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sábado 24 agosto, 2013

Pese al boom de Perú, no cesa el éxodo a Argentina

La migración peruana sigue creciendo: en diez años se quintuplicó y ya es la tercera comunidad extranjera del país.

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por Redacción Perfil


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Foto: Cedoc
sábado 24 agosto, 2013

Entrar en la Galería LH, en Once, es como volver al Perú. Con apenas un pie adentro, me asalta el aroma de los platillos típicos a la hora del almuerzo: "ají de gallina", tamales o arroz con pollo que se venden en carretillas a la entrada.

Los locales tienen nombres como Esplendor de Machu Picchu, entre sus vidrieras aparece la bandera blanquirroja y por los pasillos se escucha cumbia peruana. Pero si por un instante me siento trasladada al centro de Lima, el hechizo se rompe al oír a algún compatriota hablando con inconfundible acento argentino. "Se trata de una estrategia", opina Manuel Macchiavello, que trabaja en Argenper, agencia peruana de envío de divisas.

La tonada peruana, o los modismos no se pierden espontáneamente, sino que hablar "en argentino" sirve para integrarnos. “Puedo decir ‘che, vos’, pero cuando estoy entre peruanos, vuelvo a mimetizarme”, comenta. Manuel llegó a la Argentina en 1997 para estudiar en La Plata, pero se fue quedando. “Mi plan era sencillo: hacer la carrera y con el título en la mano, volver a Lima.” Dieciséis años después, casado y con dos hijos argentinos, sólo viaja a Perú de vacaciones.

El “uno a uno”. En Buenos Aires vive la comunidad peruana más numerosa en el mundo, mayor que las de Madrid o Miami, y según el Observatorio de las Colectividades de la Ciudad de Buenos Aires, es la tercera más numerosa del país, después de la paraguaya y la boliviana. El censo de 2001 ya registraba 88.260 peruanos residentes, es decir el 5,76% de los extranjeros. Según la Cancillería de Perú, en 2003 ya eran 140 mil, mientras que hoy se estima que son 200 mil en Buenos Aires y unos 350 mil en todo el país.

En la capital se concentran principalmente en los barrios de Balvanera, La Boca y San Telmo. La inmigración peruana en la Argentina comenzó de manera importante a partir de mediados de los 50, pero desde los años 90 se multiplicó por dos factores: lo conveniente del “1 a 1”, para enviar dinero al exterior, y la situación caótica que vivía el Perú por la violencia terrorista y la inestabilidad económica que había legado el gobierno de Alan García.

Además, Argentina ofrecía el atractivo de sus flexibles leyes migratorias. A diferencia de Estados Unidos y de los países europeos, no se necesitaba visa para ingresar y estaba la cercanía geográfica y el idioma en común. Pero el país estaba lejos de ser el paraíso para los recién llegados: obtener la radicación antes del Plan Patria Grande (en vigencia desde 2006) era complicado y la gran mayoría de los inmigrantes quedaba en la ilegalidad. Los medios para obtener rápidamente la radicación eran dos: casarse con un/a argentino/a, o tener un hijo en el país. Durante esos años, se produjo una persecución y deportación masiva de peruanos ilegales.

La galería LH, casi exclusivamente regenteada por peruanos, sufrió una veintena de redadas. “En el gobierno de Menem se construyó una idea en el imaginario social que nos relacionaba con gente de mal vivir. Fuimos el chivo expiatorio de la inseguridad que se vivía. Clarín se refería a nosotros como ‘los ilegales’, y a los muchos argentinos que vivían en España sin documentación los llamaba ‘los sin papeles’”, recuerda Macchiavello.

Osmar Gonzales, sociólogo y agregado cultural de la Embajada peruana en Argentina, asegura que la imagen del peruano ha mejorado sustancialmente con relación a aquellos años. “El problema de los estereotipos es que cuesta mucho construir una imagen positiva y muy poco destruirla”, afirma. Los prejuicios y la discriminación hoy, si bien algo diluidos, continúan presentes. “En los noticieros decir ‘peruano’ es como decir ‘delincuente’, van ligados”, se queja Ana María Pérez, empleada en un locutorio de la Galería LH y residente desde hace cuatro años, pero advierte que hay prejuicios incluso dentro de la comunidad: “Los peruanos que viven en departamentos discriminan a los peruanos que viven en la villa. Piensan que roban, que son chorros. Hasta entre nosotros generalizamos”.

¿Y el derrame? Hoy el Perú se encuentra en una situación económica que sus vecinos envidian. Gracias al impulso de sectores como construcción y minería e hidrocarburos pudo eludir la crisis internacional. En abril, la economía registró un crecimiento del 7,65%, con lo que el PBI cumplió 44 meses consecutivos en franco crecimiento, según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).

En la Argentina, lo que crece mes a mes es la inflación, mientras el cepo cambiario cada vez dificulta a los inmigrantes el envío de remesas a sus países, uno de los objetivos primordiales de la inmigración. ¿Por qué crece entonces la comunidad peruana? “Los que están acá, se quedan acá”, dice Macchiavello; “Argentina se va a levantar. Este es un problema coyuntural, un período de crisis que en este país se dan en vaivén. Y eso lo sabe el peruano, por eso no se arriesga a volver”. Aproximadamente el 70% de los peruanos llegaron en los años 90. Hoy tienen familia e hijos nacidos en Argentina; ya “echaron raíces” y se sienten integrados. Sólo en Buenos Aires hay más de treinta asociaciones, campeonatos deportivos, procesiones religiosas, medios de comunicación y empresas.

A treinta años. El flujo inmigratorio, lejos de disminuir, se ha intensificado y los peruanos siguen llegando. Según datos de la Dirección Nacional de Migraciones, en 2008 fueron 22.383 los que iniciaron trámites de radicación, mientras que en 2012 se llegó a los 46.580 trámites. Es que pese al crecimiento económico que vive el Perú, la repartición de la riqueza continúa siendo desigual. “La gente no migra si está bien, al contrario; pero el asunto es que los ingresos que se están obteniendo en el país no son repartidos equitativamente. El problema en el Perú no es la acumulación de dinero sino las desigualdades, que se mantienen”, comenta Osmar Gonzales, el agregado cultural de la Embajada del Perú en Argentina. Es que, más allá de las cifras oficiales y las optimistas declaraciones del presidente peruano Ollanta Humala, el Perú no se encuentra todavía en posición de ofrecer a sus ciudadanos las oportunidades y condiciones que en Argentina sí pueden encontrar, como el acceso a la atención médica y a la educación gratuitas y de calidad. “Va a pasar un tiempo, unos veinte o treinta años más para ver la riqueza reflejada en la calidad de vida de la gente. Y si no lo crees así, fíjate por qué vienen tantos miles de peruanos a estudiar acá, pudiéndolo hacer allá”, sentencia Macchiavello.

*Periodista peruana radicada en la Argentina.


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