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ACTUALIDAD / VISITA REAL EN ARGENTINA
lunes 18 marzo, 2019

Margarita II, la reina del "país más feliz del mundo" es artista, feminista e intelectual

Los daneses están orgullosos de decir que ella, que está de visita en la Argentina, es la primera monarca "electa" democráticamente.

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por Darío Silva D'Andrea


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La reina Margarita II y la Familia Real de Dinamarca. Foto: AFP/AP
lunes 18 marzo, 2019

Todos conocemos a Isabel II de Inglaterra, a Sofía de España o a Máxima de Holanda, pero pocos argentinos hemos escuchado, leído o visto algo sobre la reina de Dinamarca, que visita estos días la Argentina. Se trata de Margarita II, una mujer de 79 años que lleva 46 años sentada sobre el milenario trono danés y, aunque su tranquila vida se ha mantenido lejos de la prensa amarillista, su vida y su personalidad reúnen algunas particularidades muy interesantes: es mujer, madre, abuela, artista, economista, politóloga, arqueóloga, artista y diseñadora.

Margarita nació el 16 de abril de 1940, días después de que los nazis invadieran Dinamarca y sometieran a la familia real a un obligado silencio. Su madre, la princesa Ingrid de Suecia, desafiando a las autoridades de la ocupación, salía con su pequeña hija por las calles de Copenhague, donde recibía el saludo de los daneses. En esas épocas oscuras, el nacimiento de la princesa supuso un rayo de luz para miles de daneses que ejercían la resistencia al nazismo. Su abuelo, el rey Christian X, apareció entonces como un rey guerrero que desafió a las autoridades nazis con palabras y con gestos, como el salir en su caballo a recorrer las calles de la ciudad y demostrar al pueblo que seguía siendo el rey. El padre de Margarita, el “rey marinero” Federico IX, no solo era marinero, sino que también tenía tatuajes y dirigía la orquesta sinfónica nacional, la gran pasión de su vida.

familia real de dinamarca

Reina democrática. La ocupación alemana dejó profundas huellas en la política y cultura danesas de los años posteriores, caracterizados por el enfrentamiento entre el movimiento de la resistencia y los políticos. Los jóvenes de las resistencia luchaban por una mayor seguridad expresada en los derechos a la libertad, lo que fue decisivo para la Constitución de 1953. Aquella lucha afectaría directamente a la monarquía danesa y por ello en Dinamarca se suele decir que Margarita II es la primera reina electa democráticamente. Sus padres solo tuvieron tres hijas mujeres en un momento en que las leyes danesas prohibían al sexo femenino tomar la corona. Los daneses fueron llamados a un referéndum totalmente democrático en el que decidieron abolir la ley que discriminaba a las mujeres porque deseaban que Margarita (y no su tío) fuera la siguiente reina. Los daneses, parte de una sociedad profundamente igualitaria, se sienten orgullosos de tener una reina en lugar de un rey.

Reina artista y arqueóloga. La princesa Margarita es la monarca más y mejor educada de un árbol genealógico con 42 monarcas. Primero fue educada dentro del palacio de Amalienborg, debido a la ocupación nazi, pero se convirtió en la primera miembro de la familia real en estudiar en una escuela pública. Más adelante, estudió Ciencias Políticas en las universidades de Copenhague y Cambridge, y Arqueología en la universidad de Arhus. En su vida privada, Margarita II cree que, de no haber sido reina, podría haber sido pintora, escultora, diseñadora de interiores o dedicarse a alguna actividad en el mundo teatral. Intelectual y políglota, escribió varios libros y tradujo otros al danés, como “Todos los hombres son mortales”, de la filósofa y feminista Simone de Beauvoirs, e ilustró la saga “El señor de los anillos” de J. R. R. Tolkien.

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En La Sorbonne estudió Economía y fue en esos años donde conoció al amor de su vida. El aristócrata francés Henri de Laborde de Monpenzat, secretario de la embajada de Francia en Londres, conoció a la princesa en una fiesta y nunca la dejó. La boda fue totalmente sorprendente: Henri se convirtió en el simpático esposo de la princesa que cambió su nombre a su versión danesa, “Henrik” y abandonó el catolicismo, aunque le costó mucho aprender a hablar danés. Desde entonces, Henrik luchó toda su vida por dominar la difícil posición dentro del establishment danés, donde sólo era el príncipe consorte. Difícil fue también la vida del príncipe heredero, Federico, que tiene 50 años. La prensa del corazón de las décadas pasadas publicaba páginas y páginas sobre sus relaciones frustradas, al parecer boicoteadas por una madre estricta que no deseaba como nuera a una “plebeya”.

Una reina que no se queda callada. La muerte del rey Federico IX fue inesperada y sucedió poco después de enfermar. La princesa vestida de luto, a los 27 años, apareció en un balcón del palacio Christiansborg para ser proclamada reina por el primer ministro ante 70.000 ciudadanos y una audiencia televisiva de 5 millones de daneses. No hubo coronación alguna, siguiendo la costumbre de la democrática monarquía danesa, pero sí profundos cambios en la corte danesa. Fuertemente igualitaria y feminista, Margarita II se decidió a dar aire nuevo a la monarquía pero -contrario a lo que se espera de una monarca constitucional- no dejó de ejercer una gran influencia en la vida política y social de Dinamarca. Al contrario.

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Considerada la persona mejor informada del pequeño “país más feliz del mundo”, Margarita II pisó fuerte en la modernización de la corona danesa. Sustituyó las ceremonias anticuadas, los modos arcaicos y las formalidades innecesarias (eso sí, sin dejar jamás que alguien la tratara como igual) y comenzó a viajar por cada rincón del país y se reunió en los últimos 47 años con a legisladores, ministros, políticos, artistas, intelectuales, escritores, periodistas, diplomáticos y gente de todo tipo de todo el mundo. Con grandes conocimientos de política y economía, Margarita II viajó a rincones impensados del planeta, desafiando adversidades climáticas y políticas, y ayudó a entablar relaciones firmes con los países menos pensados.

En sus discursos de Año Nuevo, Margarita II no duda jamás en expresar muy sutilmente sus puntos de vista que de alguna manera son políticos pero que en el discurso están redefinidos como problemas éticos y morales. Todos recuerdan cuando, en 1984, reprendió a los daneses por el trato que proferían a los refugiados que llegaban a Dinamarca: “Cuando los vemos inseguros frente a nuestros patrones culturales y nuestro idioma, se nos acaba la hospitalidad y los recibimos con frialdad y no queda mucho para la chicanería y métodos más violentos”. En otra ocasión, refiriéndose al cuidado del planeta, hizo un fuerte llamado de conciencia contra la moda de “usar y tirar”, comentarios firmes y claros que hicieron que la popularidad de la reina creciera a máximos impensables. Cuando le preguntaron por qué era tan directa, respondió: “Si un jefe de Estado que firmó la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unida no puede hablar de un tema específico, ¿cuál es el sentido de esa firma?”


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