Nunca fue fácil elegir una carrera después de terminar el secundario, pero hoy el desafío parece ser aún más complejo y vertiginoso. Entre la irrupción de la inteligencia artificial, la presión de las redes sociales con sus recetas de éxito rápido, la enorme oferta académica y el miedo a que la profesión elegida quede obsoleta, los chicos llegan a la consulta de orientación vocacional con muchas dudas y, a veces, sin saber cuáles son sus habilidades o gustos.  

¿De qué manera se orienta a las nuevas generaciones en su proyecto de vida? ¿Sirven los test vocacionales que circulan por internet o generan más confusión? ¿Cómo se elige frente a escenarios cambiantes e inciertos? Tres expertas en orientación vocacional —Luciana Rinaudo, Silvia Carmona y Laura Waisman— dan algunas pistas a Perfil Córdoba.   

“Durante mucho tiempo, la orientación vocacional estuvo asociada a la administración de tests que buscaban identificar intereses y aptitudes para indicar qué carrera estudiar. Hoy entendemos que la elección vocacional es un proceso mucho más complejo y personal donde interviene lo subjetivo y el contexto social”, explica la psicopedagoga Luciana Rinaudo, especialista en Orientación Vocacional y en Innovación Educativa y directora de la carrera de Psicopedagogía en la Universidad Siglo 21.   

Se trata de aprender a elegir y esto —subraya— implica trabajar en el autoconocimiento, explorar la información ocupacional y reconocer los propios intereses, habilidades y valores para construir un proyecto de vida con sentido, todo en un mercado laboral en permanente transformación.  

“Ya no podemos pensar la elección de una carrera como una decisión única y definitiva, sino como el comienzo de un recorrido que puede transformarse a lo largo de la vida", apunta.  

La psicopedagoga Silvia Carmona dice que hoy se habla de una “identidad Beta", un concepto que nos aleja de la ilusión de un producto terminado. “Así como en el software las versiones beta están en constante actualización y mejora, los jóvenes actuales construyen su identidad profesional entendiendo que no hay un destino definitivo, sino un trayecto de permanente mutación, ensayo, error y rediseño”, sostiene.  

Por su parte, Laura Waisman —psicopedagoga y titular de la cátedra Orientación Vocacional en la Universidad El Salvador— subraya que el objetivo de la orientación vocacional es que el joven sienta autonomía para elegir.

  

Incertidumbre y dudas

“Se observa un predominio de la angustia ante la elección sin red. A diferencia de décadas anteriores, donde los recorridos vitales eran más lineales y previsibles, los jóvenes experimentan lo que Zygmunt Bauman denominaba incertidumbre líquida”, dice Silvia Carmona.  

Las consultas —agrega— están atravesadas por el miedo a equivocarse, la parálisis frente al exceso abrumador de ofertas académicas y virtuales, y una profunda sensación de vacío existencial. “Los jóvenes no solo temen no tener salida laboral, sino que temen no encontrar un propósito genuino, sintiendo que sus elecciones están condicionadas por los algoritmos de las redes sociales y las expectativas de éxito económico inmediato que proyecta el entorno familiar y digital”, sostiene.  

Las expertas indican que muchos jóvenes se preguntan qué carreras tendrán mayores oportunidades de empleo, cuáles podrán sostenerse en tiempos de IA y qué competencias serán más valoradas en los próximos años.  

 

Planificación y flexibilidad

En el contexto actual, Rinaudo cree que más que nunca es importante construir un proyecto de vida y tener una visión de futuro. “Lo que ha cambiado es la manera de pensar ese proyecto: ya no desde una idea rígida e inamovible, sino con flexibilidad y apertura a los cambios”, remarca.  

En este sentido, es fundamental desarrollar capacidades de adaptación y actualización permanente. “La planificación sigue siendo necesaria, pero entendida como una brújula que orienta el camino y no como un recorrido fijo que no puede modificarse”, indica.  

Para Carmona hoy es preciso pasar de planificar contenidos y títulos estables a cultivar el pensamiento crítico, la capacidad vincular, la resiliencia ética y la agilidad de aprendizaje. Enfatiza, además, que el sentido orientador se asienta en la capacidad de la persona para otorgar valor y significación a su propio itinerario formativo, sea cual fuere el escenario tecnológico.  

La especialista sostiene que frente al bloqueo, la apatía o el "no sé qué me pasa o qué quiero", el encuadre psicopedagógico humanista trabaja con mediaciones lúdico-narrativas, la exploración de intereses latentes, el análisis de experiencias previas de disfrute y el reconocimiento de fortalezas vinculares. Añade que el deseo no se “encuentra” mágicamente, sino que se construye artesanalmente a través de la experiencia y con el otro. 

 

Carreras del futuro

El cambio constante de escenario que puede dejar algunas carreras obsoletas suele ser motivo de consulta. En ese marco, la pregunta del millón es saber si se está eligiendo bien. “Elegir bien no tiene tanto que ver con intentar predecir qué profesiones existirán dentro de 20 años, sino con tomar una decisión basada en un profundo proceso de autoconocimiento”,  insiste Rinaudo, quien recomienda a los jóvenes priorizar lo que les “hace latir el corazón”.  

