Osvaldo Granados: “Siempre un presidente aflojaba antes, Milei no”
El periodista especializado en economía participó del Ciclo de Entrevistas organizado por la Universidad del Sur de Buenos Aires (USBA). Habló sobre el rumbo económico del Gobierno, la posibilidad de una futura dolarización, los costos sociales del ajuste, el caso Adorni, la transformación del peronismo y la relación histórica entre el poder político y el periodismo argentino.
A lo largo de su carrera, Osvaldo Granados vio pasar ministros, presidentes y dirigentes de distintos signos políticos por los pasillos de la Casa Rosada. Cubrió crisis económicas, hiperinflaciones, privatizaciones, la convertibilidad y cambios de gobierno como periodista acreditado en Balcarce 50. A los 87 años y con más de seis décadas de oficio cree haber identificado un patrón que se repitió una y otra vez en la Argentina: los planes económicos terminaban condicionados y debilitados por las urgencias de la política electoral. Por eso sostiene que el gobierno de Javier Milei representa algo distinto. “Siempre un presidente político aflojaba antes. Le decían: ‘Ya ajustamos mucho, pará un poco’. Este no”,
resumió.
En su lectura, la principal diferencia de Milei respecto a otros gobiernos es que “no piensa como político”, sino como economista. “Mira solamente los números. No le interesa otra cosa. "La política le importa tres cominos”, planteó. Esa lógica, sostiene el periodista, explica por qué el oficialismo mantiene el ajuste incluso frente al desgaste social.
Después de décadas cubriendo la economía argentina, Granados asegura que los programas económicos rara vez fracasan por cuestiones técnicas, sino por decisiones políticas. “Las grandes crisis argentinas son cuando faltan dólares”, afirmó. Y agregó: “Los economistas llegaban con un plan y después aparecía la política. ‘Hay que gastar’, ‘hay que poner plata en la calle’, ‘hay elecciones’. Ahí empezaban los problemas”.
A su entender, la Argentina atraviesa además “un cambio de matriz económica” que implica dejar atrás un modelo más orientado al mercado interno para pasar a otro centrado en las exportaciones. “Ahora mirás la exportación porque sino te pasan por arriba”, afirmó. En esa línea, admitió cierta “envidia” por el modelo institucional peruano y la independencia de su Banco Central. “Acá nunca se cumplió eso. El único que trató fue Martín Redrado y Cristina lo echó por la ventana”, lanzó.
—Pero Milei iba a eliminar al Banco Central, era una de las promesas de campaña, y dice que no pudo hacerlo.
—No lo podía tocar ahora. Habló de la dolarización como un eslogan de campaña, pero va a llevar más tiempo. Te digo una cosa: dentro de 2 o 3 años, si llega a reelegir, vamos a una dolarización. No tengo ninguna duda. Porque, conociendo la película argentina, la dolarización es la única forma de no poder dar marcha atrás. Ya no podés emitir, ya no podés gastar por encima. Pero el país no está todavía preparado esto. Faltan inversiones en la minería, el gas y el petróleo. Si Milei sigue, en 3 años tenemos la dolarización. Si se va y deja la dolarización, ¿quién va a dar marcha atrás? Es imposible.
Aunque reivindica buena parte del rumbo económico del oficialismo, Granados también reconoce límites y costos sociales en el ajuste. En particular, cuestiona la forma en la que se ejecutaron algunos recortes vinculados a discapacidad, jubilaciones y empleo público. “Había abusos, sí. Pero hay gente que realmente necesita ayuda. Pasamos de 300 mil pensiones por discapacidad a más de un millón y había muchas irregularidades, pero eso no significa cortar todo de golpe”, sostuvo.
A su vez, relativizó parte del discurso oficial sobre el empleo público. “Echaron más de 70.000 empleados públicos. Son casi dos canchas de Boca llenas. ¿Se nota en el Estado? No”, afirmó. Para el periodista ,el problema no es el objetivo sino la metodología del ajuste. “A veces usaron una motosierra donde hacía falta un bisturí. Ahora la motosierra ya no va más”, advirtió.
—¿Qué autocrítica debería hacer el Gobierno para sostenerse?
—Las formas. Los insultos, los gritos, las peleas permanentes. Después de dos años y medio, la gente necesita tranquilidad y paz. Háblennos en serio hacia dónde vamos. El único que habla en serio porque da datos es Caputo. Después los demás están haciendo política a los gritos. Bajen los decibeles. La gente se da cuenta si le alcanza o no le alcanza, si encuentra laburo o no encuentra laburo. Hagamos las cosas en serio.
Siguiendo su análisis sobre el poder y sus efectos en la dirigencia, Granados abrió una reflexión más amplia sobre cómo la exposición al ejercicio de la autoridad puede transformar a quienes la detentan. “El poder siempre termina pesando. Nadie quiere dejarlo. El ego sube. Es muy difícil volver de un éxito de poder”, sostuvo.
—¿Qué opina del caso Adorni?
