Prevención y diagnóstico

Salud femenina: en Argentina se diagnostican 30 casos diarios de tumores ginecológicos

Los expertos piden estar atentos a las señales del cuerpo y recurrir a la consulta médica para detectar cánceres en cuello uterino, endometrio, vulva, vagina y, especialmente, en ovario.

Los órganos femeninos que pueden desarrollar cáncer Foto: Cedoc

Al hablar de la salud de la mujer, la atención pública suele enfocarse principalmente en el cáncer de mama, pero existe otro grupo de enfermedades de gran impacto que requiere la misma visibilidad: los tumores ginecológicos

Este grupo abarca los cánceres de cuello uterino, cuerpo del útero (endometrio), ovario, vulva y vagina, los cuales suman en conjunto unos 10.800 nuevos diagnósticos al año en la Argentina, lo que equivale a casi 30 casos por día.

En el marco del Día Mundial de los Tumores Ginecológicos, que se conmemora cada 20 de septiembre, especialistas y organizaciones de la sociedad civil hacen un llamado a romper tabúes, informarse y consultar a tiempo”.

Prevención y señales de alerta: la importancia de conocer el cuerpo

No todos los tumores ginecológicos se comportan de la misma manera ni cuentan con las mismas herramientas de prevención.

El cáncer de cuello uterino, con 4.679 casos anuales en el país, se relaciona casi en su totalidad con la infección por el virus del papiloma humano (VPH) y dispone de métodos preventivos muy concretos, como la vacuna incluida en el Calendario Nacional de Vacunación y los controles periódicos mediante Papanicolaou y test de VPH

 Por su parte, el cáncer de endometrio suma 2.768 casos al año y tiene como principal señal de alarma el sangrado uterino anormal, especialmente si ocurre después de la menopausia.

Cáncer de ovario: 1 de cada 4 tumores ginecológicos

El escenario es muy distinto para el cáncer de ovario, que representa 1 de cada 4 tumores ginecológicos diagnosticados (2.765 casos anuales) y plantea desafíos especiales de detección.

Sobre esta disparidad, el Dr. Augusto Ferreyra Camacho, médico oncólogo clínico e integrante del staff del Hospital Universitario Austral, señala que "mientras el cáncer de mama cuenta desde hace décadas con campañas masivas de concientización y una herramienta de detección ampliamente conocida por la población como la mamografía, y el cáncer de cuello uterino dispone de estrategias de prevención como la vacunación y el tamizaje, el cáncer de ovario enfrenta un desafío particular: no existe aún un método de detección temprana recomendado para la población general asintomática".

Frente a esta carencia, la información y el autocuidado se vuelven fundamentales.

La directora ejecutiva de la Fundación Donde Quiero Estar (FDQE), María de San Martín, destaca que "esto refuerza el valor del acceso a la información. Frente a otros tipos de cáncer, la sociedad ha incorporado mensajes muy claros sobre prevención y controles, pero en el caso del cáncer de ovario todavía necesitamos instalar la conversación. No para generar temor, sino para que las mujeres conozcan su cuerpo, sepan que determinados cambios persistentes merecen una consulta médica sin demoras".

Escuchar los síntomas y derribar barreras

Debido a que las manifestaciones del cáncer de ovario suelen ser inespecíficas y confundirse con molestias digestivas o urinarias, es clave prestar atención a síntomas como la distensión o aumento abdominal persistente, el dolor o presión pélvica/abdominal, la sensación de saciedad temprana y los cambios en el hábito intestinal o urinario.

"Una molestia abdominal aislada es extremadamente frecuente y en la enorme mayoría de los casos no significa cáncer. Lo que debe llamar la atención es un síntoma nuevo para esa persona, que aparece de manera reiterada, persiste o se intensifica. Frente a ese escenario, la recomendación es consultar y no naturalizarlo durante meses", aclara Ferreyra Camacho.

A la observación de los síntomas se suma la importancia de informar al médico sobre los antecedentes familiares de cáncer de mama u ovario, dado que mutaciones genéticas hereditarias —como las de los genes BRCA1 y BRCA2— elevan el riesgo y permiten definir un seguimiento personalizado.

