Doctorado en Filosofía por la Universidad de Arizona, Jason Brennan es profesor de Ética y Políticas Públicas en la Universidad de Georgetown y uno de los intelectuales contemporáneos más provocadores del liberalismo libertario. Autor de numerosos trabajos sobre filosofía política y economía, Brennan publicó en 2016 Contra la democracia, un polémico trabajo en el que sostiene que el voto no debería ser universal, debería ser calificado: solo podrían votar los ciudadanos que tengan la educación necesaria para hacerlo. Teniendo en cuenta lo que ha posteado Javier Milei en las últimas horas, el presidente argentino coincide con Brennan.

La tesis de Brennan es tan sencilla como inquietante. La mayoría de los habitantes, sostiene el autor, carece de los conocimientos básicos para tomar decisiones políticas racionales, porque sus preferencias están determinadas por prejuicios ideológicos o ignorancia económica. Por eso, el voto masivo sobre el cual se construyen los pilares de la democracia, no necesariamente produce buenos gobiernos y el sufragio termina siendo, según este fundamentalista de la ideología a la que adscribe Milei, un mecanismo que impone decisiones equivocadas surgido de una mayoría sin educación. En un ensayo publicado en 2011 y titulado El derecho a un electorado competente, Brennan va un paso más allá al proponer una alternativa a la democracia de masas: un gobierno de los que saben.

¿Por qué reparar en la controversial tesis de este libertario periférico dentro del mundo académico? Porque como ya se ha dicho, luego de unas semanas en las que se encadenaron las derrotas de Flávio Bolsonaro en Brasil, Benjamín Netanyahu en Israel y Donald Trump en Estados Unidos, Milei acaba de difundir un mensaje que guarda una llamativa semejanza con los principios de Brennan. El miércoles 4 de noviembre, Milei reposteó en X un mensaje del usuario Fran Casaretto, conocido militante de la extrema derecha, que con un argumento un tanto paranoico sostenía que la izquierda gana elecciones, luego destruye la economía y pierde el poder, hasta que debe regresar la derecha para reparar los daños. Pero cuando los ciudadanos se cansan de los sacrificios que impone la prudencia y la responsabilidad en materia económica, la izquierda vuelve a triunfar en las urnas porque ofrece recetas populistas. El mensaje concluía: “El problema es la gente, punto. Por eso hay que educarlos”. Para que no queden dudas: Milei cree que el problema son los votantes, a quienes hay que enseñar a votar. La democracia, hay que decirlo, no se conjuga con semejante argumento.

La alarmante tesis que promueven Brennan y Milei se denomina epistocracia y no nació con los libertarios. Su origen intelectual puede rastrearse en Platón, que en La República defendió la superioridad del gobierno de los filósofos sobre las decisiones de una multitud que consideraba incapaz de distinguir entre el saber y la apariencia. Pero eso fue en el origen de la sociedad occidental, cuando muchos de los valores actuales que forjó la humanidad durante más de dos mil años todavía no existían. Varios siglos después, en 1861, John Stuart Mill propuso en Consideraciones sobre el gobierno representativo un particular sistema de voto por el cual las personas con mayor formación intelectual tendrían más influencia electoral. Mill era un liberal que también defendía la ampliación de derechos políticos, pero no consideraba que las opiniones de todos los habitantes tuvieran el mismo peso en una sociedad. 

La democracia moderna resolvió esa tensión mediante un principio político: cada ciudadano tiene un voto porque todos están sometidos a las decisiones del poder. La epistocracia invierte ese razonamiento al considerar que la legitimidad del voto depende de la responsabilidad de cada individuo en el ejercicio del sistema político y económico y no necesariamente de la igualdad de todos los que allí participan. 

Milei ya había manifestado sus dudas sobre la democracia mucho antes de llegar a la Casa Rosada. En agosto de 2021, cuando era precandidato a diputado, en una memorable entrevista, Luciana Geuna le preguntó en el programa Verdad Consecuencia, si creía en el sistema democrático. Luego de que la conductora de TN tuviera que repetir varias veces la pregunta, Milei respondió con una duda: “Yo creo que la democracia tiene muchísimos errores: ¿conocés el teorema de imposibilidad de Arrow?”. El teorema de Kenneth Arrow demuestra las dificultades para construir una decisión colectiva que satisfaga simultáneamente determinadas condiciones de racionalidad y equidad. Es un resultado de la teoría de la elección social, no una demostración de que la democracia deba ser abolida. Sin embargo, Milei lo utilizó para justificar sus reparos frente al sistema republicano que pretendía integrar.

Los interrogantes de Milei con la democracia se repitieron cuando accedió al poder. Durante el debate presidencial de noviembre de 2023, habló de una “democracia fallida” y mencionó la “tiranía de las mayorías”. En la conferencia del Foro de Davos en 2024, ya como primer mandatario, advirtió que Occidente estaba en peligro por el avance del colectivismo. Y un año después, en la cumbre conservadora de la CPAC de Washington, sostuvo que sus adversarios identificaban la democracia con la expansión del Estado y que consideraban autoritaria cualquier mayoría que no los favoreciera. 

La alarma sobre lo que ocurre con los líderes extremistas y las reglas constitucionales adquiere otra dimensión cuando se observa el comportamiento de las nuevas derechas frente a la derrota en las urnas. Trump se negó a reconocer que había perdido ante Joe Biden en 2020 y sus seguidores asaltaron el Capitolio el 6 de enero de 2021 para impedir la confirmación de los resultados. En Brasil, los partidarios de Jair Bolsonaro invadieron el Congreso, el Palacio del Planalto y el Supremo Tribunal Federal en 2023, para que poner en cuestionamiento al Lula da Silva, luego de vencer al bolsonarismo. Por caso, ni Bolsonaro ni Milei han reconocido hasta el momento, y ya pasaron dos semanas, la nueva victoria de Lula. De tan torpe, el argumento no merece ningún tipo de análisis: la democracia es válida si gana la derecha, pero hay que reformarla cada vez que triunfa la izquierda.

En este contexto, es interesante advertir que Milei reivindica el modelo de la Generación del 80. Aquella Argentina agroexportadora que, según su interpretación, llegó a convertirse en una potencia mundial gracias al liberalismo económico, es la que siempre pondera el Presidente. Lo que suele quedar fuera de esa reivindicación es que aquel sistema funcionaba bajo un régimen oligárquico, sostenido por el fraude electoral y la exclusión de amplios sectores de la población. Recién en 1912, con la Ley Sáenz Peña, se estableció el sufragio universal secreto y obligatorio, aunque solo era reservado a los hombres. El sueño de Milei es el de un régimen que ofrezca ventajas para una elite, sin que ese sistema deba someterse a una validación en las urnas. Milei quiere una epistocracia moderna en la que solo voten los favorecidos de ese modelo.