiene un rol más trascendente para la Provincia como legislador. Creo que él está pasando por un proceso personal por el que yo ya pasé: tomar la decisión final de si uno quiere ser un hombre público y no un referente social. El costo de ese proceso puede terminar en otro Blumberg. Si eso sucede, yo quiero reconocer a ese Blumberg político. Con esa mutación voy a decidir si con él podemos construir política juntos. Es distinto Blumberg midiendo en las encuestas como referente social que como candidato. Yo ya crucé el puente. Si él también lo hace y hay empatía, entonces acordaremos.

—¿De dónde surgió su fascinación con Perón y el peronismo?
—Fue creciendo. Lo fui descubriendo cuando me fui involucrando más en la Argentina y en su historia, sobre todo la del peronismo. Perón fue un adelantado a su tiempo. Con el surgimiento del menemismo empecé a mirar el fenómeno peronista.

—¿Menem lo acerca al peronismo?
—Sí, porque vi en Menem a una persona que, viniendo del peronismo, puso en sus primeros años de gestión un pragmatismo asombroso en términos de resolver los problemas del país.

—¿Para comprar la biblioteca de Perón por sólo US$ 148 mil y su traje de gala por 93 mil, compitió con otros interesados?
—Sí. No sé con quién, pero había otras ofertas.

—Fue poco dinero. ¿No le sorprendió?
—Sí, sobre todo en el caso del uniforme de gala. Entiendo que es algo emblemático para la Argentina. Pero creo que esto también habla de quienes tenemos un poder adquisitivo superior a la media: tenemos muy poco compromiso con la historia y con el país.

—¿Sigue teniendo un “think thank” de 80 especialistas que le cuesta $ 400 mil mensuales?
—Sí.

—¿Qué piensa de quienes dicen de usted que está “aburrido del mundo perfumado de las celebridades y ahora experimenta con el olor real del Conurbano como los ricos del Primer Mundo que van a hacer turismo de aventura a una favela de Río de Janeiro”?
—(Se ríe.) Es parte de mi realidad cotidiana.

—¿Hoy lo seduce más una murga en el Conurbano que una fiesta de Fundaleu?
—Sin ninguna duda.

—¿Cuál es su balance como diputado después de dos años?
—Un imprescindible proceso de aprendizaje de la política real. Nadie que pase del sector privado al público debería dejar de pasar por una experiencia legislativa.

—¿Puede una persona aspirar a ser presidente sin haber pasado por esa experiencia?
—Creo que no debería.

—¿Cree que Macri desaprovecha esa oportunidad cuando dice que se aburre?
—Fueron dichos desafortunados. Lo conozco. Es impaciente a la hora de las discusiones y las argumentaciones. Es una persona “del hacer”.

—¿Sus compañeros del Bloque Justicialista Nacional le siguen diciendo “billetera mata galán”?
—Ya no. Mucho más mata la billetera de Kirchner.

—Duhalde dijo en un reciente reportaje que en dos años el modelo económico enfrentará su gran prueba de resistencia. Cavallo también pronosticó un cambio de aire para 2009. ¿Usted piensa igual?
—Creo que antes. En 2008.

—¿Cómo sería ese escenario?
—Una inflación creciente, con fuerte inestabilidad social. Una combinación peligrosa. Todos los sectores van a generar una tensión muy fuerte, sobre todo los sindicales, presionando al Gobierno, que va a reaccionar mal porque, como ya dije, entiende de contabilidad y no de economía. Va a tratar de controlar, desde el autoritarismo, la dinámica de la economía. Y eso va a producir una fuerte crisis.

—¿Compró alguna obra de su homónimo Francisco Narváez, el mayor escultor de Venezuela?
—No.

—¿Se psicoanalizó?
—Sí, entre los 39 y los 48 años. Pero ya no lo hago.

—A los 39 fue el momento del suicidio
—Hasta entonces yo era de esas personas que no iban ni al médico clínico.

—¿Cree que precisa dosis de adrenalina superiores a lo normal?
—Sí.

—¿Le preocupa tomar riesgos excesivos?
—En algún momento de mi vida, sí. Pero la edad te va enseñando a balancear.

—Hace unos años declaró que creía en la reencarnación, ¿sigue creyendo?
—Sí.

