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Cultura Popular

San Baltasar: el Rey Mago negro y el fervor de las charandas en el Litoral

El culto a San Baltasar representa la herencia africana más viva en la identidad de Corrientes. Su festividad une la devoción religiosa con el ritmo del tambor y el baile de los seguidores.

San Baltasar
San Baltasar | IA

San Baltasar es reconocido por la piedad popular como el "Santo de los Cambá", término guaraní utilizado para referirse a las personas de piel oscura. Aunque la Iglesia lo sitúa como uno de los Reyes Magos, en el noreste argentino su figura trasciende el relato bíblico tradicional.

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El epicentro de esta devoción se encuentra en el barrio Cambá Cuá, en la ciudad de Corrientes, donde cada 6 de enero se realiza una celebración multitudinaria. La festividad combina elementos del catolicismo con ritos que remiten a las naciones africanas llegadas al Río de la Plata.

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A diferencia de otros santos, Baltasar no se celebra con silencio y recogimiento, sino con el sonido potente de los tambores y la charanda. La música es el lenguaje principal para comunicarse con la deidad, reflejando una alegría que resiste el paso de los siglos.

Los devotos suelen vestir ropas de color rojo vivo, el tono que identifica al santo y que tiñe las banderas en los altares. Este color simboliza la fuerza y la pasión de una comunidad que mantiene sus raíces afrodescendientes en una región marcada por el sincretismo.

El ritmo de la charanda y la procesión en el barrio Cambá Cuá

La charanda o "zemba" es el género musical y coreográfico que define el culto a San Baltasar en territorio correntino. Los músicos utilizan el bombo y la caja para marcar un ritmo persistente que invita a los fieles a una danza colectiva de movimientos fluidos y rítmicos.

Durante la procesión, la imagen del santo es llevada en andas por las calles, rodeada de bailarines que cumplen promesas mediante el movimiento. Es una ceremonia donde el cuerpo se ofrece como sacrificio y ofrenda, alejándose de las formas litúrgicas más rígidas.

El historiador y antropólogo correntino José Miguel Irigoyen ha documentado cómo el culto sobrevivió a los intentos de invisibilización de la cultura negra. En sus estudios, destaca que San Baltasar fue el refugio espiritual de las cofradías de esclavos durante la colonia.

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La imagen que se venera muestra al Rey Mago con su corona y capas suntuosas, pero para el fiel correntino es un protector cercano y milagroso. Se le atribuyen favores vinculados a la salud, la prosperidad del hogar y, fundamentalmente, la protección de los niños.

En el interior de la provincia, especialmente en parajes rurales, las familias mantienen altares domésticos con imágenes heredadas de generación en generación. Estas pequeñas estatuas de madera son consideradas reliquias sagradas que protegen el campo y los sembradíos.

La noche del 5 de enero comienza el saludo al santo con las tradicionales "salvas" de bombas y el inicio de los toques de tambor. Las familias abren sus puertas para compartir comida y bebida, transformando la devoción individual en un acto de comunión vecinal.

El "Santo Rey" es considerado un intermediario eficaz ante la divinidad debido a su humildad y su origen extranjero. Los promesantes aseguran que Baltasar nunca abandona a quien le reza con fe, siempre que se cumpla con la música y el baile prometido cada año.

Un elemento distintivo es la "corte" de San Baltasar, compuesta por niños y jóvenes que visten trajes vistosos y acompañan la imagen. Esta participación juvenil asegura el trasvasamiento generacional de una tradición que se niega a desaparecer de la memoria colectiva.

Sociólogos especializados en religiosidad popular indican que Baltasar es un símbolo de resistencia cultural. Su culto permite que la comunidad afrocorrentina reivindique su presencia histórica en una nación que muchas veces ha negado sus componentes africanos.

Las ofrendas al santo pueden incluir velas rojas, flores de la zona y, en ocasiones, tabaco o bebidas fuertes, en un claro ejemplo de sincretismo. Estos gestos demuestran la familiaridad que existe entre el devoto y la entidad, tratada como un miembro más del clan.

El Parque Cambá Cuá se transforma cada enero en un escenario natural donde el pasado y el presente se encuentran. El aroma a comida típica y el sonido de los parches crean una atmósfera única que atrae a turistas y estudiosos de todas partes del mundo.

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A diferencia del Gauchito Gil, cuyo culto es más individual y rutero, San Baltasar es una deidad comunitaria y urbana. Su fiesta es un espacio de visibilización donde el tambor recupera su lugar protagónico en la narrativa de la identidad correntina.

La Iglesia Católica acompaña la celebración con misas oficiales, aunque el verdadero corazón de la fiesta late en las calles y los patios. Esta convivencia pacífica entre la institución y la fe popular es una de las características más notables de este culto rítmico.

El legado de San Baltasar es, en definitiva, un canto a la diversidad y a la persistencia de las tradiciones orales. Su imagen negra, coronada de oro, sigue iluminando las noches de Corrientes, recordándonos que la fe también puede ser una danza bajo el sol del verano.

Cada año, cuando el primer sol de enero asoma en el horizonte litoraleño, el grito de "¡Viva San Baltasar!" resuena con fuerza. Es el eco de una historia de libertad y ritmo que continúa latiendo en el pecho de cada correntino que honra a su Rey Mago.