Por primera vez, la Argentina tiene un presidente bautizado como católico, que reza con los evangelistas y se autopercibe judío.

De las tres religiones, Javier Milei demostró estar muy alejado de la primera. Lo que le agrega una particularidad más a la era Milei, teniendo en cuenta que conduce un país en el que la inmensa mayoría profesa la fe católica y cuya Constitución señala que “el Gobierno sostiene el culto católico apostólico romano”.

El Milei que hablará con el papa León XIV no es el Milei verdadero, el que insultaba al anterior pontífice y el que se niega a recibir a las autoridades locales del catolicismo. Seguramente el Papa ya lo sepa. Como también estará al tanto de las comunicaciones directas de los hermanos Milei con Dios, de cómo ellos creen ser la reencarnación de Moisés y de su hermano Aarón y de que el capitalismo es una invención divina y los Diez Mandamientos, su base teórica.

Ante León, Milei actuará de igual forma en que lo hizo con Francisco después de llegar a la presidencia, cuando le pidió disculpas por todos los insultos que le había propinado. Con su sucesor simulará una empatía personal que no tuvo ni tiene con las máximas autoridades vaticanas.

Cuando Milei llegó al poder, la mayoría de los medios decidió fingir amnesia sobre aquellos insultos y rara vez se los volvió a recordar. Son repugnantes y darían vergüenza ajena si no fuera porque reflejan la vergüenza propia de una mayoría que lo eligió para presidir sus destinos.

El verdadero Milei. En 2016 y 2017, Milei calificaba al papa argentino como “peroncho repugnante, asqueroso y mentiroso”. En 2018, lo trató de “zurdo hijo de puta que pregonás el comunismo en el mundo” y de “representante del maligno en la Tierra”. En 2019 lo llamó “sorete mal cagado”. En 2020, dijo que “habría que preguntarle al imbécil de @ Pontifex_es (la cuenta oficial del Papa) si Jesucristo pagaba impuestos”. Ese mismo año agregó: “Hay que decirle al imbécil de Roma, que defiende la justicia social, que eso es un robo y va contra los mandamientos”. En 2021, al responder un mensaje de Francisco sobre la distribución de vacunas para el covid, escribió: “Basura socialista, te propongo que en lugar de hacerte el generoso con la ajena, uses la guita del Vaticano”. En 2023, en una entrevista con Tucker Carlson, lo acusó de estar “del lado de dictaduras sangrientas, tiene afinidad con comunistas asesinos”.

Aunque hoy duela recordarlos, los insultos duraron años y fueron muchos más que los aquí mencionados. 

Un mes después de asumir, Milei visitó a quien tanto había agredido y simplemente le pidió disculpas. Como si le pidiera perdón por haberse olvidado de saludarlo el día de su cumpleaños o de haber disentido con él en algún debate académico del pasado. De la misma forma en que antes ya le había pedido disculpas a Patricia Bullrich (le imputó el delito de “poner bombas en jardines de infantes”), tras años de atacarlo tan violenta y reiteradamente también se disculpó con Francisco. 

Poniendo la otra mejilla, pero con el estilo único de un papa argentino, Jorge Bergoglio le respondió: “No te calentés, son errores de juventud”.

Contra la doctrina vaticana. A León no le dirá ninguna barbaridad ni le recordará sus ataques a Francisco, pero sus diferencias con ambos son de fondo y son ideológicas. Al margen de que las patologías psicológicas de Milei le dificultan los debates racionales con quienes no piensan igual. 

Una de las pocas excepciones en la que se esforzó por lograrlo sucedió en la redacción de PERFIL, en mayo de 2022. Fue cuando Jorge Fontevecchia lo entrevistó junto a Juan Grabois para, justamente, debatir con racionalidad las discrepancias entre su escuela austríaca y la escuela vaticana representada por el dirigente social.

Allí expuso con relativa calma y transparencia su anarquismo extremo. Sostuvo que la libertad consiste en que cada individuo pueda decidir sobre su vida sin que el Estado ni nadie le diga qué hacer y que el mercado es el mecanismo perfecto de relacionamiento económico y social, abogando por “el autogobierno y el orden espontáneo”. 

En contra de la doctrina socialcristiana, afirmó que para él los acuerdos individuales y el mercado tienen prioridad sobre las instituciones sociales y cualquier forma pública de redistribución colectiva: “Cuando le das algo a alguien se lo estás sacando a otro, es una idea aberrante”. Lo que luego definiría como “la aberración de la justicia social”.

En un reportaje que se extendió por cinco horas, Milei llegó a sostener que las personas pueden “elegir morirse de hambre”. Frente a lo cual, Fontevecchia le repreguntó: “¿Sinceramente defendés el derecho a morirse de hambre?”. “Cada uno puede hacer de su vida lo que se le da la gana”, ratificó.

En igual sentido respondió que si una persona decidía vender una parte de su cuerpo para subsistir, el Estado no debía impedírselo. De la misma forma en que consideraba un delito que el Estado cobrara impuestos y que era el mercado el que debía resolver los problemas del medio ambiente.

Es evidente que la escuela ideológica que pregona Milei no se parece en nada a la de un papa cuyo nombre reivindica a León XIII, autor de Rerum Novarum, la primera encíclica social de la Iglesia católica.

El verdadero León. Si no fuera porque el mandatario argentino usa la violencia como estilo habitual de relacionamiento, en el fondo solo se trataría de profundas diferencias ideológicas y filosóficas.

Pero el mensaje con el que León llega a la Argentina resalta la anomalía de este presidente. Un líder que es la cara opuesta a la de aquellos pontífices que pregonan la paz, el diálogo y la defensa de la dignidad humana. Incluso la de aquellas personas que no resultan competitivas para el mercado.

Frente al mensaje del individualismo libertario, el Papa dijo en Uruguay: “La enfermedad, la discapacidad, el dolor físico, la pérdida de autonomía, la pobreza, la falta de trabajo o la exclusión pueden hacer especialmente necesaria la ayuda de los demás. En esas circunstancias, su fragilidad hace más urgente que reciba la asistencia, los recursos y el acompañamiento que necesita. La atención debida a quienes sufren compromete a toda la familia humana”.

Es “el buenismo bobo” que Milei desacredita, de la misma forma que lo hace con los que piden cerrar la grieta.

León también se refirió a la búsqueda de consensos: “En tiempos en que las diferencias pueden convertirse fácilmente en motivo de enfrentamiento, perseverar en el respeto al derecho, en la negociación y en la búsqueda paciente de acuerdos constituye un servicio que Uruguay puede seguir ofreciendo a sus vecinos”.

Lo dijo en un país que es ejemplo de lo que significa el respeto por quienes piensan diferente. De hecho, lo escuchaban expresidentes de partidos distintos al del actual mandatario uruguayo Yamandú Orsi, quien los invitó a participar del encuentro. Que es lo contrario que hizo Milei con los expresidentes argentinos.

En nuestro país, el Papa evitará cualquier crítica directa a un sistema de creencias que está en las antípodas del modelo social de la Iglesia católica, como tampoco se expresará sobre la violencia institucional que se derrama desde el poder político, presente o pasado.

Pero sus palabras pausadas, su sonrisa calma, su mensaje de paz y su empatía con los que menos tienen retumbarán políticamente en una sociedad azuzada por el odio y los enfrentamientos. 

Quizá lo podamos aprovechar para reflexionar sobre por qué llegamos hasta acá y sobre la necesidad de, como dijo ayer en Paysandú, “construir puentes de unión con buenos cimientos para no sucumbir a las corrientes más enfurecidas”.