—¿Cómo surgió esa creencia?
—Comencé a leer bastante literatura oriental. Sentía en ese momento una angustia bastante profunda por la muerte. Era como un fin, una desaparición. La concepción de la reencarnación me calmó.

—¿Quién cree que fue en otra vida?
—Guerrero, alguien que siempre pasa la frontera de lo conocido. En algún momento pude haber sido un cruzado.

—¿La serpiente de agua que se tatuó en el cuello es porque usted es serpiente en el horóscopo chino?
—Sí.

—¿Cree en los horóscopos? ¿Tiene bruja de cabecera, carta natal?
—Sí, creo en el horóscopo. No tengo bruja de cabecera pero de vez en cuando, una vez por año, me hago la carta solar. No son la verdad revelada pero dan una orientación en épocas de desorden.

—Usted se levanta a las 6 de la mañana todos los días para correr durante varias horas y también practica triatlón. Los corredores profesionales explican que cuando están al límite de sus fuerzas sienten una sensación de placer intenso. ¿A usted le sucede?
—Sí. Se siente una sensación de autosuperación y de autocontrol. De autodominio al poder, llevar el límite a lo extremo.

—¿Es un goce comparable con el placer sexual?
—Exacto.

–¿Su cuidado obsesivo con su cuerpo es el resultado de que le preocupa la decadencia física?
—No, se trata de poder exigir al máximo lo que uno sabe que puede dar. Decaer en eso cuando se puede hacer es dejarse estar. no me dejo estar en ningún aspecto de mi vida.

—¿Nunca fumó ni tampoco se drogó?
—Nunca.

—Tiene dos hijos, Milena de dos años y Juan de cuatro meses con Agustina Ayllon, y de su primer matrimonio tiene a Paco de 30, Martín de 28, Jazmín de 24. ¿Qué se siente teniendo nietos mayores que sus dos últimos hijos?
—Una sensación extraña pero complementaria. La paternidad después de los 50 enternece de una forma extrema. Al alzar un bebé de cuatro meses se siente la ternura que no se permitió expresar a los otros hijos cuando era más joven. También se percibe más la sincronía de sus vidas con la propia, pensar que uno va a ser mayor cuando su hijo empiece a transitar por los caminos de la adultez. Lo que trato de hacer es que entre ellos formen también parte de sus balances emocionales. Pero sí, es muy pronta la vivencia de ser abuelo.
—¿Cómo es su vida familiar: tiene salidas que comparta con sus hijos más pequeños y sus nietos? ¿Es mejor abuelo que padre?
—Siempre.

—¿Pide perdón?
—Muchas veces.

—¿Y alguna vez en su vida no hizo lo que quiso?
—No.

—¿Cuál fue su estrategia al invertir en La Rural, América TV/La Red y “El Cronista”?
—Formar en el futuro un grupo empresario que tuviera una base en medios y una base en activos físicos, instalaciones, que permitieran el desarrollo de negocios con una amplia sinergia.

—¿Juntar La Rural y un canal de televisión lo tomó de Disney, que piensa que los parques de entretenimiento y los medios son distintas formas de comunicación?
—Exacto, negocios complementarios.

—¿Cómo le fue con Manzano de socio?
—Valoro esa experiencia positivamente. El tiene una historia, un pasado, público y conocido. Lo reconozco por su capacidad e inteligencia, y creo que hemos encontrado un equilibrio, entre la creatividad y su impulso creativo y la gestión empresaria, que es lo que nosotros estamos aportando.

—¿Por qué se levantó el programa “Fuego cruzado”, de Longobardi y Leuco?
—Porque no se puede hacer un programa crítico donde la expectativa de la audiencia espera que todas las semanas se haga un nocaut. Se puede tener una posición crítica, pero también hay que compensar con otras visiones plurales. Creo que “ Fuego cruzado” duró siete u ocho ediciones porque su voltaje era insostenible.

—¿Insostenible en lo periodístico o insostenible desde el punto de vista de los problemas que le traía al canal?
—Era una combinación. Yo vi que Longobardi y Leuco estaban sobregirados.

—¿Pero ellos querían seguir?
—Marcelo (Longobardi), no.

