Oro: AGN dice que se perdieron US$ 1 mil M, el BCRA que ganó y los lingotes no están en Londres
La Auditoría General de la Nación (AGN) denunció que el Banco Central (BCRA) perdió US$ 1.023 millones durante 2025 por coberturas financieras sobre el oro; la autoridad monetaria respondió que ganó US$ 2.505 millones netos, que las coberturas eran un seguro y acusó a la AGN de motivaciones políticas. En paralelo, la negativa de la defensa argentina ante la Justicia de Londres en la causa Cupón PBI reveló que los lingotes enviados al exterior en 2024 no están en esa plaza, lo que refuerza la hipótesis de que están en el Banco de Pagos Internacionales de Basilea.
En un tiempo, quizá años, se recordará “La Guerra del Oro” como un evento donde un tecnicismo económico y financiero extremo se trasladó al ring de la política agrietada argentina y en el que los responsables del Ministerio de Economía y el Banco Central saldrán chamuscados. La Auditoría General de la Nación (AGN) no cuestiona un delito, sino algo más complejo: haber tomado malas decisiones de inversión que le hicieron perder a las reservas de la entidad que maneja Santiago Bausili unos US$ 1.000 millones. Una situación humillante para un equipo que se enorgullece de haber llegado a las grandes ligas de la actividad privada y a la cúspide del manejo de la economía desde lo más alto de la compra y venta de papeles en los mercados de capitales del mundo. Traders de victorias comprobadas en los estadios más exigentes tienen que explicar por qué decidieron mal y por qué perdieron dinero. Tienen suerte Bausili y compañía: si las explicaciones fueran a clientes privados, las consecuencias serían complicadas. No hay nada que enoje más a un inversor que perder plata. En este caso, mucha.
La polémica gira alrededor del traslado al exterior de parte del oro de las reservas del BCRA, realizado desde 2024. El Gobierno y el Banco Central sostienen que la operación permitió colocar el metal en instituciones internacionales para obtener rendimiento o usarlo como garantía en operaciones financieras, en lugar de mantenerlo inmovilizado en las bóvedas locales. El conflicto apareció cuando la AGN intentó auditar esas operaciones y reclamó información sobre cantidades, destino, custodios, contratos, costos, rendimientos y eventuales garantías. El BCRA defendió la confidencialidad de ciertos datos, argumentando que revelar información sensible sobre la administración de reservas puede perjudicar sus operaciones. La AGN responde que su función constitucional de control exige acceder a la documentación necesaria para determinar dónde está el oro, bajo qué condiciones fue colocado y qué riesgos asumió el Estado. El debate no es sólo dónde están físicamente las reservas, sino hasta dónde llega el secreto del BCRA frente a las facultades de control de la AGN.
El jueves pasado por la noche, el organismo presidido por Juan Manuel Olmos denunció que el BCRA había perdido unos US$ 1.023 millones durante 2025 por operaciones con derivados financieros cuyo resultado dependía de la evolución del precio internacional del oro. Curiosamente, se había apostado a una caída del valor y a la necesidad de proteger el metal. Olmos afirmó que la entidad había especulado, que «erró el cálculo y perdió US$ 1.023 millones» y que no se registraba una pérdida de esa magnitud en las operaciones auditadas. En definitiva, acusaciones de mala praxis financiera. No éticas.
El BCRA no se quedó atrás. Dos horas después, como sabiendo que se venía la embestida y con la contestación preparada, emitió un comunicado en redes donde afirmó que, lejos de perder, obtuvo una ganancia neta de US$ 2.505 millones durante 2025. La respuesta tuvo cinco puntos:
No hubo pérdida global, sino ganancia. Los US$ 1.023 millones cuestionados corresponden al costo de operaciones destinadas a proteger las reservas frente a una eventual caída del precio.
Las operaciones funcionaban como un seguro: si el oro sube, los instrumentos de cobertura pueden generar pérdidas, que deben compararse con la valorización del metal.
La estrategia se usa desde 2007. Entre 2007 y 2011, sus costos relativos habrían sido casi el doble de los de 2025.
La AGN no había cuestionado antes esas operaciones, las de 2007-2011.
Acusó a la AGN de actuar con motivaciones políticas.
