Ahora que la ultraderecha empieza a estar de rama caída, luego de años de borrachera de infamias, crueldad, corrupción y latrocinio, ahora que la palabra Trump empieza a sonar como un estampido de gas que se dispara del envaselinado trasero de un buzo y se va para abajo, hasta da un poco de penita, hasta dan ganas de tirarle un cable y decirles que no desesperen, que hasta las revoluciones más revolucionarias tienen sus idas y vueltas. Por ejemplo. Apenas se hicieron con el poder, los bolcheviques hicieron generosas concesiones de explotación petrolera a los capitalistas americanos como forma de romper el bloqueo comercial, y luego cerraron una apresurada paz en Brest Litovsk, entregando buena parte de los territorios considerados como propios para evitar que el imperio alemán y el turco se quedaran con todo. Por supuesto, cualquier rusólogo o sovietólogo mínimamente informado podría azotarme con un knut provisto de alambre de púa en sus terminaciones, en castigo por mis simplificaciones. Pero esta presentación es solo a efectos de señalar que en todas partes se cuecen habas, y de paso mencionar que nuestro ya conocido Gleb Bokii era de los integrantes de la izquierda bolchevique que proponía enfrentar a los invasores alemanes en vez de firmar una paz por separado, lo que garantizaría la muerte del Partido como vanguardia revolucionaria. No obstante, los alemanes no se hacían problemas con estas cuestiones de escatología bolchevique y continuaban avanzando hacia Petrogrado, así que la firma de la paz fue, al parecer, una cuestión de estricta necesidad, y ni Lenin ni Trotsky le preguntaron su opinión a nuestro amigo.

Qué curioso. Cuanto más quiero avanzar en dirección de los cosmistas rusos, más retrocedo en las encantadoras bifurcaciones que conducen a esa historia, de modo que en este retroceso perpetuo tal vez me remonte a la formación de las naciones, luego retroceda hacia el período feudal, y yendo en veloz cabalgata hacia atrás derive en la división de los continentes, el surgimiento de la especie humana, para ir al galope hacia el período de dominación de los dinosaurios (saltando heroicamente la caída del asteroide que los aniquiló, como la bomba demócrata a Donald), hasta llegar al delicioso momento inicial en que éramos bichitos unicelulares que flotábamos en la sopa oceánica del inicio, y luego, ¿por qué no?, arribar a los primeros seres vivos, las cianobacterias. Pero, retroceder nunca, rendirse jamás. Seguiremos.