—América TV tiene muchos socios importantes: Eurnekian, Vila, Avila, Manzano y usted. ¿Considera conveniente que en el futuro haya una consolidación en manos de algún accionista que sea claramente mayoritario? ¿Usted estaría interesado en ser ese actor principal?
—A mí me gusta el equilibrio de lo 50% y 50%, como condición ideal de tener socio.

—Como lo de Deutsch y su abuelo.
—Sí, a mí me parece que las mitades son un equilibrio natural y las decisiones tienen que tomarse por consenso. Creo que vamos a ir concentrando en dos grupos.

—¿En el caso de “Ambito Financiero” también cree que debería haber una concentración en menos socios?
—En Ambito Financiero tenemos una posición muy minoritaria, la cual creo que no tiene un valor estratégico, solamente un valor económico.

—¿Está dispuesto a venderla?
—Exactamente.

—En 2002 usted estuvo interesado en comprar Telefe y Canal 9, ¿qué hizo mejor Hadad para quedarse con el Canal 9 en lugar de usted?
—Hizo una oferta más alta que para nosotros era exagerada por el valor del activo que tenía. El ofreció 12 millones de dólares y yo 500 mil dólares.

—De los 12 millones de dólares, una gran parte era en publicidad en el propio canal y el cash rondaba los 3 millones.
—Pero aun así nos parecía cara porque el canal no valía nada.

—Valía casi como la deuda que asumía el comprador, que era de varias decenas de millones; por tanto, considerando la deuda parte del pago de 3 millones frente a varias decenas de deuda, no era una gran diferencia. ¿Usted se encaprichó?
—Póngalo de esta forma, pero en el ámbito empresario, cuando se hace una valuación, hay que sostener ese valor. Era casi una cuestión de principios, en vez de capricho, decirle al vendedor: “ Lo que usted tiene no vale nada”.

—Pero al final terminó pagando más caro el 50% de América TV años después.
—Sí, pero América tenía un concurso cerrado mientras que Canal 9 no, generando una contingencia indefinida. Además, en América entrabábamos con los socios que la estaban gestionando, mientras que en el caso deCanal 9 le entregaban a uno el bebé y se tenía que arreglar solo.

—Hadad tuvo menos miedo que usted.
—Sin duda. Pero creo que se probó que la economía de Canal 9 –intento de Tinelli por medio– nunca convalidó el valor de compra de Hadad. Ni 500 mil dólares ni los 12 millones de dólares o los 3 millones cash.

—Pero logró volverlo por más dinero del que colocó y es el mercado el que convalida el precio.
—Convalidó un valor. Cinco años después y con un proceso de renegociaciones que, por mi práctica empresaria, yo no estaba dispuesto a aceptar. No sé si a Hadad le aportó pero a mí no me hubiera aportado nada.

—¿En esos años también estuvo por asociarse con Tinelli. ¿Por qué no lo hizo?
—Porque la invitación de Tinelli de hacernos socios en un 30% de su productora tenía como condición que nosotros nos hacíamos cargo de la gestión empresaria. Pero nos dimos cuenta de que estábamos hablando de cosas distintas. Marcelo (Tinelli) prefería seguir conduciendo su empresa y así yo no le servía como socio. Entonces me retiré.

—¿El no quería cambiar su estilo?
—No.

—¿Se arrepiente hoy?
—Para nada. Las sociedades van mucho más allá de los porcentajes, jamás hubiéramos podido convivir.

—Con Telefe, Canal 9 e Ideas del Sur en 2002 usted no aplicó los mismos racionales que luego usó para adquirir América o “El Cronista”. ¿Qué cambió?
—Más que cambiar de opinión, fue la verificación de que la Argentina de 2002 no lucía que iba a recuperar el nivel de riesgo bajo que hoy tenemos. En aquel momento el riesgo en esas transacciones excedía al que yo quería asumir.

—¿La diferencia reside en que la economía argentina mejoró más de lo que imaginaba?
—Exactamente.

—Usted no terminó el secundario ni fue a la Universidad...
—No fui a la Universidad, pero terminé el secundario en el Instituto Juan XXIII. Hice parte del secundario en una academia militar en Canadá. Mis padres se habían separado y estuve en Toronto de los 13 a los 16 años.

—¿Con quién fue a Toronto?
—Solo. Era un estudiante pupilo.

