El imperativo de la alegría constante y la cultura del "disfrute" sin pausas encuentra su límite en el escenario. El Teatro Picadero (Pje. E. S. Discépolo 1857, CABA) recibió la segunda temporada de Feliz Día, la novena creación de Sutottos. La obra, que llega precedida por los laureles obtenidos en el Festival Vegas Bajas de España -donde se alzó con los premios a Mejor Obra y Mejores Actores-, utiliza el humor para amplificar y exagerar la exigencia contemporánea de pasarla bien a toda costa.

La trama presenta a dos hermanos mellizos de 40 años que aún conviven con su madre, manteniendo un vínculo marcadamente edípico. En su cumpleaños, un momento que socialmente representa el pico máximo de felicidad obligatoria, ambos personajes enfrentan sucesivos fracasos mientras esperan invitados que nunca aparecen. Según explica uno de los dos protagonistas, Andrés Caminos, la intención fue abordar una presión que se traduce en frases hechas y mandatos cotidianos: "Queríamos hacer una comedia que pudiese tocar este tema porque veíamos que hay demasiada presión sobre estar bien siempre. Un día sin sonrisas es un día perdido, vive, ríe, ama y sueña; en principio parece divertido, pero cuando se traduce en una forma de pensar es para alarmarse", señala sobre el motor de la obra.
El proceso creativo y la mirada colectiva
El espectáculo es el resultado de un proceso de investigación de un año, donde la realidad cotidiana sirve como materia prima para los textos. La dinámica de trabajo de la dupla compuesta por Caminos y Gadiel Sztryk alterna constantemente entre la escritura y la actuación, probando el material mediante la improvisación antes de fijarlo. "Escribimos y vemos cómo funciona; es un proceso largo que nos lleva un buen tiempo y que también incluye la composición de las canciones", detalla Andrés durante una entrevista exclusiva. Aunque ambos asumen la dirección y la dramaturgia, el proyecto se nutre de una red de colaboradores de confianza que aportan la mirada externa necesaria para perfeccionar el hecho vivo del teatro.

En esta arquitectura escénica, el equipo técnico juega un rol fundamental para situar al espectador desde el primer minuto. El diseño de vestuario de Analía Cristina Morales y la escenografía de Ariel Vaccaro funcionan como soportes críticos para la construcción de los personajes, mientras que la iluminación de Matías Sendón y el diseño de movimiento de Luciana Acuña terminan de delinear la atmósfera de la pieza. La música, otro pilar de la identidad de Sutottos, cuenta con canciones escritas por Pablo Viotti junto a los Sutottos, sumando el diseño sonoro e incidental de Viotti para completar la experiencia.
Una catarsis sobre los vínculos familiares
Más allá de la parodia social, la obra cala hondo en las dinámicas familiares, particularmente en el favoritismo materno, un tema que resuena con fuerza en las devoluciones del público tras las funciones. "El espectáculo exagera un montón de comportamientos, los lleva a un lugar paródico. Todos tenemos esa necesidad y esa presión por estar bien, y aquí eso sucede al extremo", explica Caminos. Para el dúo, el teatro cumple una función aliviadora al permitir que la audiencia se ría de sus propios defectos y limitaciones. Aquí la entrevista completa:
La producción, a cargo de Sutottos y Marianela Faccioli -quien también se desempeña en la asistencia artística y de dirección junto a Manuela Bottale-, apuesta una vez más por el Picadero como un espacio de encuentro genuino. Las funciones se realizarán todos los sábados a las 18, invitando a una catarsis colectiva donde, entre carcajadas, se cuestiona si realmente es posible -o necesario- cumplir con el deseo de tener un "feliz día". Encontrá acá más info sobre las entradas.