Endeudados
La cantidad de endeudados con bancos, billeteras virtuales, tarjetas de crédito y otras entidades crediticias crece sostenidamente en la Argentina. Se trata de préstamos orientados mayoritariamente al consumo.
Alrededor de 6 millones de personas se encuentran en mora. Según el Mapa de la Deuda elaborado por el Centro de Estudios para la Ciudad y la Fundación Friedrich Ebert, la deuda irrecuperable, la que suma más de 365 días, equivale al 35% del total de la mora.
El endeudamiento es una consecuencia de la caída de los ingresos. Por lo cual, resolver el problema de los endeudados supone resolver previamente el problema de la distribución del ingreso. A una gran proporción de los argentinos y argentinas, lo que ganan no les alcanza para cubrir sus necesidades básicas y entonces se endeudan para sobrevivir.
Mientras la oposición reclama que el presidente Javier Milei enfrente la situación como una consecuencia directa del ajuste y de la desregulación que impone su plan económico, el Gobierno sostiene que la solución debe surgir del mercado. “Es un problema entre privados”, han dicho y reiterado el Presidente y su ministro de Economía, Luis Caputo. La afirmación es imprecisa: la mayoría de los temas en los que el Estado tiene que intervenir son temas entre privados. Alquileres y relaciones salariales son solo dos ejemplos. El rol del Estado debería consistir en actuar para proteger al más débil en la relación.
El crédito como ahorro anticipado es un mecanismo válido para acceder a bienes y servicios con antelación. Además, es una herramienta de creación de actividad económica. Es decir, el crédito no es malo en sí mismo. Es malo cuando se lo utiliza para cubrir necesidades esenciales pagando altísimas tasas de interés. Por ejemplo, cuando se financia la compra de comida con la tarjeta y luego, dado que muchos no pueden pagarla, sacan un crédito para afrontar esa deuda, pero finalmente no pueden comprar comida, ni pagar la tarjeta, ni nada. Esa es la situación en la que mucha gente está hoy.
Hay que resolver el problema de los endeudados, pero, como ya dijimos, para ello hay que resolver el tema de la distribución del ingreso. Mientras, hay muchas medidas que se pueden implementar para morigerar el daño. Por ejemplo, poner un tope a las tasas de interés. Otra: lograr que todos los agentes financieros estén bajo el mismo sistema regulatorio. Una tercera: por qué no pensar en eliminar el IVA del costo de los créditos personales.
El Gobierno se desentiende y dice “yo solo me ocupo de la macro”. A continuación, sostienen que ni los ingresos ni el nivel de empleo forman parte de la macro. En esa concepción, ésta es básicamente el tipo de cambio, el nivel de Reservas y la inflación. Todo lo demás es “micro”, es decir, los ingresos de los trabajadores y las trabajadoras, la cantidad de desempleados o de personas que no tienen vivienda, entre otras variables. Difícil saber cómo ubicaría, en esta dicotomía, a la producción el pensamiento libertario. Entonces, todos los problemas que afectan a la ciudadanía quedan por fuera de la preocupación gubernamental. Por eso, es probable que de todos los proyectos que la oposición pueda mostrar en el Parlamento para tratar de morigerar un poco la situación actual, ninguno resuelva el problema de fondo, porque el problema de fondo es de modelo.
El oficialismo consiguió este miércoles darle media sanción en Diputados a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Lo que el Gobierno está intentando es autonomizar la política monetaria y financiera de la voluntad popular. En esa perspectiva, uno de los artículos del proyecto establece que los directores del BCRA seguirán siendo designados por mayoría simple del Senado pero que para removerlos se requieren dos tercios de ambas cámaras. Esta mayoría es difícil de lograr, por lo cual lo que el Gobierno le está diciendo a los mercados es “aunque perdamos las elecciones el año que viene, los que manejarán la política monetaria y financiera seguirán siendo los mismos y, por lo tanto, la voluntad popular no va a poder incidir”. En simultáneo, entre las facultades de la entidad monetaria se eliminan la promoción de “la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”. Solo le dejan la tarea de “preservar el valor de la moneda”.
Intentan perpetuar las líneas centrales del modelo, en la perspectiva de que las políticas aplicadas impidan su continuidad después de las próximas elecciones.
*Presidente del Partido Solidario.