Waisman recuerda que el orientador acompaña desde el lugar en el que está cada joven. No hay dos procesos iguales ni una única manera de hacerlo. Se incluyen las dudas, los miedos, la incertidumbre y las presiones. 

“Acompaña hacia el autoconocimiento, a bucear en sus raíces, su presente y sus sueños para el futuro”, sostiene.  

Silvia Carmona subraya que el fantasma de la obsolescencia laboral genera un realismo defensivo en la elección. “Muchos jóvenes se inclinan utilitariamente hacia aquello que la IA no puede reemplazar. No obstante, desde una mirada psicopedagógica humanista, elegir guiados puramente por el miedo a la desaparición de una carrera conduce a elecciones inauténticas y vacías de deseo”, opina. 

Rinaudo agrega: “Como nada te asegura un trabajo, es importante elegir priorizando lo que te gusta, lo que responde a tus necesidades, habilidades, valores”.  

Respecto al mandato de "un título para toda la vida", Carmona dice  que actúa como un peso agobiante. Hoy la biografía laboral aparece como un trayecto dinámico  donde se atraviesan múltiples reconversiones. 

En la misma línea, Laura Waisman subraya que una carrera no determina para siempre la vida de una persona, y no se elige una sola vez para toda la vida.  

 

Las expectativas familiares

Muchos jóvenes llegan a la consulta cargando también con las expectativas familiares. “En contextos socioeconómicos complejos, las familias proyectan en los hijos un mandato de supervivencia y rápida inserción financiera: carreras breves, oficios tecnológicos, ‘ganar en dólares’”, enumera Carmona.  

Advierte que esto pone al joven en una encrucijada compleja: o se somete al mandato familiar alienando su propio proyecto vocacional o se rebaja a una autonomía culposa. “El rol de la orientación es desarticular este clivaje, ayudando a distinguir entre la legítima preocupación económica y los mandatos parentales inconscientes que obturan la libertad de elegir”, apunta.  

Para Waisman, el mensaje familiar suele ser parte de los obstáculos o también puede ser un estímulo que facilita la posibilidad de pensarse y sentirse libre para elegir.  

“Los padres son aliados cuando asumen el rol de acompañar, conteniendo, escuchando y respetando la decisión de sus hijos”, enfatiza.  

 

El éxito fácil

Luciana Rinaudo plantea que los modelos de éxito fácil —trayectorias laborales rápidas, ingresos elevados y resultados inmediatos— que circulan en las redes sociales influyen en las expectativas de los jóvenes. Incluso pueden generar comparaciones y ansiedad. “Muchos llegan a la consulta preguntándose si vale la pena estudiar una carrera larga o si deberían orientarse únicamente hacia áreas que prometen una inserción laboral más rápida o mejores ingresos”, explica.  

El espejo del éxito fácil en las redes también genera, en palabras de Silvia Carmona, “una  frustración crónica” al contrastar estas narrativas ficcionales con el esfuerzo real de cualquier proceso de formación genuino. 

Por otra parte, cada vez es más frecuente que los chicos lleguen con decisiones elaboradas a partir de búsquedas   con IA y consulten para corroborar si esa elección es la correcta. “Es innegable el uso masivo de herramientas algorítmicas y tests online estandarizados por parte de los consultantes”, confirma Carmona.  

Si bien esas herramientas pueden servir como disparadores iniciales, organizadores de intereses para romper la hoja en blanco, pueden reducir un proceso existencial, singular y complejo a una serie de variables cuantificables por un algoritmo que desconoce la historia, el inconsciente, el contexto socio-afectivo y el sentido ético del consultante. “La IA puede arrojar datos estadísticos, pero jamás podrá interpretar ni validar el deseo singular del sujeto”, dice Carmona.  

Rinaudo considera que el principal riesgo de quedarse con la respuesta de un test virtual o de la IA es que el adolescente delegue la decisión en la herramienta y deje de preguntarse qué quiere o qué le interesa. 

“En esos casos, nuestro trabajo consiste en abrir el espacio a la pregunta y la reflexión. La orientación vocacional no busca decirle a alguien qué estudiar, sino acompañarlo en un proceso que le permita profundizar en el conocimiento de sí mismo, reconocer sus intereses, habilidades, valores y deseos”, sostiene. Recién ahí es posible mirar las opciones de estudio y de trabajo desde otro lugar.  

“Esas herramientas solo podrían ser válidas si son acompañadas por un profesional de la orientación. No hay nada que por sí solo defina qué estudiar”, asegura Waisman.  

 

Las carreras elegidas

Según la experiencia de las especialistas consultadas, la elección de las carreras es muy variada. Las clásicas no han perdido vigencia pero cada vez hay más jóvenes que prefieren carreras cortas y nuevas con rápida salida laboral. También se observa un creciente interés por las relacionadas a lo ambiental, a la gastronomía, al diseño de indumentaria, a la danza y al deporte, actividades que pueden transformarse en emprendimientos personales.  

Hay interés creciente en ofertas tecnológicas (programación, análisis de datos, diseño digital), la comunicación digital y la gestión de contenidos. “El desafío clínico consiste en leer detrás de la elección formal para advertir si responde a una vocación genuina o a una adaptación defensiva al mercado”, advierte Carmona.