El clima social en nuestro país es de cambio. La insatisfacción con el modelo económico y el rechazo a las conductas agresivas y extravagantes del Presidente son indicadores de ello. La victoria de Lula, la derrota de Trump y la próxima visita del Papa son tres sucesos externos que coadyuvan a ese clima. La oposición está más segura de que ganar es posible y los aliados del gobierno comienzan a dudar de que la reelección de Milei esté asegurada.
La derrota de Trump no es una derrota cualquiera: es la derrota simbólica de quien se planteó como el líder estridente y rupturista dispuesto a llevarse por delante las instituciones de su país y del mundo.
Las palabras del Papa, más allá de que no incluyan o una crítica a Milei, necesariamente harán referencia al sufrimiento de los que menos tienen y seguramente aludirán a la necesidad de controlar la IA. Probablemente criticará los enfrentamientos estériles. Todo lo contrario de la revolución cultural ultraindividualista que predica el mileísmo. Finalmente, es la discusión entre la función social de la propiedad privada que propugna la Iglesia y la idea de que el mercado sin límites, con su “destrucción creadora”, garantiza el futuro.
Pero que los tres sucesos externos y el clima social de cambio estén presentes no garantiza que Milei pierda. El contexto para el cambio está planteado, pero depende de la oposición presentarse como una opción. Ya sabemos que un 65% quiere un cambio de modelo económico, pero no hay igual porcentaje votando a la oposición. Y no lo hay porque una parte de los que quieren cambio rescatan aspectos del modelo. Ese segmento, alrededor del 20% del electorado, puede volver a Milei por rechazo a una oposición en la que no confía o puede recostarse, si existiera, en una opción de centro institucionalista que critique las formas y parte del programa económico, pero que rescate la estabilidad y la tranquilidad social.
Sabemos que el rechazo a Milei es superior al rechazo al peronismo, pero que ambos tienen más rechazos que aceptaciones; por lo tanto, ambos necesitan revertir la situación. Seis de cada diez piensan que si Milei es reelecto la Argentina será pobre, como tantos otros países latinoamericanos. Del lado del peronismo, cinco de cada diez creen que si gana habrá inflación y corrupción. En sentido inverso, el 35% cree que con Milei la Argentina será próspera, y el 43%, que si gana el peronismo mejorarán el trabajo y los ingresos. El peronismo, aun sin propuesta y sin candidato, tiene más chances potenciales que Milei. Pero para concretarlas necesita ambas cosas. Recordemos que para ganar en primera vuelta se necesita el 45% de los votos, o el 40% con 10 puntos de diferencia.
Hay un sector del electorado que no quiere votar ni a Milei ni al peronismo y que puede ser seducido por una alternativa que capte a quienes se le van cayendo a Milei pero no confía en la oposición. Hasta ahora el Presidente mantiene un piso de 35 puntos, que es su mínimo histórico, y es difícil pronosticar si ese piso se sostendrá. Entre los aliados Patricia Bullrich y Macri lo acechan: pueden tanto intentar gener una alternativa electoral o fortalecerse para negociar. Todos tienen tiempo y todos saben que difícilmente haya definiciones antes de marzo o abril. Pero el partido ya comenzó a jugarse. Cuando Macri —por ahora— dice “queremos PASO”, ve que hay un agujero. Cuando el gobierno quiere evitar las PASO, quiere cerrar el agujero.
Como el rechazo mayoritario no es solo a Milei, sino también al modelo, aunque Milei no fuera el candidato, llama la atención, que muchos recien se den cuenta de que la elección nacional tiene un resultado incierto con inclinacion al cambio , recién después de ver lo sucedido en Brasil y EE.UU.
*Consultor y analista político.