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"Nunca más ya lo dijimos un montón": Mariana Eva Perez y la búsqueda de un nuevo lenguaje para hablar de la dictadura

La autora desafía los lugares comunes de la memoria con una historia de deseo, humor y contradicciones que recupera el pasado desde una perspectiva inesperada.

Mariana Eva Pérez Foto: IG - Alejandra López Fotografía

Mariana Eva Perez s hija de desaparecidos. No se trata de un dato menor: es un rasgo constitutivo de su identidad. Consciente de ello, escribe novelas cuyos protagonistas son los "hijis", como llama a esa cofradía de pares. Pero, en sus historias, esos personajes no llevan vidas romantizadas, solemnes ni intachables. Viven pasiones, son erráticos y se equivocan una y otra vez, como cualquiera. Y, según esta cronista, tienen más derecho que muchos a meter la pata.

“La apuesta realmente fue a eso a cómo seguir hablando de algo que sigue insistiendo, que persiste que no se fue, que aparece y desaparece. porque esa es la forma de lo espectral de presentarse y que, sin embargo, no puede seguir siendo dicho con las mismas palabras porque me parece que ha perdido potencia y capacidad de interpelar a nuevas audiencias”, explicó la autora en diálogo con PERFIL.

En su reciente trabajo, Constanza y Matute (hacen la porquería), la autora apela algo aun más inusual, su propuesta es una novela erótica de alto voltaje, verdadera, como intenta ser el porno que se denomina post porno. Seres no hegemónicos, erráticos, con performaces sexuales torpes y con mucha carga de deseo. 

En ese terreno del deseo, donde los límites entre el bien y el mal se diluye más que en otras y esferas y está bien que así suceda, se juegan los elementos que Perez pone sobre la mesa: hijos conscientes de que sus padres fueron torturados, una infancia de orfandad impuesta y ser criados por otros que también estaban en un duelo permanente, la discapacidad -porque el co protagonista tiene un brazo inmóvil - la desigualdad económica, la forma de lidiar con los traumas, la soledad.

En Constanza y Matute todos los protagonistas son hijos de desaparecidos, la principal, Constanza, es una antropóloga forense que nunca encontró los restos de sus padres y debe convencer a Matute de que hacerse un test de ADN para identificar a los suyos. En este tire y afloje, más tire que afloje, se empieza a cocinar su relación.

"-¿No pasaste toda tu vida preguntándote dónde están?

-No. ¿Está mal?

-No hay ni bien ni mal en la gestión de este desastre".

Fragmento de Constanza y Matute (hacen la porquería)

Mariana Eva Perez nació en Buenos Aires en 1977. Es hija de dos militantes de Montoneros secuestrados y desaparecidos durante la última dictadura militar argentina. Su historia personal está atravesada por la desaparición de sus padres y la búsqueda de su hermano nacido en cautiverio en la ESMA. Es licenciada en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires y doctora en Literatura Románica por la Universidad de Konstanz, Alemania.  Su obra más conocida es Diario de una princesa montonera, publicada por primera vez en 2012 y ampliada en una edición definitiva titulada 110% Verdad en 2021.

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La escritora Mariana Enríquez definió a ese libro como una obra capaz de exponer el trauma "sin ocultar el dolor ni la incomodidad con los lugares comunes del discurso institucional", destacando precisamente la combinación de lucidez y humor.

El trabajo de la autora busca crear ficción y también continuar dándole valor a los temas vinculados al respeto a los Derechos Humanos, pero con retratos de seres humanos reales, falibles, como grupos no homogéneos, donde haay equivocaciones, hay mala praxis, sin que eso signifique la pérdida de centralidad del horror atravesado. Sutilmente, o no tanto, hay lugar para la autocrítica, la revisión.

Mariana Eva Perez mete “la porquería” en el medio, que no es el sexo y el deseo, es el uso de discursos vacíos, es la pérdida de claridad de cuántos medios justificar para llegar a ciertos fines. Es reconocer que los cargos políticos, la interrelación demasiado estrecha con partidos políticos, algunas veces fue en detrimento de algunas causas. “Y te lo digo yo como peronista”, se ataja la escritora. Y en eso reside la importancia de expresiones como esta, cuestionar algo, no significa ser enemigo.

La escritura y la causa

-¿Creés que mediante la literatura hay chances de generar un acercamiento a estos temas en personas que normalmente no tienen una afinidad?
-Yo creo que sí, era mi apuesta y ya me pasó hablar con alguna colega tuya joven que me dijera: "Es la primera vez que leo un libro sobre la dictadura, siempre pensé que estos libros no me iban a gustar, me imaginaba que era todo como el Nunca más, me daba miedo leer sobre eso”.
La apuesta realmente fue a eso a cómo seguir hablando de algo que sigue insistiendo, que persiste que no se fue, que aparece y desaparece porque esa es la forma de lo espectral de presentarse y que sin embargo no puede seguir siendo dicho con las mismas palabras porque me parece que ha perdido potencia y capacidad de interpelar a nuevas audiencias.

Me parece que una de las cosas que quizás contribuyó a que los jóvenes, dejaran de valorar el sistema democrático, que hoy estemos viviendo en una democracia tan deteriorada sin que todo estalle por los aires, sin que nos parezca intolerable, es esa pérdida de la capacidad de dialogar, de contar la historia de lo que pasó y pasa tiene algo que ver.

De lo que sigue pasando también incluso en términos económicos, lo que seguimos viviendo en Argentina en términos económicos tiene que ver con un plan económico que un empezó ahí a sangre y fuego ahí y que hoy sigue por otros por otros medios.

