Cambio de época

Mercedes Sosa que estás en los cielos

Esta nueva realidad del país ha disuelto aquello que nos hacía diferentes.

Mercedes Sosa. No entendería cómo un coordinador de Radio Nacional insulta su memoria. Foto: cedoc

A mediados de los años noventa, en uno de los pasillos de una tienda de Madrid, me crucé con Mercedes Sosa, que estaba eligiendo algunos comestibles. Mi sorpresa no fue menor y ella, con una lata de café en la mano, como si en lugar de un extraño tuviera a un vecino delante, me saludó: “¿Qué hacés, nene?”. A partir de allí tuvo lugar una charla breve en la que se interesó por mi trabajo. “Portate bien”, me aconsejó y sentenció: “A ese país no podés volver”.  Era el segundo mandato de Menem. 

¿Qué diría hoy?

Cuando ganó Javier Milei las elecciones de 2023, la revista La maleta de Portbou, que dirige el escritor Josep Ramoneda, me pidió un análisis de algo que aún sigue sin tener explicación para los españoles: la emergencia de un sujeto político fuera de cualquier previsión y de un perfil inclasificable. Antes, algunos años atrás, el lugar común era preguntar a un argentino por el peronismo, un fenómeno tan inasible como singular para cualquier extranjero que se interesa por la política. Ahora, el peronismo es pasado. Esta nueva realidad del país, al menos vista desde España, ha disuelto por completo aquello que nos hacía diferentes, como los dos goles de Maradona a los ingleses, la música de Piazzolla o la obra de Borges. Hoy lo que suele requerir un español –de manera amable, casi con pudor por temor a la ofensa– es la explicación de Argentina; el objeto de interés, directamente, es el país. El periodista Enric González, quien fue corresponsal de El País en Buenos Aires, sostiene que si lo puedes explicar, es porque lo has entendido mal.

En aquel análisis a tientas, impregnado por la emergencia súbita del fenómeno, que publiqué en La maleta de Portbou, recuerdo que me vi obligado a recrear, de algún modo, la década de Menem para que en el contraste entre el período en que se liquidó el Estado y se organizaban encuentros sociales con la farándula en los que se servía pizza con champagne, esa etapa curiosa del país era de algún modo un espejo a partir del cual se podría establecer un punto de partida. Si la tragedia de la dictadura devino en aquella farsa que al poco tiempo también puso en escena Silvio Berlusconi en Italia, algunos elementos podían servir para leer la Argentina actual. Se pueden establecer, además, creo, puntos de encuentro entre Menem y Berlusconi y proyectarlos sobre Javier Milei y Donald Trump.  

Cada vez que en Italia se convocaban elecciones en las que se presentaba Berlusconi, la revista inglesa The Economist le dedicaba la tapa para expresar su rechazo al candidato. Así como, históricamente, existe una tradición en la prensa anglosajona de apoyar a un político en las presidenciales, en el caso de Berlusconi, The Economist se centraba en la impugnación. Lo curioso es que la línea editorial de la revista responde al ideario liberal y a la economía ortodoxa pero no consentían el estrés al que el exmandatario italiano sometía a las instituciones. Ahora, con Trump sucede lo mismo. 

Vistos desde fuera, resulta curioso que salvo este periódico, el digital eldiarioAR y contados nombres como María O’Donnell, Marcelo Longobardi o Ernesto Tenembaum, entre algunos pocos más, no se escuchen otros análisis críticos no ya sobre la marcha de la economía o el circuito venal de la corrupción sino sobre el riesgo en el que se encuentra el sistema democrático del país. Sin duda, es la naturalización del estado de las cosas.

¿Mercedes Sosa volvería hoy? Difícil. No comprendería como, incluso después de cuatro décadas de democracia, un coordinador de Radio Nacional con motosierra (hay imágenes del funcionario exhibiendo la herramienta) insulte su memoria. 

Todo indica que van a más. Lo que no es previsible es si habrá más voluntades dispuestas a recuperar el sentido. 

*Escritor y periodista.