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SALE EL SOL TOUR

Córdoba cantó, Fito dirigió: el regreso de Páez que convirtió un recital en una ceremonia musical

Después de casi dos años, el músico rosarino se reencontró con su público en el marco del “Sale el Sol Tour”. Hubo clásicos inolvidables, momentos a capela, guiños a La Docta y una pausa inesperada para asistir a una joven que se desmayó durante el espectáculo.

17-10-2026-Fito Paéz en Córdoba
. | En Vivo

Fito Páez volvió a Córdoba después de casi dos años y dejó una noche en la que el público no se conformó con escuchar sus canciones: también quiso cantarlas. Con su Sale el Sol Tour, el artista rosarino recorrió buena parte de su repertorio y convirtió el concierto en una suerte de gran orquesta, donde él asumió el papel de director y los espectadores se transformaron en un coro que lo acompañó de principio a fin.

Desde los primeros acordes quedó claro que no sería una presentación en la que los músicos tocarían y los espectadores simplemente escucharían. Fito dirigió, marcó los tiempos, pidió silencio cuando quiso que la música hablara por sí sola y dejó que las voces del público ocuparan el centro de la escena.

El espectáculo comenzó con “Cuervos en Casa” y avanzó entre clásicos, arreglos musicales y momentos en los que el protagonista no fue necesariamente quien estaba sobre el escenario, sino quienes cantaban desde abajo.

Córdoba, a capela con Fito director de orquesta

Uno de los pasajes más emotivos llegó con “Y dale alegría a mi corazón”. La canción se transformó en un coro multitudinario cuando el público cordobés tomó la melodía y la interpretó a capela. Por un momento, las voces de los espectadores fueron suficientes para sostener uno de los clásicos más reconocidos del músico. Fito dejó que la canción fluyera entre la gente y acompañó una escena en la que el público pasó de espectador a protagonista.

Esa dinámica se repitió durante distintos momentos de la noche. El rosarino jugó con los silencios, los tiempos y la participación de los presentes, como si cada sector formara parte de una misma formación musical.

También hubo lugar para los guiños cordobeses. Durante algunas canciones, Páez modificó fragmentos de las letras originales para incorporar referencias a Córdoba y a “La Docta”, lo que generó una respuesta inmediata entre los asistentes.

De “11 y 6” a “Mariposa Tecknicolor”

El repertorio atravesó distintas etapas de su carrera y reunió composiciones que forman parte de la historia del rock argentino. Sonaron “Al lado del camino”, “Polaroid de locura ordinaria”, “Lo que el viento nunca se llevó”, “El amor después del amor”, “Mariposa Tecknicolor”, “La rueda mágica” y “11 y 6”, entre otras canciones.

Sin embargo, Fito también buscó que hubiera espacio para escuchar. En distintos pasajes pidió silencio para que el público pudiera apreciar los sonidos y arreglos de la banda. No todo fue cantar a los gritos: también hubo momentos destinados exclusivamente a disfrutar de la interpretación de los músicos.

Y allí apareció otra de las características del espectáculo. Lejos de concentrar toda la atención sobre su figura, Páez les dio protagonismo a los integrantes de su formación, quienes tuvieron un papel central en el desarrollo musical de la noche.

Fito frenó el concierto

La presentación también tuvo un momento de preocupación cuando una joven se desmayó entre el público. Al advertir lo que sucedía, Fito decidió interrumpir el espectáculo para que recibiera asistencia. Desde el escenario, el músico reclamó la intervención del personal encargado de la seguridad. “¿Alguien de seguridad piensa hacer algo?”, preguntó mientras esperaba que atendieran a la joven.

La situación provocó una pausa en el concierto y dio lugar a una reflexión del artista, quien destacó el comportamiento de los asistentes y lanzó una crítica hacia el ambiente del espectáculo. “Muy importante la civilidad. Estoy harto de la gente del espectáculo. Esto es una ceremonia”. La frase dejó en evidencia la importancia que Páez le otorgó al vínculo con quienes fueron a escucharlo. Durante toda la presentación buscó sostener ese intercambio, tanto a través de las canciones como de sus intervenciones entre tema y tema.

Una banda que también se llevó el protagonismo

Detrás de cada canción hubo una formación que acompañó los cambios de ritmo, los arreglos y las distintas propuestas musicales del rosarino. La banda estuvo integrada por Diego Olivero, en bajo, guitarra, teclado y coros; Gastón Baremberg, en batería; Juan Absatz, en voz, teclados, guitarra y coros; Juani Agüero, en guitarras y coros; y Emme, en voz y coros.

A ellos se sumó una sección de vientos conformada por Ervin Stutz, en trompeta y flugelhorn; Alejo von der Pahlen, en saxo alto y tenor; y Santiago Benítez, en trombón.

La presencia de estos instrumentos aportó diferentes matices a las interpretaciones y permitió que las canciones incorporaran arreglos que acompañaron el recorrido musical de la noche. Páez no dejó pasar esas intervenciones. A lo largo del concierto les cedió espacio a sus compañeros, los puso en primer plano y buscó que el público prestara atención a cada instrumento.

Una noche en la que Córdoba también fue protagonista

El regreso de Fito Páez a la ciudad tuvo canciones que atravesaron generaciones, momentos de emoción colectiva y un intercambio permanente entre el escenario y el público. El rosarino alternó entre el piano, la interpretación de sus clásicos y su papel de conductor de una noche en la que las voces cordobesas fueron parte fundamental del espectáculo.

Después de casi dos años sin presentarse en Córdoba, Fito volvió con una banda, un repertorio de clásicos y una propuesta en la que el público tuvo tanto protagonismo como los músicos.

Y si hubo una imagen que resumió el espíritu del concierto, fue la de cientos de personas cantando “Y dale alegría a mi corazón” sin necesidad de instrumentos, mientras el autor de la canción escuchaba cómo Córdoba se convertía, por unos minutos, en un enorme coro.