SUPERCÓMPUTO

El VAR de la Justicia: cómo Córdoba reconstruye escenas de crímenes que nadie filmó

Cuando cada minuto cuenta, el convenio entre la Universidad Nacional de Córdoba y el Ministerio Público Fiscal —que trasladó tecnología creada para la investigación científica hacia una de las pericias más complejas del sistema penal— promete recortar días enteros de procesamiento.

CONFIDENCIALIDAD. Debido al tipo de material, la universidad cedió placas de procesamiento gráfico (GPU) para que los peritos trabajaran. Foto: UNC

Hay computadoras que miran hacia el futuro y, sin embargo, ayudan a reconstruir el pasado. En la provincia, una parte de la capacidad de cálculo que la Universidad Nacional de Córdoba utiliza para modelar el clima, simular fenómenos físicos o resolver problemas científicos de enorme complejidad encontró un destino bastante menos previsible: reconstruir digitalmente escenas de hechos delictivos.

En rigor, la Policía Judicial hace reconstrucciones virtuales desde hace años y ese trabajo forma parte de los procesos de la Dirección de Análisis Criminal y Tecnologías de la Información, que cuenta con certificación bajo normas internacionales de calidad. La novedad es otra: la potencia de cálculo que ahora tiene a disposición, gracias al acuerdo con la UNC, para hacerlas más rápido.

La colaboración comenzó a tejerse a mediados de 2025, cuando el Ministerio Público Fiscal se contactó con Nicolás Wolovick, director de UNC Supercómputo. Los peritos necesitaban procesar imágenes y animaciones vinculadas con escenas del crimen, un material especialmente sensible que, por razones de seguridad y confidencialidad, no podía circular por las computadoras centrales de la Universidad, donde conviven trabajos de distintos investigadores.

La solución fue bastante sencilla, aunque detrás había una tecnología sofisticada: en lugar de llevar los archivos hasta la supercomputadora, llevaron capacidad de cálculo hasta los peritos.

La UNC prestó tarjetas gráficas de alto rendimiento para que el procesamiento pueda hacerse de manera local, en los propios equipos de la Sección de Desarrollo Interdisciplinario (SDI, a cargo de Melisa Severina), perteneciente a la Dirección de Análisis del Comportamiento Criminal y Tecnologías de la Información de la Policía Judicial de la Provincia. El acuerdo quedó formalizado mediante un convenio entre la Universidad y el Ministerio Público Fiscal, firmado por el rector Jhon Boretto y el entonces fiscal general Juan Manuel Delgado. Los detalles de esa colaboración se conocieron públicamente recién el 10 de julio pasado.

¿Para qué sirve?


Para entenderlo hay que olvidarse por un momento de las computadoras y pensar en una escena del crimen. Los peritos tienen fotografías, medidas de una habitación o una calle, la posición de un vehículo, informes médicos y balísticos, testimonios y toda clase de indicios. Con esa información construyen una especie de maqueta digital en tres dimensiones.

La reconstrucción virtual sirve para poner a prueba una hipótesis. Permite, por ejemplo, analizar si una trayectoria de bala es compatible con las evidencias recogidas, si la posición de una persona coincide con determinada versión de los hechos o si dos explicaciones diferentes de un mismo episodio pueden ser físicamente posibles.

Hay algo del VAR en estas reconstrucciones, aunque acá no haya una cancha ni una pelota. La lógica es parecida: volver sobre una escena, detenerla, cambiar el ángulo y revisar qué pudo haber ocurrido a partir de la evidencia. Pero existe una diferencia fundamental. El VAR trabaja con imágenes que efectivamente registraron una jugada; los peritos cordobeses tienen que construir esas imágenes a partir de las huellas que dejó un hecho que nadie filmó completo.

Una fotografía, una medida, una trayectoria balística, la posición de un vehículo o un informe médico son las piezas de ese rompecabezas. Con ellas, los especialistas levantan una escena tridimensional y pueden poner a prueba distintas hipótesis sobre lo ocurrido. No es una película del crimen. Es una forma de volver a mirar un hecho que ya pasó.

