SANTORAL CATÓLICO

San Biagio, el obispo mártir y protector de la garganta que desafió al emperador Licinio

San Biagio de Sebaste, médico y obispo, es recordado hoy en el santoral por su valentía ante el martirio y su especial don para sanar enfermedades de la garganta y los males del cuerpo.

SANTORAL CATÓLICO Foto: IA

Este martes 3 de febrero el santoral católico rinde homenaje a San Biagio (San Blas), obispo de Sebaste en Armenia, cuya vida se sitúa entre los siglos III y IV. Conocido por su profunda piedad y conocimientos médicos, se retiró a una cueva en el monte Argeus para vivir como ermitaño antes de ser capturado por las autoridades romanas. Su figura trasciende fronteras como uno de los 14 santos auxiliadores, invocados especialmente contra las enfermedades físicas.

San Biagio: entre la curación milagrosa y el testimonio de fe

La hagiografía italiana destaca que, mientras era conducido a la prisión, San Biagio realizó su milagro más célebre al salvar a un niño que se asfixiaba con una espina de pescado. Ante la desesperación de la madre, el santo impuso sus manos y oró, logrando la recuperación inmediata del pequeño. Este evento originó la tradición secular de bendecir las gargantas de los fieles utilizando dos velas cruzadas en forma de cruz durante su festividad.

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A pesar de sus dotes curativas, San Biagio fue sometido a crueles tormentos por orden del gobernador Agrícola bajo el mandato de Licinio. Los relatos en inglés detallan cómo su cuerpo fue desgarrado con cardas de hierro —peines metálicos usados para cardar lana— antes de ser decapitado. Por esta razón, además de ser el patrono de quienes padecen de la garganta, se lo considera históricamente el protector de los cardadores de lana y los constructores.

La devoción actual a San Biagio se manifiesta con fuerza en Italia, donde muchas ciudades lo celebran con panes bendecidos llamados "panettoncini". La fe en su intercesión se mantiene intacta, y millones de personas acuden a las iglesias este día para recibir la bendición ritual. Se cree que su protección no solo abarca lo físico, sino que también defiende a los creyentes de los peligros espirituales y las palabras hirientes que dañan el alma.

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La oración tradicional a San Blas pide a Dios que, por la intercesión de este obispo y mártir, seamos libres de todo mal de garganta y de cualquier otra enfermedad. Es común que los fieles lleven consigo objetos bendecidos o aceite de San Blas para ungir a los enfermos. Su ejemplo de firmeza ante la persecución inspira a la comunidad a mantener la coherencia entre la fe profesada y las acciones diarias frente a la adversidad.

El legado de este santo se complementa con la riqueza del calendario litúrgico de esta semana. El santoral católico incluye hoy también a San Óscar (Ansgar), el "Apóstol del Norte", quien llevó el Evangelio a Escandinavia. En los próximos días, la Iglesia recordará a Santa Águeda (Agata) el 5 de febrero, patrona de las enfermeras, y a los mártires de Japón el día 6, conformando una semana de testimonios heroicos de fe extrema.

En la Ciudad de Buenos Aires, la devoción a este santo tiene un punto de encuentro fundamental en la Parroquia San Blas, situada en el barrio de Villa Luro. Allí, cientos de fieles se acercan cada 3 de febrero para participar de la bendición de las gargantas y solicitar la protección del mártir armenio, manteniendo viva una tradición que une la salud del cuerpo con la fortaleza del espíritu.