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MEDIOS / Premios Perfil 2019
jueves 17 octubre, 2019

Luis Fondebrider, del Equipo Argentino de Antropología: "Aún tenemos 600 cuerpos para identificar en nuestros laboratorios"

Pionera en la recuperación, identificación y restitución personas desaparecidas, esta organización clave para encontrar Justicia en la última dictadura fue galardonada con uno de los Premios Perfil, en el rubro Bien Público.

Luis Fondebrider. Foto: Cedoc.
jueves 17 octubre, 2019

El miércoles 16 de octubre se realizó la onceava edición de los Premios Perfil a la Inteligencia en el Centro Cultural Kirchner. En el rubro Bien Público, el galardón fue para el Equipo Argentino de Antropología Forense, pionero en la búsqueda, recuperación, identificación y restitución personas desaparecidas. Esta organización se formó en 1984 con el fin de investigar los casos de la última dictadura cívico militar. En la actualidad, trabaja en Latinoamérica, África, Asia y Europa. Su titular y fundador, el antropólogo Luis Fondebrider, habló con PERFIL antes de recibir la distinción.

—Arrancaron en 1984. Eran 6 personas y hoy son más de 70 profesionales ¿Cómo resumirías el legado que dejan?

—Es un aporte a una tarea colectiva de diferentes sectores de la sociedad argentina y, algunas veces el Estado, por saber qué pasó en el país con las personas desaparecidas y por devolver algo de verdad a miles de familiares que quieren saber qué pasó con sus seres queridos. Es una búsqueda que todavía no terminó. 

—Da la sensación de que van a tardar muchos años y que van a seguir encontrando desaparecidos ¿Cómo se convive con eso?

—Estas búsquedas nunca tienen un final porque nunca se encuentra a todas las personas. Con el paso de los años, quizás no son más los padres de las personas desaparecidas, pero son los hijos o generaciones más jóvenes. En Argentina todavía está actuando la Justicia y seguimos buscando en diversos lugares del país. Todavía tenemos 600 cuerpos que identificar en nuestros laboratorios. La tarea continúa, quizá diversificándose a áreas diferentes, como desaparecidos en democracia o feminicidios u otras formas de violencia que tenemos en el país. Nunca dejamos el objetivo original con el que nos formamos hace 35 años, que fue el de colaborar con los familiares de desaparecidos.  

—¿Y del '84 a la fecha que análisis haces?

—Cuando comenzamos a trabajar allá en el '84 era un momento muy especial en la Argentina. Había mucha efervescencia en la sociedad y muchos reclamos por saber qué había sucedido, pero no era muy claro cuál iba a ser el futuro porque había sido una democracia bastante débil. Sin embargo, comenzamos a trabajar sin ser muy conscientes de lo que íbamos a hacer ni a adónde podíamos llegar. Y poco a poco nos fuimos consolidando. Con el paso de los años, los familiares y algunos jueces confiaron en nosotros. Y así fue cómo, de a poco, en Argentina y en otras partes del mundo fuimos llamados para realizar estas mismas tareas en otros lugares que pasaron por una violencia como la de Argentina o de otras características. Y pudimos realizar estos trabajos.

—Cuándo arrancaron en el '84, ¿el apoyo desde el Estado para saber la verdad hasta dónde llegaba?

—Era muy limitado. Acordate que en esos años se hicieron los juicios, la CONADEP, y después hubo un retroceso con las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, hasta las embestidas de los ´90. Dependíamos de algunos jueces que se animaban a investigar, que nos llamaban y que querían hacer las cosas de otra manera, y es ahí donde nos insertamos en ese años.

 —¿Recibieron amenazas o denuncias?

—La sociedad argentina con el paso de los años fue aceptando lo que había sucedido, salvo algunos sectores muy específicos. Es algo que ya está instalado y es uno de los pocos países en el mundo que tanto ha alcanzado en cuento a verdad, justicia, reparación y memoria. Siempre quedan algunos sectores que no quieren saberlo, pero uno habla con un familiar y siempre quiere saber que ha pasado con un ser querido.

—¿Qué es lo primero que te dice un familiar?

—El familiar siempre viene con incertidumbre, angustia, dolor, miedo y esperanza, que es lo que nos da fuerza para seguir trabajando. Siempre tratamos de realizar nuestro trabajo, que es desde la ciencia, con mucha profesionalidad, no prometiendo respuestas que tal vez no tenemos, pero sí que vamos a hacer todos lo posible para poder encontrar lo que necesita ese familiar.

—¿Cómo es el presente del equipo y en cuántos países está trabajando?

—Estamos trabajando en 65 países del mundo, en Latinoamérica, África, Medio Oriente. Tenemos proyectos que tienen que ver con violencia política y religiosa; un proyecto en Estados Unidos relacionados a los migrantes que mueren al cruzar la frontera; casos de violencia institucional; y un área muy grande de capacitaciones y formación en diferentes lugares del mundo. La tarea sigue siendo similar a como la planteamos hace 35 años. Obvio que hoy somos una organización más grande y con oficinas en diferentes países, pero los objetivos finales no han cambiado. Es contribuir desde los nuestro que es la ciencia en dar un poco más de verdad y de justicia a los familiares.

—¿En algún momento del 84 a la fecha te agostaste de un trabajo de este tipo?

—Hay momentos en los que uno se cansa, momentos difíciles, pero eso también es lo que tiene trabajar en un equipo en el que estamos hace muchos años juntos: cuando uno está mal, el otro lo apoya. Y fundamentalmente yo hago lo que me gusta, no hago esto como una militancia. Me da placer, me gusta levantarme todos los días e ir a una oficina o viajar a otro país del mundo a colaborar. 

—¿Esa colaboración suele ser un pedido estatal, de ONGs, de familiares?

—Los pedidos nos llegan de diferentes maneras. Puede ser una organización de familiares, Naciones Unidas, Un Estado, un fiscal. Hay muchas combinaciones de todo tipo que siempre nos llaman. Evaluamos lo que nos piden y vemos si podemos cumplirlo.


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