Lejos de la imagen de liderazgo individual que suele rodear a Margaret Thatcher, las periodista Soledad Vallejos propone una lectura distinta en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190). “Thatcher se formó en un think tank libertario”, afirmó, y señaló que su llegada al poder fue el desenlace de un proceso ideológico previo. En ese recorrido, recordó, la dirigente conservadora británica mantuvo intercambios directos con uno de los principales referentes del neoliberalismo: “se carteaba con Hayek”. Para Vallejos, esos vínculos permiten comprender cómo ciertas ideas “primero se organizan intelectualmente y después se traducen en política”.
Soledad Vallejos es periodista, investigadora, autora y licenciada en Comunicación por la UBA. Cursa el doctorado de Ciencias Sociales en la misma institución. Se desempeña como redactora y editora de la sección Sociedad del diario Página/12, donde también fue subdirectora del suplemento Las 12. Se ha desempeñado como productora y directora de radio y de televisión. Se ha desempeñado como docente de periodismo en instituciones como la Universidad Torcuato Di Tella y TEArte. Además, es autora de diversos libros de investigación periodística, entre los que se destacan Olivos, historia secreta de la quinta presidencial (2017), Vida del rico (2014) y su obra más reciente, Los dueños de la libertad (2024), publicación que se centra en el movimiento libertario.
Tengo en mis manos el libro, que es el motivo de este reportaje: Los dueños de la libertad:Think tanks, dinero y batalla cultural, la estructura oculta del libertarismo en América Latina, publicado en noviembre de 2025. Es decir, lo escribiste, obviamente, antes de octubre. Durante gran parte del primer semestre del año pasado no se imaginaba la fortaleza que Milei iba a tener hoy ¿Qué te cambió desde entonces? Desde que escribiste el libro, el libro se publica y ves a este Milei de hoy, ¿qué cosas mirás distinto?
Sigo encontrando en entrevistas, en cosas que me dijeron fuentes y en archivos que yo pude ver, respuestas que me ayudan a entender qué es lo que está pasando. Cuando Milei ganó la presidencial fue una sorpresa. No era un personaje enteramente nuevo en el panorama político porque venía de ser diputado, pero sin embargo seguía siendo alguien disruptivo y era difícil de leer desde nuestra cultura política, o desde lo que sabemos de historia argentina. Y ya un poco antes de eso, cuando se veía venir que su perfil crecía, cuando superó las PASO y tal, empecé a escuchar de otro modo lo que se hablaba en torno a él y las cosas que él mismo decía.
Porque empecé a encontrar que había otros nombres que yo nunca había escuchado. Nombres de autores, que él se la pasa repitiendo autores. Cada tanto dice: “esto es para que los chicos que me escuchan vayan a dibujar el libro”. Los libros están todos online, son todos gratuitos, porque es parte de ese mundillo de difusión; pero hablaba de autores, de institutos, de referentes, de formadores de opinión que yo nunca había escuchado nombrar, y me interesaba entender qué pasaba con eso. Más allá de que, yo trabajé mucho tiempo en Página/12 y ya no estaba en el diario, con lo cual no tenía que hacerme cargo de la coyuntura periodísticamente, y eso me da más tiempo. Al no estar en eso tenía la libertad de tirar a otro mediano plazo.
Y empecé a anotar esos nombres que repetía, muchas recurrencias, fundaciones, think tanks, referentes que no eran conocidos públicamente, no porque se ocultaran, sino porque se manejan en otro ámbito. Y entonces encontré otra historia y empecé a buscar algunos de estos referentes para decirles: “Che, me di cuenta de que no sale de un repollo esta presidencia; que el partido tampoco explica todo, la creación de un partido, el enojo de los votantes, sino que tiene que haber algo más”.
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Y buscando me doy cuenta de que ese universo tiene setenta años de trabajo para esto. Que sin esos setenta años de trabajo no hubiera sido posible esta presidencia. Sin otras cosas tampoco, pero sin ese caudal simbólico y de trabajo y redes de think tanks transnacionales no estaría. Primero se sorprendieron porque, claro, yo vengo de otro palo, vengo del progresismo, pero soy periodista ante todo, entonces puedo tomar la información como información, que era lo que quería: no sesgar, no hacer periodismo de trinchera, sino entender esto que para mí era tan nuevo y no lo era. Y bueno, tuve suerte. Los entrevistados, después de la sorpresa inicial, me decían: “Bueno, dale, hablemos. A ver, ¿pero qué querés saber? ¿Por qué? ¿Cómo llegaste a mí? ¿Por qué me buscás a mí?"
