Martín Bossi: “A los 50 años empecé a vivir, no a existir”
l humorista desembarca en Córdoba con ‘La cena de los tontos’ en el Pabellón Argentina y repasa su paso a la comedia de texto, su llegada a las plataformas y el balance de su carrera tras pasar las cinco décadas de su vida. Asegura que a esta obra la vieron más de 280 mil personas en el teatro, “que son espectadores reales que pagan su entrada”.
El recorrido teatral de Martín Bossi atraviesa una etapa de una marcada transformación, esta vez lejos de los unipersonales, las grandes producciones, o las imitaciones en formato solista. El actor apostó por la comedia de texto y asumió un rol protagónico en la icónica obra francesa de Francis Veber, ‘La cena de los tontos’.
Acompañado por un elenco integrado por Laurita Fernández y Gustavo Bermúdez entre otros y bajo la dirección de Marcos Carnevale, el espectáculo llega a Córdoba luego de presentaciones exitosas en todo el país. En paralelo a la comedia, Bossi también encontró un espacio en las plataformas.
Luego del reciente lanzamiento de ‘Amantes inesperados’ en Disney+, el artista ya proyecta nuevos largometrajes cinematográficos para el próximo año. En ese marco de expansión profesional, Bossi dialogó con Perfil Córdoba.
—¿Qué responsabilidad te conlleva llegar con una pieza como ‘La cena de los tontos’?
—Es una obra que fue un éxito en todo el mundo. Desde el año 93, funcionó en España, en Londres, en Marruecos, en todos lados. Yo la vi hecha por Guillermo Francella y Adrián Suar hace 20 años y la gente se daba la cabeza contra las butacas, casi me muero. Me quedó esa impresión y años después, comiendo con Adrián y con Guillermo, me preguntaron si me animaba a hacerla. Les dije que sí, obviamente en el rol del personaje central. Aquí la obra está muy adaptada a mi tono, la fuimos construyendo con el elenco y para mí significó una satisfacción grande porque fue la posibilidad de tomar un riesgo y cambiar.
—¿Buscabas salir de la rutina de tus espectáculos habituales?
—Quería cortar un poco con el tema de cantar, bailar o estar al frente de una banda. Necesitaba cambiar para sentirme incómodo. Nos vieron más de 280 mil personas en el teatro, que son espectadores reales que pagan su entrada. Venimos de una gira de dos meses muy intensa. Hoy hacer reír en tiempos de tanta angustia es un desafío y venir a Córdoba dos semanas seguidas, al Pabellón Argentina, es una gran excusa. Me encanta volver.
—Te acostumbramos a los monólogos e imitaciones. ¿Te costó salir de tu zona de confort para integrarte a una obra con texto estructurado?
—La verdad que no, al contrario. Imaginate que yo estaba acostumbrado a estar solo dos horas en el escenario, transpirando, cantando y bailando. Estar contenido en un elenco es una vacación a sueldo. Hago lo mío y confío en mis compañeros que hacen su parte. Fue como un parate necesario. La obra es hermosa, el texto es muy bueno y el material es sumamente ganador.
—En paralelo mantenés una presencia fuerte en las plataformas, ¿cómo surgió esa faceta?
—Fue un proyecto que presentamos hace cuatro años con el Chato Prada, Federico Hoppe y Ezequiel Corbo. Disney confió en la propuesta y salieron seis capítulos de ‘Amantes inesperados’, donde interpreto a diferentes personajes con distintos elencos como Jorgelina Aruzzi, Julieta Cardinali, Betiana Blum y Cacho Santoro. Cambian los personajes y cambian los géneros: hay comedia romántica, drama, thriller y sátira. Me tuve que adaptar a todo. La serie se ubicó segunda en visualizaciones en la plataforma y la repercusión en la calle es impresionante.
—¿Tenías ganas de hacer pie en el terreno audiovisual?
—Le debía un espacio al lenguaje audiovisual. El teatro es hermoso y analógico, pero para convocar público hay que tener presencia en las plataformas. A partir de esto se me abrió la oportunidad de hacer un casting y quedar para la serie ‘Crimen desorganizado’ en Netflix, dirigida por Nicanor Loreti. Además, el año que viene vuelvo a filmar con Marcos Carnevale para Disney una comedia romántica en formato de película. Se me abrieron esas puertas a los 50 años.
—¿Cómo te encuentra este momento en el plano personal?
—Cuando llegás a los 50 años empezás a entender todo. Empezás a vivir, no a existir. Ya miro las cosas desde otro lugar. Valoro venir a Córdoba, hacer mi trabajo, ir a comer con mi primo o dormir una siesta. A los 30 años venía enajenado, llenando teatros, con problemas de amores o dramas que me inventaba de pendejo. Después te das cuenta de que la vida es muy efímera y rápida. Estoy en un momento maravilloso porque estoy viviendo.
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