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ESPECTACULOS / diego torres
sábado 10 agosto, 2013

"Esta Argentina es una especie de 'Vecinos en guerra'"

El actor-cantante habla de su trabajo con Sebastián Ortega, el rating, su nueva vida de “amo de casa”. Asegura ser independiente y no se siente alineado ni en uno ni en otro lado.

por Redacción Perfil

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sábado 10 agosto, 2013

Espontáneo y profundo, el actor y cantante  volvió a la pantalla con Vecinos en Guerra,  de Underground, la tira que acaba de pegar el “volantazo” al morir, se supone asesinado el personaje de Mike Amigorena, y pasó a ser una comedia “con tintes policiales”. En ese contexto, Rafael (Diego) quedará como sospechoso de haberlo matado, al igual que Ivana (Antonópulos). También tuvo cambio de horario y ahora se emite por Telefe en competencia directa con Farsantes de El trece, y va de martes a viernes. En pareja con la modelo Débora Bello y padre de Nina, quienes esuvieron viendo el set de grabación en Martínez, confiesa entre risas que saca turno para cambiarla o dormirla y que ser padre lo puso en otro lugar. Su labor como actor no lo hace descuidar su carrera como cantante y ya está empezando a preparar su nuevo disco. Dice que le interesa la política, aunque no le gustan los políticos, sostiene que hay que debatir las ideas, y que como artista le gusta ser independiente. “Desde la verdadera independencia uno tiene un profundo compromiso, porque no estás hablando en bandera de nadie”, asegura.

—¿Cómo fue volver a la televisión después de tantos años?
—Tenía muchas ganas de volver a hacer una serie de televisión. Sebastián Ortega y Pablo Cullel me habían ofrecido varias veces trabajar con ellos. Esta era la tercera vez y el proyecto me gustaba mucho. Además, éste era el momento. Mi mujer estaba embarazada y yo ya no quería viajar, había terminado justo la gira del último disco.
—¿Qué te llamó para aceptar ‘Vecinos en guerra’?
—Primero que me gustan mucho los proyectos que los chicos hacen y me encanta que me hayan tenido en cuenta. Cuando me contaron la historia me empecé como a enroscar y a enamorar. Incluso, ellos me abrieron la puerta creativa para poder aportar mis ideas, mi visión, mi manera de ver el proyecto y el guión. Ahora que se vienen los cambios, me tiene muy entusiasmado.
—¿Tu personaje, Rafa, tiene algo en común con él?
—Rafa es un personaje muy entrañable que en algunas cosas me siento cerca o ligado a él, y en otras nada que ver. Es muy contemporáneo a mi edad y a mis amigos. Trazando un paralelo con Rafa, hasta los 20 años podríamos haber sido parecidos, pero él tomó una ruta completamente diferente a esa edad. Se casó, tuvo chicos, una vida más acorde a una familia, y yo no paré de viajar. Mi familia recién la estoy armando ahora. Después lo veo un tipo mucho más estructurado que yo, quizá más prejuicioso y más condicionado a una vida armada.
—¿Con Débora habían planeado ser padres más de grandes?
— Sí, lo pensé en mi relación con Débora y lo pensaba antes. Lo charlé mucho con el psicólogo cuando empecé a viajar, porque yo tengo algo que soy muy argentino, me cuesta mucho irme de acá, tengo un síndrome de dejar mi casa, armar las maletas, irme de gira. No sé si está ligado a mi infancia cuando añoraba que mi mamá se iba de gira a la Unión Soviética por dos meses. Yo sabía que iba a llegar el momento de acomodar tanta gira para darle lugar a ser padre, y así se dio.
—¿Te cambió la vida Nina?
—Sí, absolutamente, la vida es antes y después de ser padre. Lo percibo en todo, hay algo que cambia radicalmente en la vida de una persona cuando tiene un hijo. Te ubicás en otro lugar, se te corre el eje de la vida y pasás a tener lugar para un amor nuevo. La verdad, no quiero irme tanto de mambo, pero ya no me acuerdo cómo era la vida antes de Nina. Es como que hay un gen que ya me puso en otro lugar y mi vida gira alrededor de Nina y de Débora.
—¿La cambiás, le das la mamadera, sos buen padre? 
—Entrego todo. Los dos somos padres muy presentes y siempre estamos sacando turno para cambiarla, bañarla, dormirla, y la verdad que eso está muy bueno porque nos sentimos muy apoyados. Me causa gracia porque muchas veces Débora sale y yo me quedo solo con la nena, y mis amigos me dicen: “Te quedás solo?”, ¡Sí, solo! respondo. Voy, la llevo, la traigo, la baño, le pongo el Hipoglós y la duermo. La verdad que en este momento no me importa más nada que ver a Nina, sonreír con ella y disfrutarla.
—¿En algún momento vas a retomar esa vida más agitada?
—Seguramente el año que viene que saco un disco nuevo o empezaré una gira de lanzamiento y de promoción. Pero cuando es chiquitita puede acompañarme con la madre. Nosotros pasamos un poco de tiempo acá y otro en Miami, por las giras en Centroamérica. Nos iremos acomodando.
—¿Qué te enamora de Débora?
—Nosotros nos encontramos en la vida y nos fuimos conociendo, acompañando, y tenemos muchas cosas en común. Y sabía que iba a ser una gran madre como me lo está demostrando.
—¿Ella ve todos los capítulos de ‘Vecinos’? ¿Es crítica?
—Sí. Alternamos, porque también tenemos a mi sobrina en Solamente vos, pero sí, vemos la serie. Es muy crítica, siempre mi familia fue crítica conmigo, pero la crítica constructiva. Me parece que está bueno, porque aquel que te quiere te dice la verdad con respeto, con objetividad, y uno puede estar de acuerdo o no.
—¿Te interesa la política? ¿La actualidad argentina?
—Desde el lugar de ciudadano me importa, leo todo y estoy informado. Me gusta la política, no me gustan los políticos, me cuesta mucho creer en los políticos. Creo que tenemos un país que está en transición y tenemos que tratar de encontrar un equilibrio sobre qué país queremos y dejar un poco la confrontación para debatir más sobre las ideas. Hay ideas con las que puedo concordar con este gobierno e ideas en las que no concuerdo, pero sí creo en el espacio de construcción y de debate más que de confrontación. Hay muchas cosas para hablar, y como artista me gusta ser independiente. Ser independiente no significa no ser comprometido.
—¿Creés que los artistas deben comprometerse con la realidad?
—Yo respeto la posición que cada uno quiera tomar. Si uno quiere acompañar un proyecto, subirse, tener un discurso que avale. Yo, por mi esencia, por mi educación,  soy de los que piensan que como artista busco la independencia, y en la independencia el compromiso y la independencia del pensamiento. Mi madre fue 14 veces a la Unión Soviética y no iba con un discurso pro comunista a hablar, sino que era una artista que fue a relacionarse con el pueblo ruso desde un amor profundo artista-pueblo pueblo-artista, por el arte. De esta manera vas más allá de un bando de Boca o de River, de qué lado estás. Yo estoy del lado de mi país, de la Argentina, por eso discuto desde un lugar razonable. Me parece que esta confrontación desmedida, donde los medios están muy a favor o en contra, a mí me quita objetividad. No nos da claridad.
—Y desde tu lugar como artista, ¿qué se puede hacer?
—Más allá de que supuestamente soy un artista pop dentro de la música, soy un artista popular. Siempre para mí la conexión con la gente fue muy sagrada. Porque la posibilidad de tener un escenario con 5 mil, 10 mil o 50 mil personas, sin ningún filtro, receptivas escuchando lo que les digo es una responsabilidad enorme. Para mí ese es mi canal privado, por eso soy independiente, yo tengo mi gente y aprovecho esa oportunidad para hablar. “Ey, nosotros tenemos el voto, el poder, tengamos memoria de lo que vivimos, de qué errores cometimos, qué podemos cambiar”. Entonces, cada vez más gente fue receptiva a eso, el público se fue ampliando cada vez más y hoy tengo un público de cinco a 70 años.
—¿Si fueras un mago, qué cambiarías de la Argentina?
—Ciertas cosas que tenemos los argentinos, como que nos hacemos daño a nosotros mismos, nos engañamos, nos mentimos. Me parece que somos muy imprudentes (somos ¡eh!, yo soy argentino hasta la médula, no soy un artista de afuera que viene hablando). Somos imprudentes porque nos cuesta cumplir las leyes. Desde lo más simple y tonto a lo más complejo. Tenemos que ser autocríticos, algo que nos cuesta muchísimo a los argentinos, y este enfrentamiento un poco pasa por no tener autocrítica. No la tenemos porque esto es como una especie de Vecinos en guerra, hay sólo espacio para pelear. Estamos en esa transición, donde yo espero que como país joven vayamos creciendo y madurando y esto nos lleve a mejorar como personas.
—¿Te importa el rating?
—Ni miro el rating. Pasa por otro lado, no porque sea cool, sino porque no me dejo llevar. Claro que estoy al tanto y estamos muy contentos con el rating. Es muy parejo lo que pasaba con Solamente vos y con Vecinos. Y con Farsantes, en el nuevo horario, iremos viendo. Me encanta que en ésta televisión los horarios principales estén ocupados por ficciones. Que haya espacio, la gente disfrute y esto le dé trabajo a mucha gente.