Esa fue una pregunta que me hicieron bastante. Y era porque encontré tu nombre en tal escrito, en tal revista, que en 1950, en 1960 ya estaba cerca de esto, que fue el que lideró un think tank enorme… bueno, en realidad es como un metathinktank que se llama Atlas Network, y cosas así. Y bueno, fui hablando con ellos a lo largo de meses. Viajé a Estados Unidos a ver archivos, a conocer in situ think tanks, a hablar con gente, a conocer un lugar que es una especie de semillero para referentes de estas organizaciones de todo el mundo. Y bueno, me entretuve un poco.
Escuchándote se me ocurre una metáfora que se utiliza en economía, pero que me parece que es absolutamente aplicable, que es el bambú. El tiene la particularidad de pasar X cantidad de años, supuestamente sin crecer. Está bajo tierra. Y creo que pasan siete u ocho años en que una persona planta un bambú y parece que no pasó nada, que el bambú se murió. Sin embargo, de golpe pega un salto y crece enormemente porque estuvo durante siete años u ocho construyendo unas raíces que le permiten luego esa salida exponencial. Si pareciera, por lo que vos decís, no siete sino setenta: tuvo setenta años de raíces, no digo subterráneas, pero que no eran lo suficientemente visibles, no tenían protagonismo, que terminan emergiendo ahora como resultado de un trabajo a lo largo de setenta años. Contanos un poco el perfil de ellas, de las más importantes a las más curiosas.
Para mí una de las cosas más curiosas es que toda esta movida del libertarismo, el liberalismo libertario que conocemos hoy, empezó con la Guerra Fría. Ese es un corte súper importante. Y es cuando un grupo de gente muy pequeño, con acceso a recursos económicos bastante importantes, con poco prestigio académico -nunca fueron el mainstream académico, digo escuela austríaca, y sus referentes-, en 1946 fundaron en Estados Unidos el primer think tank libertario, que todavía existe: se llama The Foundation for Economic Education. Hoy está presidida por un joven brasilero que tuvo mucho que ver con el resurgimiento del liberalismo en Brasil, que no le gustaba nada a Bolsonaro, y estaba trabajando para el resurgimiento de un partido liberal con otro tipo de candidato: iba a ser un hijo de Bolsonaro, Jair. Y el día que dijeron: “Bueno, pero nuestro candidato es Jair”, se fue del partido, se dedicó a otra cosa.
¿En esa época él quería que fuera el hijo de Bolsonaro y no Bolsonaro?
Eso fue medio raro.
O sea que hoy supongo entonces debe estar muy contento con la candidatura del hijo de Bolsonaro.
No, porque él después de eso se peleó con el partido. Porque Bolsonaro, y este es un problema, por ejemplo, del liberalismo libertario brasilero, cada uno tiene su especificidad. Y algo que aprendí haciendo el libro, que por ahí alguien liberal de cuna lo sabe y yo no lo sabía, es que el liberalismo es un mar vasto, amplio, hiperdiverso. Hay quinientos mil millones de internas, y entonces las miradas son todas muy distintas.
Este joven referente, que se llama Diogo Costa, que hoy preside la Foundation, cuando Bolsonaro gana la presidencia él no quería saber nada con la función pública, pero lo convocan para un trabajo en la escuela de administración pública. Podía remodelarla como quisiera y se vio ante la disyuntiva de su vida. Trabajar para cambiar el mundo y tener la posibilidad de intentarlo. Decidió hacerlo y terminó; y después no quiere volver más. Ahora se dedica por completo al think tank, pero ese think tank sigue existiendo. Cambió muchísimo a lo largo de estas décadas. Modela mucho el universo. Lo que hace es incorporar jóvenes.
¿En qué ciudad de Estados Unidos está?
