martes 22 de junio de 2021
ACTUALIDAD Artes plásticas
12-06-2020 21:02

El matrimonio Arnolfini: una obra maestra de la pintura y un misterio aún sin descifrar

¿Es una boda? ¿Una petición de mano? ¿La celebración de un embarazo? Los especialistas dudan al respecto. De lo que se puede estar seguros es que explican una época. Y quizás, otras.

12-06-2020 21:02

En tiempos de tapabocas y distanciamientos sociales, la realidad adquiere un aspecto nuevo. No hay que irse muy lejos: basta con ir hasta un negocio de cercanía o ver a los niños caminando lentamente con sus padres en una plaza un domingo para percibir que, además de todo, empezamos a estar en otra parte: una nueva anormalidad parece ser el presente que roza el futuro hasta encenderse e incendiarlo.

En ese contexto, todo tiene el aspecto de una ficción: como querían los surrealistas, todo lo imaginario es real y todo lo real parece imaginario. Las ficciones tienen una característica: nos muestran algo, nos iluminan puntos oscuros.

Se habla de distopía para describir esta situación. Black mirror nos presenta algunas. Su creador, Charly Brocker habló mucho últimamente de lo que refleja ese ‘espejo; que está en el título de su serie. Lo que vemos, lo que nos rodea, está reflejado en un espejo. Y ese espejo también nos devuelve la enfermedad, la pandemia, las bocas tapadas para cuidarse, la distancia.

El futuro como amenaza

El ecologista e investigador Juan Emilio Sala está en contra de pensar al virus como un ‘enemigo’, de entender lo que nos pasa como una guerra. Y da un paso más al preguntarse, preguntarnos: ¿y si el virus mismo fuera un espejo? ¿Un espejo que nos mostrara cómo vivimos y cómo no dejamos vivir? ¿Si lo que vemos en ese espejo en el que estamos y permanecemos es algo que nos refleja y nos retrata?

Hagamos como Alicia (Lewis Carroll era por cierto un muy buen fotógrafo, un artista plástico) y atravesemos el espejo. O como en la Rosa Púrpura del Cairo, la película de Woody Allen, vayamos dentro de la obra y preguntémonos qué pasa en ese lugar extrañísimo y tan natural que es un cuadro. Especialmente cuando en el cuadro los espejos nos muestran de qué trabajan.

Sí, de qué ‘trabajan’ los espejos. Y de qué ‘trabajan’ los cuadros.

Hay múltiples hipótesis al respecto. Pero la aparición de un espejo en un cuadro puede suscitar muchísimas preguntas, muchas de esas (como pasa con las buenas preguntas) sin respuestas definitivas.

La in(ter)vención de lo real. Hay muchos cuadros con espejos. Gran parte de ellos son obras de las épocas en las que los pintores intentaban reflejar (sí, el verbo, ese verbo) lo real. La impresión que nos causa (que nos causaba, cuando viajar no era la utopía de la distopía) ver “Las Meninas” y el espejo que refleja al artista en El Prado de Madrid es intensa. Pero antes otra obra, otra obra maestra, muestra un espejo. Y lo muestra con un realismo y con sus efectos ópticos con tanta potencia que inauguró una saga.

Viajamos hacia atrás en el tiempo, viajamos a través del espejo y llegamos a “El matrimonio Arnolfini”. La obra es de 1434. La pintó Jan Van Eyck. Es un óleo (y esto es algo muy importante, por lo que se explicará a continuación). Mide 81,8 x 59,7 cm. Está (otra vez los viajes) en la National Gallery de Londres.

En el cuadro se ve una pareja, el matrimonio Arnolfini. Giovanni aparece retratado en actitud seria, ricamente ataviado en color oscuro, con capa y amplio sombrero. Su mano derecha, levantada, parece jurar o bendecir, mientras la izquierda sostiene a la de su esposa Giovanna, también ricamente vestida en color verde vivo, con velo blanco. Fue pintado en un momento muy especial. En el siglo XV los pintores eran antiguos y modernos al mismo tiempo. Parecía que sus manos eran aún góticas, pero sus ojos ya eran renacentistas.

Museos para visitar desde casa

Y siguiendo a sus ojos (algo que sucede en los espejos) Van Eyck comenzó a trazar una revolución: la de la precisión en mostrar las cosas. Un historiador del arte, Edward Gombrich, brinda algunas claves para poder hacer como el lobo de Caperucita: mirarlo mejor.

Gombrich nos dice que ese cuadro tan bello, tan real y misterioso, real por misterioso, pertenece a un momento de la pintura en que se encontró la manera de usar el óleo: los ojos del artista podían hacer en la obra más cosas gracias a manejar plenamente el material y su técnica, nunca tan nueva y nunca tan perfecta como en el cuadro de Van Eyck.

Hay otros elementos técnicos que ayudan, sí. Pero también están los elementos del cuadro: hay zapatos en el suelo, hay frutas en un mueble. Hay una luz que parece teñida por esas frutas, como si fuera otra forma del reflejo. Y está el espejo.

El espejo, que Van Eyck pintó con tanta precisión y detalle. Antes que Diego Velázquez y sus Meninas. Está ahí: reflejando. Y como reflejo. Pero también para hablarnos de qué puede decir y hacer una pintura.

 

Documento. Pasemos ahora a otro teórico de la pintura. Se llamó Erwin Panofsky y fue un estudioso de los símbolos. En 1934, hace muy poco, empezó a plantear algunas hipótesis sobre lo que vemos en la obra. “Es el acta testifical de un matrimonio celebrado casi en secreto por alguna razón, aunque válido según las leyes del s. XV en Brujas. Esta teoría, unida al hecho de que Panofsky daba por cierto que se trataba de Giovanni di Arrigo Arnolfini y Giovanna Cenami, presentaba numerosas debilidades (Giovanna Cenami provenía de mejor familia que Arnolfini, fue un matrimonio concertado con todos los beneplácitos de las dos familias y de la comunidad italiana residente en Brujas, ella nunca concibió hijos y nunca era costumbre en esta sociedad que a las pedidas de manos —otra interpretación alternativa— asistiesen mujeres…).

Pero hay dos elementos que sustentan la hipótesis. Ambos son muy notables y, como corresponde al mejor arte, están ahí. A la vista. En el cuadro. Son muy disímiles vistos de lejos, pero muy cercanos en el significado. Por un lado, está la firma del artista: grande, tiene la siguiente leyenda: “Jan van Eyck estuvo aquí”. Y atrás, al fondo, protagonizando la escena tanto como la pareja, está el espejo. El espejo —otra vez la firma— en la que puede verse el artista.

La obra de arte, una vez que pudo aproximarse a lo real, una vez que las manos del artista se hicieron sus ojos, se transformó en un documento. Como pasó en el origen de la fotografía: un registro, un documento, un dar fe.

Un reflejo: el del matrimonio Arnolfini. Pero también del artista, de su época, de lo que estaba viviendo.

Sí, como pasa con los personajes de Black Mirror cuando la serie sale bien (es un conjunto de buenas ideas no siempre logradas). Reflejar es captar lo que pasa, ponerlo en un marco y abrirnos preguntas.

Preguntas que aún no tienen respuesta. Pero que nos permiten entender el misterio que nos rodea.