La llegada del Papa León XIV a la provincia de Córdoba no solo marcará un hito histórico en el plano espiritual y social para la región, sino que transformará al evento en una codiciada vidriera política, tal vez una de las más importantes de los últimos años.
Las estimaciones oficiales proyectan más de 750.000 fieles concentrados en el predio de la Fábrica Argentina de Aviones (Fadea) y la movilización de más de un millón de personas en todo el entramado urbano por el que circulará el Papa. Por este motivo, el operativo de seguridad y logística se transformará, indefectiblemente, en una gigantesca auditoría en tiempo real para el oficialismo provincial y, de manera muy particular, para dos de sus piezas que aspiran a la intendencia: Juan Pablo Quinteros, actual ministro de Seguridad, y Miguel Siciliano, ministro de Vinculación y Gestión Institucional, ambos anotados en el camino al Palacio 6 de Julio del próximo año.
El evento, que requerirá un despliegue sin precedentes de cerca de 14.000 efectivos en territorio cordobés (en el marco de un esquema nacional que supera los 50.000 agentes bajo el Comando Unificado Federal, sumados a la Guardia Suiza y a toda la inteligencia internacional que llegará para la ocasión), pondrá a prueba la capacidad de contención del Estado, principalmente provincial, que pondrá 11.500 efectivos en la calle.
En los despachos del Centro Cívico y también en cada uno de los espacios opositores, nadie ignora la lectura que dejará el evento: el éxito o cualquier tropiezo en el ordenamiento del caos masivo repercutirá de forma directa en las “acciones 2027” de los dos ministros clave de Martín Llaryora, que ya calientan motores con la mirada puesta en los comicios que elegirán al sucesor de Passerini.
Quinteros y el examen del orden
Para el ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, el desembarco del Papa representa el desafío más complejo y definitorio de su gestión, según él mismo lo define. Encargado de coordinar la logística preventiva y el ordenamiento territorial, trabajará con fuerzas de todo tipo, entre ellas con la Gendarmería —el comandante general Héctor Gabriel González (titular de la Región III de la fuerza)—. Quinteros incluso confirmó a este medio que en esos días dormirá directamente en el predio de Fadea para monitorear el operativo minuto a minuto desde el centro de la escena.
Al definir la distribución de funciones con las fuerzas nacionales, Quinteros fue contundente sobre la impronta local: “El 90 por ciento del dispositivo está en manos de la Policía de Córdoba”, comentó.
El diseño contempla, además, la custodia íntima del Vaticano y la Policía Federal, el control perimetral a cargo de Gendarmería en el predio principal y la marcha de 14.000 efectivos provinciales junto a 5.000 cadetes en el anillo externo y el casco cívico. A esto se suma la restricción del espacio aéreo con tecnología antidrones, el despliegue de francotiradores y la custodia del papamóvil traído desde Colonia Caroya.
Hay preocupación no por amenazas sobre la figura del Papa, pero podría haber algún tipo de manifestación gremial, algo que generó ruido en los organizadores.
En la arquitectura del oficialismo, Quinteros encarna la apertura hacia sectores no peronistas y goza del perfil de un ejecutor con peso en la agenda de seguridad urbana. Cuenta con una imagen conocida, al punto que es común verlo posar para selfies, y está anotado para el año próximo. De cara a sus aspiraciones para la intendencia de la ciudad de Córdoba en 2027, la contención del tránsito masivo, la fluidez en el circuito del papamóvil por la avenida Colón y el control de eventuales contingencias ante la parálisis operativa del centro serán leídos como aspectos positivos en esa carrera.
Siciliano también bajo análisis
Del otro lado de la mesa operativa se ubica Miguel Siciliano, ministro de Vinculación y Gestión Institucional. Si a Quinteros le toca la contención de la fuerza y el rigor preventivo, a Siciliano le corresponde la coordinación política, la articulación con los estamentos nacionales y eclesiásticos, y el manejo fino de la comunicación pública con la ciudadanía.
Siciliano, uno de los dirigentes con mayor rodaje y conocimiento del mapa territorial de la capital cordobesa tras su paso como secretario de Gobierno municipal y varios pasos dentro de la escudería comandada por el gobernador Martín Llaryora, no dudó en elevar la vara del reto al calificar la visita como “el evento más grande de la historia de Córdoba”. Con ese nivel de escala sobre la mesa, el candidato de las estructuras orgánicas del PJ para el Palacio 6 de Julio asumirá la tarea de canalizar el mensaje oficial: desde alertar sobre la previsible saturación de las redes de telefonía e internet (recomendando el uso del SMS tradicional), hasta coordinar la logística del predio alternativo el “Papa Fest” en la Circunvalación y garantizar el esquema de accesibilidad y transporte.
El peronismo cordobés sabe que la gestión de las pasiones populares y los grandes eventos es parte identitaria del “modelo Córdoba” que tiene en Siciliano a uno de sus voceros, y también defensores más acérrimos.
El ordenamiento de las carpas sanitarias, el correcto funcionamiento de los puestos de hidratación y la contención de una multitud tras 12 horas de espera en Fadea exigirán al máximo la capacidad de respuesta institucional que el ministro abandera en su discurso político.
Llaryora. En el centro del tablero se ubica el gobernador Martín Llaryora. El mandatario provincial entiende que la visita de León XIV es una oportunidad única para exhibir ante el país y el Vaticano a Córdoba y a su gestión. Por tal motivo, la Provincia realizó una inversión millonaria que espera recuperar en materia de ingresos y gastos generados por la multitudinaria cantidad de visitantes, y que el evento termine con un “aprobado” y la satisfacción de haberlo llevado a cabo en paz, como todo el mundo espera.