La polémica continuará algunas semanas. Y quedará en la memoria una acusación política de Olmos y compañía sobre las verdaderas habilidades de traders del equipo que maneja la economía y las finanzas de la Argentina. Pero sobrevuela una pregunta: ¿dónde está el oro?
El oro que en julio de 2024 fue sacado del país no está en Londres. Quienes siguen las pistas de los aproximadamente US$ 4.800 millones en onzas de ese metal tienen desde esta semana una certeza: ese dinero, parte activa de las reservas, no se encuentra depositado en la capital inglesa. Y no fueron las autoridades del Central quienes lo aclararon, sino los tribunales ingleses, donde la Argentina se juega uno de sus múltiples juicios: el de los bonos del PBI. En abril, la Corte de Apelaciones de Londres, donde tramita la causa Cupón PBI, le ordenó al banco Lloyds congelar todos los activos soberanos argentinos hasta la audiencia fijada para el martes. La decisión se vinculaba con la condena que pesa sobre el país, que perdió en primera y segunda instancia y cuyo caso la Corte Suprema británica rechazó tomar, con lo cual la sentencia quedó firme. Se abría la posibilidad de embargos para garantizar el pago de unos US$ 1.800 millones, y el oro depositado en Londres estaba en la mira. Sin embargo, los abogados que representan a la Argentina le aclararon al Lloyds y a la Justicia inglesa que no hay ningún activo para embargar. Lo que incluye, obviamente, el oro que salió del BCRA en 2024.
La sospecha era que los lingotes de la entidad de Reconquista 266 habían sido enviados a Londres, mercado habitual de este metal, donde podrían generar intereses. La respuesta a la Justicia inglesa salda esa sospecha. Queda entonces la duda sobre dónde están, dado que, de estar en esa plaza, ya estarían embargados. La posible respuesta es Suiza: el Bank for International Settlements (BIS), con sede en Basilea, el “banco de los bancos centrales”, tradicional intermediario donde se realizan operaciones habituales con oro y otros metales preciosos mediante swaps, préstamos y repos. No es un depósito abierto al público, sino una institución donde los bancos centrales colocan oro como activo financiero y realizan operaciones de corto plazo para obtener liquidez. Y, aunque no es lo habitual, el BIS acepta depósitos temporales si la idea era colocarlos como garantía.
De las tres alternativas posibles, descartada Londres, quedan Basilea y Nueva York. Se supone que no fueron enviados a Nueva York por el peligro de embargos en la causa YPF, que finalmente quedó a favor de la Argentina en segunda instancia, aunque todas las fichas estaban ordenadas para un resultado negativo y habría que haber resguardado el oro. En síntesis, y por descarte, los lingotes deberían estar en el BIS de Basilea.
La salida del oro había sido alertada en julio de 2024 por Sergio Palazzo, titular de La Bancaria (Unión por la Patria), quien pidió detalles. Dos meses después la confirmó el ministro Luis “Toto” Caputo, que la calificó de operación “positiva” para que el país maximizara “los retornos de sus activos”. Oficialmente, el 2 de septiembre de 2024 el BCRA anunció que “completó exitosamente transferencias de parte de sus reservas en oro entre sus diferentes cuentas”, sin explicar cómo, cuándo ni adónde. Dijo además que “estas operaciones de rebalanceo no alteran el volumen total de las reservas en oro” y que la “difusión irresponsable de información, con fines políticos” había puesto en riesgo la seguridad de los activos. Quizá por eso, el secretismo. Caputo lo explicó así: “Hoy tenés oro en el Banco Central, que es como si tuvieras un inmueble adentro, que no lo podés usar para nada. En cambio, si vos tenés eso afuera, le podés sacar un retorno. Es mejor tenerlo custodiado afuera, donde te pagan algo”. Pero siempre sin explicar dónde estaban los lingotes. Ahora, gracias a la Justicia de Londres, parece comenzar a develarse el misterio.
La “Guerra del Oro” deja una enseñanza. Bausili y compañía no estarían dando explicaciones vía redes sociales si desde un principio, o al menos cuando el oro llegó a Basilea, hubieran dado explicaciones públicas, claras y concretas sobre la ruta del metal precioso. Sin eufemismos ni posiciones altaneras. En definitiva, el oro no es del equipo económico. Es de las reservas. Y, en consecuencia, de los argentinos.