Por otro lado, llegar a un diagnóstico temprano también requiere superar prejuicios y obstáculos en el acceso a la atención médica. "Necesitamos que hablar de salud ginecológica deje de generar incomodidad. Aún hay mujeres que postergan una consulta porque minimizan un sangrado, una molestia pélvica o porque les cuesta hablar del tema”, enfatiza María del San Martín.

La concientización también consiste en derribar barreras y habilitar conversaciones que pueden ser determinantes para llegar antes al diagnóstico.

A estas barreras culturales se agregan las dificultades estructurales relevadas por la fundación a través de su Mapeo de Personas con Cáncer (MAPEC), entre las que figuran la distancia hacia los centros de alta complejidad, las demoras entre la primera consulta y los estudios diagnósticos, y los contratiempos para dar con especialistas o acceder a los tratamientos indicados.

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Avances científicos y medicina de precisión

A pesar de los retos en la detección temprana, los avances en la investigación médica han transformado las alternativas terapéuticas. Si bien la cirugía y la quimioterapia se mantienen como pilares, hoy se realizan pruebas genéticas y moleculares sobre la biopsia del tumor —tales como BRCA, HRD y receptor de folato alfa (FRα)— que permiten aplicar terapias dirigidas de anticuerpos..

"Hoy contamos con más herramientas que años atrás, pero para aprovecharlas es fundamental que pueda accederse oportunamente al circuito adecuado”, concluye Ferreyra Camacho. Según el oncólogo argentino, “es fundamental conocer las alteraciones moleculares para poder realizar terapias dirigidas, tanto desde el diagnóstico de la enfermedad como en las recaídas”. Es preciso conocer estos biomarcadores mediante pruebas genéticas y moleculares.

Panorama global: disminuyen los cánceres de ovario en algunas regiones pero aumentan en otras

Una nueva revisión de datos sobre cáncer de ovario que acaba de ser publicada en la revista Cancer Biology & Medicine revela numerosas desigualdades en las mujeres de distintos países.

A nivel global, la situación epidemiológica del cáncer de ovario presenta tendencias divergentes según las regiones, los niveles de ingresos y el acceso a los servicios de salud:

  • Descenso promedio en la incidencia y mortalidad (1990–2021): A escala mundial, la tasa de incidencia estandarizada por edad disminuyó de 7,22 a 6,71 casos por cada 100.000 personas entre 1990 y 2021. En ese mismo período, la tasa de mortalidad global se redujo de 4,73 a 4,06 por cada 100.000 personas.
  • Brecha entre países de altos y bajos ingresos: Las tasas de incidencia han mostrado un descenso progresivo en países de altos ingresos como Estados Unidos, Austria y Noruega. En contraste, en diversas regiones de Asia y África la incidencia está experimentando un aumento
  • Disparidades regionales marcadas: Europa Oriental registra la incidencia regional más elevada del mundo, con 11,0 casos por 100.000 personas, mientras que África Central presenta la tasa más baja, con 4,3 por 100.000 personas.
  • Desigualdades en supervivencia y tratamiento: Si bien la supervivencia ha mejorado de manera modesta en algunas naciones, sigue siendo alarmantemente baja en otras, ubicándose por debajo del 20% en la India

Además, se registran desigualdades étnicas y de acceso a la salud; por ejemplo, las pacientes de etnia negra muestran una adherencia al tratamiento un 25% menor y una mortalidad un 18% mayor que las pacientes blancas.

"Los datos muestran que el cáncer de ovario no es una sola enfermedad con una única trayectoria: se comporta de manera diferente según las regiones, las poblaciones y los subtipos histológicos", expresaron los autores del estudio, de universidades chinas y de Yale, en Estados Unidos.

 "Si bien todavía no podemos realizar un tamizaje efectivo para la población general, tenemos un conocimiento sólido sobre muchos factores de riesgo modificables. Eso significa que la prevención es alcanzable, pero exige enfoques personalizados: promover la lactancia materna y la actividad física, controlar la obesidad y la diabetes, y garantizar el acceso a pruebas genéticas y cirugías de reducción de riesgo para las mujeres de alto riesgo"