—¿Por qué Toronto?
—Mi hermano mayor había ido al mismo colegio y en Canadá existía esa curiosa mezcla de lo tradicional inglés con el progresismo americano y francés. Yo estaba en la parte inglesa. Fue una experiencia que me forzó a disciplinarme en muchos aspectos.

—¿Lo marcó para toda la vida?
—Sí. A los 13 años subirse a un avión casi desconociendo el idioma, llegando a un colegio en donde la mayoría era de otra cultura, con la necesidad de integrarse y aprender una lengua y con una disciplina muy estricta... El deporte fue la forma de socializar y ahí me ayudó mucho el fútbol: en Canadá no era muy difundido y rápidamente logré ser el capitán del equipo; eso me permitió un lugar desde donde suplir debilidades. Lo más duro eran los sábados, cuando me quedaba solo con los pocos chicos que no volvían a sus casas. Cada vez que terminaba el año nos abrazábamos y llorábamos...

—¿Por qué no fue a la Universidad teniendo posibilidades económicas e intelectuales para hacerlo?
—Intenté. Comencé. (Se ríe) En mi familia siempre hubo una cultura muy fuerte del trabajo. Mi abuelo fue quien más marcó la línea familiar: tenía cuarto grado y conocimientos básicos. No había que ir a la Universidad sino a la empresa familiar. Hice el primer año de ingreso en la UCA pero opté por seguir trabajando.

—Y compensó patrocinando cátedras como la de la Universidad de San Andrés.
—Sí. En aquel momento había una posibilidad, y sobre todo viniendo de una familia muy acomodada económicamente, de hacer una carrera acumulando experiencia de trabajo. Hoy no, hoy es imprescindible tener una educación universitaria sea cual fuere la condición, porque la competitividad y el desarrollo personal y profesional lo requieren.

—¿Eso les exige a sus hijos?
—No se los exigí. Mi hijo mayor comenzó la Universidad y no la terminó. Mi segundo hijo la está terminando. Mi tercera hija la terminó en EE.UU. y los dos menores van al colegio.

—¿Cómo fue su historia familiar en Colombia, donde nació?
—Mi padre viene de una familia colombiana tradicional. Mi madre es hija de un inmigrante de la Segunda Guerra que se fue a EE.UU., donde terminó el colegio, y a los 18 años llegó a Colombia. A los 19 se casa con mi padre en Argentina, adonde mis abuelos ya habían emigrado. Mis padres regresan a Colombia a continuar con los negocios familiares. Allí nacen mis dos hermanos mayores –Juanita y Carlos–, nazco yo en Bogotá en 1953 y en 1954 se instalan aquí. Estuve tan poco en Colombia que mi primera Navidad la pasé en Buenos Aires.

—¿Su padre fue el introductor en la Argentina del café Juan Valdez?
—Sí. El trabajó un tiempo en la empresa familiar de mi madre y luego consiguió la representación del café de Colombia aquí. En ese momento la Argentina se abastecía de café brasileño y él introdujo los primeros sacos del colombiano. Para promoverlo generó la publicidad con la figura con Juan Valdez. De hecho, Valdez era un marplatense que Yuste Publicidad en los 60 creó para darle entidad al cafetero colombiano.

—¿Sabe que en la TV de EE.UU. se siguen usando los avisos de Juan Valdez?
—Ante el éxito, cafeteros de Colombia lo llevaron como una figura para el mundo. Pero el emblemático Juan Valdez era marplatense.

—Su abuelo materno, Carlos Steuer, ya era dueño en Checoslovaquia de la casa Te-ta, que significa Tía (literalmente, hermana de tu mamá). ¿Dejó su país y su empresa para venirse en 1939 por la guerra?
—Exacto. Fue por la invasión a Praga. Huyó en un tren con su hermano dejando parte de la familia, que pudo salir después. Llegaron primero a Suiza y después a Inglaterra. Se escapó en las primeras horas de la invasión porque su hermano Francisco participaba en política y eran buscados por el nazismo. Como mi abuela materna ya había vivido en la Argentina con su primer marido, y luego regresó a Checoslovaquía y se casó con mi abuelo, tenía pasaporte argentino y hablaba castellano. Ahí surgió el vínculo.

