Ocupas en las redes
En plan “La ternura es el nuevo punk”, lo nuevo debería ser usar las redes sociales cada vez peor. Nada de luchar por sacar partido del algoritmo y las herramientas disponibles; la involución tendría que profundizarse junto a la falta de tino y tempo. Tuitear cuando ya murió la tendencia, replicar contenidos exageradamente impopulares o vergonzantemente populacheros, usar filtros de hace diez años y epígrafes incomprensibles, cortar mal los videos, dejar en evidencia que no se está al tanto de los mecanismos ni las modas, desconocer u olvidar qué significan las siglas FOMO o POV, no seguir a casi nadie o seguir a demasiados. Indispensable no dar jamás muestras de ingenio, compartir solo las fotos en las que salimos muy mal y eludir la conversación, el mensaje, la opinión y la chicana que se supone son la gracia de la socialización virtual.
El plus de esta apuesta es ser muchísimo menos trabajosa y estandarizada, aunque puede sonar antojadiza cuando no insustancial, y es aceptable. Pero también es cierto que la relación entre el éxito en redes (dado en gran medida a usarlas como se debe) es a menudo inversamente proporcional al valor de lo que efectivamente hace el usuario fuera de ellas. Una parte de los escritores, pensadores y artistas más relevantes de Argentina no se encuentra en X (ni hablar de TikTok) o entra erráticamente, mientras que, de incursionar en Instagram, lo hace ajeno a la estética marcada por influencers y actualizaciones de la aplicación, al igual que incontables talentos del mundo que se mueven fuera del compulsivo círculo de aceptación de los seguidores. Si tanto se machaca con la adicción a las pantallas, la soberanía cognitiva, el control del discurso, la basura digital y la tiranía del like, ¿por qué no pelearla sediciosamente en vez de alinearse para llamar la atención de quien ya no presta real atención a nada? Estar adentro, sí, porque a veces es lindo evadirse del afuera, pero no como un soldado sino como un ocupa que usa las instalaciones sabiendo que no es dueño de nada. Hacer asado con el parquet e improvisar una pelopincho con bolsas de consorcio.
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