La reconstrucción es un trabajo de muchas cabezas. Hay especialistas que construyen el modelo tridimensional y profesionales que aportan información de distintas disciplinas —balística, medicina, fotografía, planimetría, entre otras—, mientras otro equipo se ocupa de que todo ese trabajo pueda incorporarse al análisis de una investigación judicial. Convertir ese modelo en las imágenes es algo que insume mucho tiempo. Es algo parecido a lo que ocurre cuando una computadora genera los gráficos de un videojuego de alta complejidad: cuanto más detalle, objetos y movimiento tiene la escena, más cálculos debe realizar la máquina. Y una animación no es una imagen. Son muchas. Por eso cada fotograma debe ser calculado individualmente para que, al reproducirlos en secuencia, el movimiento cobre vida. Ahí es donde entran las placas prestadas por la UNC.

 

El hospital secreto donde los juguetes vuelven a latir

 

Según las pruebas realizadas por la Policía Judicial, su utilización redujo en un 39,3% el tiempo necesario para procesar cada fotograma. El porcentaje puede parecer, a primera vista, un dato puramente técnico. Pero llevado a una reconstrucción concreta adquiere otra dimensión: en una animación de 100 fotogramas, la mejora permite ahorrar más de dos días de procesamiento.

Para una fiscalía que necesita contar con una pericia para avanzar en una investigación o para un tribunal que espera ese material durante un juicio, no se trata simplemente de que una computadora sea más rápida. Es tiempo ganado para una investigación. Y, en determinados casos, puede significar disponer antes de una prueba que todavía falta analizar.

Dos casos

La reconstrucción virtual ya demostró su importancia en causas resonantes de Córdoba, aunque se trate de trabajos anteriores al convenio con la UNC.

En el crimen de Valentino Blas Correas, el adolescente asesinado por disparos policiales en 2020, la reconstrucción integró información de balística, planimetría, fotografía y otras disciplinas para reconstruir la secuencia del ataque, analizar las trayectorias de los disparos y establecer la ubicación de los distintos protagonistas. La pericia fue incorporada al juicio que terminó, en 2023, con las condenas a prisión perpetua de los dos policías que efectuaron los disparos mortales.

Pero la misma herramienta permite observar también sus límites. Lucas Funes era un joven de Río Tercero que fue perseguido y baleado por la espalda por un policía en 2012. La causa permaneció durante años sin llegar a juicio, hasta que una reconstrucción virtual se incorporó como nueva evidencia y permitió reunir elementos suficientes para que el expediente avanzara. En 2022, finalmente, llegó a juicio. En mayo de 2025, sin embargo, el tribunal absolvió al acusado por falta de pruebas suficientes.

La reconstrucción había servido para analizar y representar los hechos. Pero no podía hacer aquello que ninguna computadora puede hacer: convertir por sí sola una hipótesis en una condena. La tecnología puede aportar precisión, ordenar información, descartar posibilidades y mostrar qué escenarios resultan compatibles con la evidencia. La decisión sobre la responsabilidad penal sigue siendo humana y, en última instancia, judicial. La herramienta, mientras tanto, continúa plenamente vigente.

Este mes comenzó en Córdoba el juicio por el choque fatal ocurrido en el Camino de las Altas Cumbres, en el que peritos oficiales presentaron una reconstrucción digital del impacto entre dos vehículos para analizar velocidades y trayectorias. No hay confirmación de que en ese caso puntual se hayan utilizado las placas cedidas por la UNC. Pero el expediente muestra hasta qué punto estas representaciones digitales se han incorporado ya al arsenal de herramientas con las que la Justicia cordobesa intenta explicar los hechos más complejos.

Ciencia y Justicia 

Por un lado, una universidad que dispone de capacidad de cálculo desarrollada para resolver problemas científicos que una computadora convencional no puede abordar con la misma velocidad. Por el otro, un organismo judicial que necesita procesar cada vez más información para reconstruir qué ocurrió en una escena. Esos dos mundos podrían parecer bastante alejados. Pero ya no tanto.

La misma tecnología capaz de ayudar a un investigador universitario a modelar el clima o estudiar un fenómeno físico puede terminar procesando, a pocos kilómetros de distancia, una secuencia de imágenes destinada a responder una pregunta mucho más concreta y mucho más humana: “¿Qué pasó?”.

La computadora no determina quién es culpable. Tampoco reemplaza al perito, al fiscal ni al juez. Pero, si una reconstrucción que antes demandaba varios días de procesamiento puede estar disponible más rápidamente, hay algo que sí puede hacer: acortar la distancia entre una pregunta de la Justicia y la evidencia necesaria para intentar responderla. Y eso, en una investigación penal, no es poca cosa.