—Usted y su hermano Carlos sucedieron a su abuelo siendo muy jóvenes, ¿no había una generación intermedia?
—Sí había. Pero después de morir mi abuelo, tres tíos tomaron a cargo la compañía y en el lapso de un año fallecieron. Eso nos llevó a sucederlos en la gestión y conducción del grupo cuando no estábamos ni preparados ni entrenados para hacerlo.

—¿Qué edad tenía en ese momento?
—Yo tenía 27 años.

—¿Cuál fue el papel en Casa Tía del socio de su abuelo, su compatriota, Federico Deutsch, o sus descendientes, durante la vida de su abuelo y tras su muerte?
—La relación comienza con el padre, don Federico Deutsch, y Carlos Steuer en Europa. Ellos eran socios allá, se vuelven a encontrar acá y rehacen la sociedad. Era una relación de 50 y 50: nuestra familia tenía la gestión de los negocios y ellos eran socios pasivos. Así fue hasta que se vendió.

—¿Y pasaron tres generaciones?
—Exacto. Esas cosas no existen más. Fue una relación muy intensa. Ellos no tenían participación activa, tenían honorariamente la presidencia de la compañía, y nuestra familia tenía la dirección.

—¿Y al momento de morir su abuelo y sus dos tíos, nunca se dudó de que por la juventud de ustedes había que cambiar esa división de roles y la segunda generación de los Deutsch pasar a manejar Tía?
—No, siempre se respetó ese código.

—¿Por qué no pudo armonizar con su hermano en la conducción de Tía?
—Porque teníamos una visión bien distinta de lo que pasaba e iba a pasar en el país y en la compañía. Veía que Argentina entraba en un proceso de globalización, en donde venía una modernización de los sistemas de distribución, y Tía no estaba preparada. Estábamos preparados para ganar plata con la inflación y sin competencias, y se venía baja inflación o no inflación y alta competencia. Mi hermano no pensaba eso. En lo personal, él tiene una visión empresaria con difíciles rasgos de concreción, y yo soy un tipo más concreto que me permito fantasear y volar, pero que al final del día las cosas tienen que suceder. Esa fue la incompatibilidad.

—¿De difícil concreción quiere decir que es más decidido que su hermano?
—No, no lo plantearía de esa forma. La imaginación que tiene Carlos para generar posibilidades de negocios es ilimitada, pero la posibilidad de que esos negocios se concreten, al menos con la capacidad de bolsillo que nosotros teníamos, era imposible.

—¿El es más soñador?
—Exactamente.

—¿Es cierto que tras una pelea llamó a una mudadora para que sacara las pertenencias de su hermano y lo echó?
—Sí, es cierto.

—¿Fue Marcelo Capurro, actual director de la revista “Debate” y el publicista que atendía la cuenta de Tía, quien le aconsejó echar a su hermano?
—No, era obvio que había dos timones. Capurro, entre otros, me decía: “ Mirá, así no se puede conducir”. Era obvio que uno de los dos tenía que hacerlo. Los principales accionistas, entre Andrés Deutsch y mi madre, decidieron que fuera yo.

—¿Eso en qué año fue?
—Yo asumí la conducción en el ’87.

—¿Después de eso intentó suicidarse en 1992 en una habitación del Hyatt?
—Fue el final de un proceso muy duro, de transformación familiar, profesional, y una exigencia que me llevó al borde de esa situación. Una cicatriz que superé, pero que fue consecuencia de un estrés fenomenal.

—¿Cuántos años pasaron al frente de Tía hasta el intento de suicidio?
—Asumimos la conducción los dos hermanos cuando yo tenía 27, continúo solo a partir de los 31 y ese episodio fue a los 39 años.

—¿Fue por la presión de ser el número uno de Tía en ese contexto de cambio?
—Yo diría... Habiendo hecho todo el cambio, habiéndola profesionalizado, conducido a Tía a que tome decisiones de mercado, habiendo hecho una transformación familiar muy profunda, cuando terminé bajé los brazos y dije: “ No quiero más ”.

—¿En ese momento también se separó de su primera esposa?
—Al año siguiente.

—Tuvo la crisis de los 40 completa.
—Sí, completa.

