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POLITICA /
sábado 31 enero, 2015

Antes y después de la entrevista de Perfil.com con el ex-SIDE, Iván Velázquez

Acusaciones, amores y odios, operaciones y la bastardeada libertad de expresión. Apuntes desde el país de la grieta.

por Redacción Perfil

Foto: Cedoc.
sábado 31 enero, 2015

Todo comenzó a gestarse tras la publicación de una nota sobre las conjeturas e hipótesis tras la muerte del fiscal Alberto Nisman. Para ello, entrevisté a mujeres víctimas del gobierno kirchnerista para consultarles si creían que este gobierno estaba dispuesto a todo, incluso a asesinar al fiscal.

El exespía Iván Velázquez comentó una apreciación personal en mi cuenta de Twitter y empezamos a conversar en privado. Casi de inmediato me pasó su teléfono para conversar, con mayor profundidad, sobre la supuesta disolución, encarada por la Presidenta, en la ex-SI. Velázquez asegura ser un perseguido político, está procesado en una causa conocida como el “Watergate Latinoamericano” por la jueza de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, exmujer de Nisman y se lo vincula con Aníbal Fernández.

Los diez minutos que publicó Perfil.com son sólo un extracto de los 90 que duró la entrevista en la que Velázquez apoyó la teoría del suicidio de Nisman, destruyó a Jaime Stiuso, criticó al Gobierno por haber generado esa inmensa red de corrupción dentro de los servicios de inteligencia y elogió la decisión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de disolverla. Realmente, me sorprendió. En primer lugar que aceptara a que se publicara su voz y, en segundo, sus declaraciones sobre el poder del “General de Cristina”, César Milani, un sapo que, según él, nos comimos los periodistas.

La entrevista con Velázquez abre un debate interesante sobre la libertad de expresión y del periodista a entrevistar a ciertos personajes. Tras la publicación de la polémica entrevista, justificada por Velázquez porque confiaba en mí y en que no descontextualizaría sus respuestas, pasó de todo. Cabe aclarar que el exespía también consideraba oportunidad hablar, tras ocho años de silencio, en el grupo de medios que había hecho lo propio el flamante enemigo público Nº1 del kirchnerismo: Jaime Stiuso.

Mientras tanto, en menos de 24 horas pasé de ser el valiente periodista que se había animado a investigar los desaguisados y negocios en la política de derechos humanos K a un “traidor hijo de puta” y un “estúpido” que es “funcional al kirchnerismo”. Vale recordar que el periodista no está para juzgar y si pudiese entrevistar a un asesino, un violador de menores, un empresario inescrupuloso o a la mismísima Presidenta de la Nación lo haría.

No darle voz a aquel que no piensa como nosotros nos convertiría en periodistas “militantes” del país que cuenta los días para que se termine el kirchnerismo. Ese es el grave problema que tiene la prensa oficialista: no escucha ni interpela a aquel que no piensa como él. Ahí radica su fracaso, más allá de que “chuparle las medias” a un gobierno y defenderlo es más aburrido que chupar un clavo. Eso sí, paga bien.

Tras la nota recibí invitaciones de periodistas que jamás me habían entrevistado y visité por primera vez C5N. ¿Acaso no debería ir? Es posible que la entrevista haya sido ideada por alguien que busca desviar la atención. Lo sospeché y se lo pregunté al entrevistado que, obviamente, lo negó.

La guerra de los espías se ha trasladado al periodismo. Es un error. En estos momentos estoy concluyendo una entrevista con otro exintegrante de las fuerzas de seguridad argentina que asegura que a “Nisman lo mató el gobierno”. Seguramente, esa nota no la difundirá la cuenta oficial de la Casa Rosada como, increíblemente, hizo con la de Velázquez.

El gobierno utilizó esa entrevista. Problema de ellos. Si la fiscal o la jueza que investigan la muerte de Nisman quieren descubrir si Velázquez es un mitómano, tiene buena información o conoce qué pasó con el fiscal que incomodó al Gobierno, sólo tienen que llamarlo.

En la década ganada se le exige al periodista que sea el fiscal del pueblo. Nos debemos a nuestros públicos pero no deberíamos caer en el sectarismo. A Velázquez intenté hacerle la mejor entrevista posible y le discutí sobre su teoría sobre la muerte de Nisman, la influencia de Milani sobre la Presidenta y los motivos que lo decidieron a hablar con Perfil.com y conmigo en particular. El tiempo dirá quién estaba equivocado.

 

(*) Especial para Perfil.com | En Twitter: @luisgasulla


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