—Se pasó de rosca. Lo conocí en una radio, hablé con él, y cuando empezó como funcionario público se quejaba siempre que no ganaba lo suficiente, que ganaba más en la actividad privada. Y quiso crecer rápido económicamente. Yo, después de ver a los que pasaron, les recomiendo: no compren nada cuando están en el poder, no crezcan financiera y económicamente, es un absurdo. Ahora, lo de Adorni, al lado de lo que conocí, es muy amateur. El que es un profesional de esto es Sergio Massa; a ese lo conocés por la importación, el doble dólar, una diferencia del dólar del 120%... él no mostró nunca nada.
—El problema es que este Gobierno asumió con una bandera de transparencia muy alta, y ahí es donde le pega en la línea de flotación...
—Totalmente. Pero al ver las encuestas, te dicen: “Mirá la economía”. Menem hizo desastres al principio y la gente se reía porque jugaba al fútbol con Maradona y al básquet en el Luna Park. Se reía porque estaba comprando cosas, tenía cuotas y apareció el crédito hipotecario. La gente mira el bolsillo. Si la economía funciona, podés hacer muchas cosas. Es lamentable, es poco ético, todo lo que vos quieras, pero es así.
—A raíz de ello, ¿cómo ve el humor social respecto al rumbo económico del país?
—Está muy discontinuo. En el interior, como en Misiones o en el campo de Santa Fe y Córdoba, el apoyo es total y hay un clima diferente. El clima mayor está en la Provincia de Buenos Aires. Por eso yo creí que perdían en las elecciones del año pasado. Somos un país muy cambiante; podés perder por doce puntos un mes y ganar por dos al siguiente. Yo confío en la gente recién las últimas 48 horas antes de votar. En la Argentina, hablar a un año y medio de las elecciones es como en Suiza hablar de 140 años, es lo mismo.
Granados cree que sectores del peronismo entendieron que no existe margen social para volver a políticas económicas anteriores. Como ejemplo, recordó una entrevista de Aníbal Fernández con Pedro Rosemblat en la que el exministro planteaba no “tocar una coma” del rumbo actual. Para el periodista, esto refleja un cambio social. “En todas las encuestas, incluso cuando Milei baja, hay una mayoría que te dice: ‘Yo no quiero volver atrás’. Por eso Aníbal dijo lo que dijo. "Entendieron el mensaje de la sociedad”, señaló.
A partir de ahí, definió al peronismo como “un partido de poder” más que como un espacio atravesado por una ideología fija. “Va siguiendo la corriente. Menem giró al liberalismo tras la caída del Muro de Berlín. Kirchner fue al estatismo porque la época iba para ahí. Ahora se acomodan otra vez. Lo que les interesa es el poder. La ideología después la acomodan según el momento”, analizó.
El tono de Granados cambió cuando la conversación giró hacia el periodismo. Habló desde la experiencia de haber atravesado gobiernos militares, democráticos y décadas de tensión entre la prensa y el poder. “A ningún gobierno le gusta el periodismo”, resumió. Recordó presiones en distintas etapas políticas y aseguró que las situaciones más graves las vivió durante los años previos y posteriores al golpe de Estado de 1976, cuando apareció en listas de la Triple A junto a periodistas y artistas acusados de “hacer propaganda comunista”.
Consultado sobre los ataques de Milei a la prensa, evita dramatizar el conflicto. “Si un gobierno tiene cinco noticias buenas y dos malas, el periodismo va a hablar de las malas. Las buenas publicitalas vos, yo propaganda no te hago. Molesta que busquen el pelo en la leche, pasó toda la vida, pero vi cosas peores”, matizó. También apoyó el cierre de Télam, donde trabajó como director en los ´70: “No valía la pena, estaba lleno de kioscos y hoy hay otras formas de informarse”. No obstante, advirtió sobre un fenómeno actual. “La gente busca escuchar solamente a quienes piensan igual que ella. No quieren escuchar al que piensa distinto porque les molesta”, concluyó.
Por Brigitte Pastén y Bruno Carbajo.
Estudiantes de la Licenciatura en Comunicación
Universidad del Sur de Buenos Aires. (USBA)
También te puede interesar
-
La nueva vida de Sofía, la hija de Guillermo Andino y Carolina Prat: siguió los pasos de sus padres, pero cambió de idea y fundó su negocio
-
Greta Gerwig y Narnia: por qué Netflix apuesta a uno de los proyectos más ambiciosos de 2026
-
Gimena Vitali, rectora de la UMET: “Trabajamos junto a los sindicatos para diseñar y planificar carreras para las y los trabajadores”
-
Luis Rosales: “Si sos liberal debés ser tolerante, pero la batalla cultural hay que darla”
-
Maximiliano Ferraro: "Hay un pacto Milei-Cristina y comenzó con la nominación de Lijo"
-
Felipe Solá: “Yo le propuse a Alberto Fernández abrir la cuarentena y me sacó corriendo”
-
Carlos Pagni: “En términos económicos, Trump se asemeja más a Cristina que a Milei”
-
Marcos Novaro: “Milei es más antirradical que antiperonista”
-
Carlos Fara: "Cristina prefirió ser madre de Máximo, en lugar de ser conductora"