—En su brazo tiene tatuado el anagrama chino que dice “crisis es oportunidad”. ¿Tiene que ver con su intento de suicidio y el hecho de que después su vida haya cambiado para mejor?
—Creo que las crisis hay que pasarlas, no sobrepasarlas. Cuando se las pasa, queda marcado. Y una forma de no olvidarme de esa marca es llevarla en mi cuerpo.

—¿Cuántos años después vendió Tía?
—Fue en 1999, pero ya no estaba en la gestión. Parte del proceso de crisis fue retirarme porque entendí que luego de la profesionalización yo era el último de los miembros de la familia que iba a estar en la gestión. Y esa crisis me llevó a retirarme y nombrar a un directorio profesional que condujo la compañía tácticamente bien entre 1993 y 1999. Cuando se vendió, no era el CEO, era el director.

—¿Cuánto se pagó por ella?
—638 millones de dólares.

—¿Qué porcentaje de las acciones eran suyas?
—Prefiero no responder esa pregunta (N. de la R: por la estructura familiar los analistas le asignan una cuarta parte del total).

—¿Cuánto gastó de los US$ 200 millones de la venta de Tía que le asignan?
—Bastante, pero invertí bastante más.

—¿Sigue teniendo la misma cantidad, entonces?
—Tengo bastante dinero, sí. Pero he hecho inversiones con las ganancias.

—¿Por qué tantos empresarios vendieron sus empresas?
—Hay varios factores. Una brutal desigualdad cuando se producen las crisis recurrentes de Argentina, en donde la capacidad competitiva para sobrepasar esas crisis por el costo de capital, frente a las empresas internacionales, en ciertos sectores ponen en no competitivas a las locales.

—¿Son financieras, de espaldas, o de gestión y management?
—Hay una cuestión generacional. Distinto pudo haber sido Alfredo Fortabat en su momento, o el señor Otto Bemberg o el caso nuestro. Como tercera generación yo sentía que tarde o temprano iba a entrar en crisis y todos los accionistas, por más voto que yo hubiera tenido, me hubieran reclamado por una mala conducción cuando era imposible hacer frente al conflicto competitivo que teníamos. Hay una necesidad de que el Estado proteja de forma eficaz y eficiente al empresariado argentino. Hay una desprotección de ciertos sectores y, sobre todo, de sectores estratégicos frente a una globalización. Tomemos Brasil: ¿por qué nosotros hemos perdido sectores estratégicos frente al avance de las inversiones brasileñas? Porque la capacidad de financiación, de management y la internacionalización que genera Brasil es despareja con la que nosotros tenemos. Es el caso de YPF, que fue comprada por Repsol y financió su compra en 3,5% mientras que el dinero en ese momento nos costaba 14%. YPF tenía rentabilidad y un flujo de pago garantizado al 3,5%, pero al 14% era impagable. Obviamente, no podía seguir teniendo 55 mil empleados, podía tener 5 ó 6 mil y ser una empresa muy rentable como lo hizo Repsol. No tengo dudas de que tendríamos una Argentina distinta si YPF, bajo capital nacional, privado o mixto, hoy fuera argentina y no una empresa extranjera, por el peso específico que tiene el valor de la energía en nuestro país. Son decisiones que hacen a la construcción de un país, de una sociedad, en donde yo creo que durante muchos períodos el Estado se desentendió: “Señores, esta es la libre competencia”, y así no funciona en Argentina.

—¿El núcleo del problema por el cual los extranjeros compran empresas argentinas y los argentinos las venden sería el costo del dinero?
—Sí, el costo del capital.

—No hace mucho quiso volver a comprar supermercados. ¿Fue por nostalgia?
—Sí, me hubiera encantado poder comprar Disco. Tuvimos una oferta muy agresiva como para poder hacerlo. El Gobierno no entendió que el sector de la distribución es un sector también estratégico para la economía de un país. A iguales condiciones, sin ningún tipo de preferencias, no lo pudimos hacer. Hay una parte de nostalgia.

— ¿El Gobierno no entendió o tuvo que ver el hecho de que usted ya era opositor?
—Quiero pensar lo primero. Aunque yo era crítico del Gobierno en ese momento

— Si usted hubiera vuelto a ser dueño de supermercados, ¿hubiera aceptado sumarse al control de precios de Moreno?
—No.