Me parece que hay que volver a conectar de otra forma justamente con otros sectores. No tiene sentido seguir hablando entre nosotros, seguir hablando con los mismos, citándonos entre nosotros o repetir este consignas que nos reconfortan a nosotros, que nos aseguran, a nosotros de donde venimos, donde pertenecemos, que nos hace sentir bien, repetir, pero que fuera de esto no engancha con alguien nuevo.
Entonces sí, mi apuesta realmente fue a que quizás por ser algo distinto, que llame la atención, o porque sea chancho, es un chiste, pero no tanto, le interese leerlo a alguien que no leería normalmente una literatura seria sobre la dictadura.

Creo que mucha gente leyó Nuestra parte de noche de María Enriquez y ahí el tema ha entrado de una manera rarísima y se engancharon lectores que se enganchaban con la escritura de ella, con un determinado género. Bueno, yo quise jugar con una escritura de género, de los  géneros que me interesan a mí, de la comedia romántica, el folletín.

- Lo del erotismo es un movimiento novedoso por decirlo de alguna manera para involucrar estos temas. ¿Cómo lo abordaste sin autocencensurarte?

- La autocensura que más me costó fue pensar en mis hijos, ojalá no lo lean nunca, que no les interese, que no quieran saber esas cosas de los padres. No es así, en cambio, con los hijos de desaparecidos que sí tenemos curiosidad, porque como ahí hay algo tan dislocado en relación a ese ser hijo de fantasmas. Yo nunca tuve pudor sobre la vida sexual de mis viejos, al contrario. Siempre quise preguntar y conocí ex, historias de ambos. Pero entiendo que los hijos normales no quieren saber nada de esa parte de la vida de los padres. Entonces, por ahí con lo que más me hice rollo fue con eso.

Al momento de escribir yo necesito suspender un poco ese juicio crítico, porque si no no puedo escribir. Son como dos energías muy distintas. Yo tengo que poder tomar vaso de cerveza y poner música fuerte y mandar cualquiera. No puedo ahí estar preguntándome qué estoy haciendo, por qué lo estoy haciendo. Tengo que poder asociar libremente, dejar que aflore, lo que sea. 

-Y también te atrevés a incluir críticas políticas, cierta burocratización y mal uso de lo estatal, hay chistes sobre qué significa ser hijo de Montoneros o de militantes del ERP ¿Cómo lo abordaste?

- Es obviamente ficción, no existe nadie como Constanza en el equipo de antropología forense, pero el equipo de antropología forense sí tiene sus oficinas actualmente en la Ex Esma, como en el libro. Pero, por ejemplo,  en el momento en que yo decido empezar a escribir sobre una antropóloga forense, dejo de investigar sobre EAAF (Equipo Argentino de Antropología Forense), porque yo voy a, entre comillas, traicionar al EAAF con mi imaginación. Yo tengo que dejar volar la imaginación y que pasen cosas que no serían aceptables. Igualmente me gustó darle protagonismo a una organización como esta, sobre el rol que tiene la antropología forense, cómo se desarrolló en Argentina y cómo han exportado su conocimiento por el mundo, me parece una cosa verdaderamente ejemplar y de lo mejor de que ha dado el movimiento de derechos humanos argentinos.

Al mismo tiempo yo me preguntaba por esas vidas de las de las personas que viven así, un año acá, un año allá, sabiendo que están de manera provisoria y conviviendo con horror de lo que descubren eh todos los días. Ya no hay distancia, tocando, básicamente tocando eso que pasó, las masacres. Tocando lo que quedó.

Un nuevo eje para leer el pasado: las infancias

-¿Crees que en este contexto se puede seguir construyendo un espacio consciencia social y de memoria activa?

-Si no creyera que vale la pena seguir hablando de estas cosas no investigaría, no escribiría, o sea, obviamente pienso que va en la pena, pero no solamente porque me sale a mí adentro, sino porque además de esto veo lo que producen compañeros y compañeras, veo lo que pasa en los juicios de lesa, acabo de terminar el juicio que yo participaba y del cual quedé afuera antes de tiempo porque se murió el único imputado contra el que iba yo.

Quedé afuera de ese juicio contra la Fuerza Aérea y ahí, por ejemplo, como en tantos otros juicios, quedan afuera las infancias, que no se nos considera como víctimas directas, no se nos considera como casos. Eso también terminó entrando en el libro porque es lo que se terminó imponiendo porque es lo que termina pasando y me parece que no solamente como una deuda histórica con nosotros, sino que me parece que también esto por ahí nos puede permitir volver a contar la dictadura en otros términos y que se vuelva a entender lo que pasó. La gravedad de lo que pasó. Tipos de civil entrando a hogares donde había bebés, niños, adolescentes, familias.

Aquello que pasó y que todavía tenemos que recordar, porque en la medida en que no nos sigamos oponiendo activamente a todo esto, esto vuelve a pasar. En ese sentido quizás eso, hacer visible el lugar de las infancias y contar estas historias y las historias de violencia sexual también, contar también que eran unos malditos violadores y ladrones. Me parece que existe todavía la posibilidad de echar luz desde otras miradas y contar por primera vez, hacer oír, reclamar reconocimiento para historias de las infancias, habilita contar cómo fue realmente lo que pasó, el nivel de violencia y los desarmados que estábamos ante eso, lo desigual que fue todo.

Tenemos que buscar de qué manera decir algo distinto, pues nunca más, nunca más, nunca más, ya lo dijimos un montón y estamos a punto de vuelta de perderlo todo

Yo no me resigno a nada de todo esto, como no nos resignamos a dejar de buscar a los desaparecidos, aunque sepamos que ya es difícil que vayamos a encontrar la mayoría de ellos, porque yo me encapriché con los huesitos en la en la novela porque sé que no los voy a tener en la vida real.

RB/fl