 

“He sido un hombre muy pecador”

—¿Sos católico practicante? Ya le cantaste a un Papa…
—Respeto las religiones y mi profunda fe va más allá de las religiones. Lo de cantarle al Papa fue un lindo accidente en mi vida. Me encanta que un gran hombre como se lo ve a Bergoglio haya sido elegido Papa. Qué paradoja que para los argentinos que tenemos un ego tan grande, nos elijan un tipo que es muy humilde, con un perfil muy bajo. Es una buena señal que una persona como Francisco sea el Papa, mostrando al líder de la Iglesia Católica desde otro lugar.
—¿Cuál creés que es el pecado que más degrada a la condición humana?
—Me acuerdo de la película El abogado del diablo, que juega esa metáfora del libre albedrío. Cuando vos al ser humano le das para elegir, seguramente va a hacer alguna cagada (risas), ya empezaron en la época de Adán y Eva, les dijeron esta manzana no, y dijeron dame esta manzana (risas). Yo creo que acá pasa lo mismo. Y me encanta el final, cuando Keanu Reeves se hace el bueno y vuelve al pueblo y lo agarra Al Pacino, que le quiere hacer una nota porque es un abogado “estrella”; primero no quiere, pero después se sonríe, acepta y se va. Ahí cierra con Pacino diciendo: “La vanidad, definitivamente mi pecado favorito” (risas).
—¿Y vos evitás los pecados capitales o te reconocés en alguno?
—He sido un hombre muy pecador, pero ahora que soy padre soy impoluto (risas).


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