—¿Por qué los empresarios no se animan a decir en público lo que dicen en privado?
—Porque privilegian o mal privilegian los resultados económicos del mes frente a lo que, tarde o temprano, van a pedir calidad institucional cuando sus balances les den error.

— ¿El Foro de IDEA se fue extinguiendo por temor a Kirchner?
—Y por incapacidad de los empresarios que lo integran y representan.

—Hábleme de los dos últimos: el primer caso fue el de Alfredo Coto, quien dijo que la inflación podía ser del 12% y un rayo cayó sobre él. El segundo fue el de Pescarmona, que trató de ser conciliador.
—Coto fue brutalmente sincero, como tiene que ser quien preside una institución como IDEA en un marco donde la inflación comenzaba a ser un tenue problema. Esa sensibilidad le costó la reprimenda del Presidente y la no solidaridad de sus colegas: nadie salió a defender lo que Coto genuinamente decía en nombre de todos. Creo que en el caso Pescarmona, él estaba gestando contratos con Venezuela en el orden de los 400 millones. Mezcló sus intereses particulares, que tiene todo el derecho de defender, con los intereses del grupo de IDEA que él tenía que representar.

— ¿Qué empresario admira y le parece que podría conducir alguna de las organizaciones empresariales?
—Diferencio al pequeño y mediano empresario en Argentina, en donde veo una enorme pasión por su gestión, por lo que hacen, por el riesgo empresarial, sea producto o servicio, pero todos tienen casi un defecto de nacimiento: la informalidad de sus gestiones, porque sino podríamos decir que casi el 50% de la economía es en negro. Alguien lo está produciendo: eso los inhibe de tomar posiciones públicas, por tener la “ cola sucia”, y este Gobierno es implacable a la hora de recibir una opinión de alguien que pueda estar en esas condiciones. En los grandes empresarios o las empresas grandes, hay transparencia en sus gestiones por obligación: no les queda alternativa y hay una cuestión de conveniencia porque priorizan sus balances. Quiero rescatar y me gusta la gestión de Luis Pagani. Ha sabido llevar su grupo empresarial, pero frente a la AEA (Asociación Empresaria Argentina) no expresa una opinión frente a lo que pasa en la sociedad y no solamente al sector empresarial. En eso yo le cargo la responsabilidad de presidir una institución que debería levantar su voz sobre ciertas cosas que pasan hoy en Argentina, y deberían llamar la atención del empresariado.

—¿Admira su gestión en su empresa y le critica su gestión en AEA?
—La misma capacidad que tienen y demuestran varios para gestionar sus empresas no la ponen en defender genuinamente y representar los intereses del sector. Están primando siempre el interés particular sobre la representación colectiva del empresariado.

—¿En Colombia es distinto?
—Sí. Hay grupos empresarios fortísimos que representan los intereses del sector, como la Corporación Andina.

— ¿Por qué no sucede en la Argentina?
— Porque creo que aquí los empresarios han ido diluyéndose en una especie de juego de “ sálvese quien pueda”, por falta de compromiso cívico del empresario. Un compromiso que va mucho más allá de las empresas: un compromiso con la Argentina. No terminamos de entender que somos parte del problema social, porque si le va bien o mal al país también somos responsables.

—¿Se refiere a la identidad nacional?
—Sí, creo que nosotros carecemos de eso. Los colombianos, los chilenos, los brasileños y hasta los uruguayos la tienen más desarrollada.

—“Los tres mosqueteros” de las fiestas fashion de los 90 eran usted, Mauricio Macri y Manuel Antelo. ¿Es mera coincidencia que dos de esos tres empresarios hayan pasado a ser políticos?
—No, creo que no.

—¿A qué obedece?
—Sé que tanto en el caso de Mauricio como en el mío, que pasamos por ese momento frívolo de la vida y estoy seguro que tanto él como yo lo difrutamos y no nos arrepentimos, también sentimos en un momento que nos faltaba asumir el compromiso.

—¿Agotados todos los placeres de la vida frívola, lo que les queda es buscarse una ocupación más trascendente?
—Pienso que sí. Haber agotado esa etapa frívola de la vida a determinado momento, cuando no se hace el ridículo, porque hay un momento en que la cédula marca.


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