Ahora está en Atlanta. Originalmente estaba en las afueras de Manhattan, una mansión en la cual daban seminarios. Y, por ejemplo, desde Argentina y desde otros países del mundo iban algunos pocos elegidos a formarse en seminarios que la primera vez duró seis meses, la etapa experimental. Eso fue en los sesenta. Y uno de los pioneros en armar ese seminario y en seleccionar a quienes iban era Venegas Lynch padre; él formaba parte de su comité porque tenía su propio think tank acá, que había hecho a imagen y semejanza de la Foundation. Todo el tiempo: redes, redes, redes. Y todo el tiempo estaban carteándose. No había internet, pero hay un archivo de cartas que es una maravilla.
Y eso demuestra también cómo, por ejemplo, estaban vinculados con México y se tiraban ideas: “A mí no me funcionó esto, ¿por qué no probás tal cosa?”. “No, tal logro no está tan bien”. “Bueno, tal sí”. “Ya lo voy a invitar a una charla a tal en México”. “Bueno, tráelo a Guatemala”, decía el que fundó una cosa enorme, que es la primera universidad libertaria del continente. Se llama Francisco Marroquín, queda en Guatemala. Y una vez al año, además, tiene su propio foro, como de incubadora de proyectos de think tanks. Se llama Antigua Forum, en la anterior capital. Es una universidad privada en un terreno enorme, un montón de hectáreas. Las calles tienen nombre de Mises, Popper, avenida Mont Pèlerin, por la Sociedad Mont Pèlerin. Es como Disney. Tiene una cosa así: bueno, es mi mundo, yo lo creo como yo quiero. Y eso es lo que decía el fundador, Manuel Ayau, en alguna entrevista que le escuché. Él falleció ya hace muchos años. Dejó un legado. Algunos de sus hijos están trabajando en la universidad. Una de sus hijas es monja libertaria y ortodoxa, o sea, es como un personaje muy interesante también.
Y Ayau decía: “Es mi universidad, es mi plata, yo hago lo que quiero. Acá solamente se va a estudiar lo que yo quiero. Otra cosa no”. Entonces la currícula es así. Y así como en las universidades religiosas hay materias de teología, por ejemplo, en lugar de filosofía, y es obligatorio, bueno, en esta universidad es obligatorio un ciclo para todas las carreras sobre Mises, Hayek, economía austríaca. Es una formación pura y dura del libertarismo.
También en Estados Unidos hay una que se llama Mises Institute. Un referente actual de ese think tank es Hans-Hermann Hoppe, que es un discípulo directo de Rothbard. Es el que cada tanto lo chucea a Milei y dice: “Milei es un showman de ribetes payasescos”. Eso fue el anteaño pasado. Y el año pasado le dijo que era un keynesiano que es infinitamente peor. Y sin embargo Milei hace como: bueno, no, no, no. Y el otro día lo citó. Escuché que citaba a Hans-Hermann Hoppe.
Ese es un think tank muy chiquito. Forma gente. Está en una ciudad de Alabama que se llama Auburn, que creció en torno a una universidad. Según la gente del instituto, esa universidad es muy de izquierda, demasiado progresista. Desconozco; por lo que yo vi, no tanto. Pero el instituto es un lugar que fue creciendo con los años, que consiguió donaciones, algunas de los primeros referentes, además de Rothbard, que terminó ahí porque se venía peleando con gente desde Manhattan hacia el sur y cada vez que se peleaba migraba gente del mismo universo.
Estaban Rothbard, gente de la Foundation, algunos de estos millonarios que hicieron posible también la persistencia en el tiempo de esto. Porque para que, por ejemplo, Hayek, que vivía en Londres, hasta que por una cuestión personal terminó viviendo en Estados Unidos… pero Mises tuvo que migrar por el nazismo. Llega en 1940 a Nueva York con su esposa, sin un mango, no tenía una cátedra universitaria ahí. No la consiguió. Nunca en la vida consiguió una cátedra propia, salvo un seminario privado o algo pago por uno de estos millonarios libertarios. Pero bueno, él ahí tenía esos discípulos. Lo recibe un periodista económico que era muy fan suyo, Henry Hazlitt, y Leonard Read, que es uno de los fundadores de la Foundation. Y entonces ellos hacen los contactos. “Che, llegó tal, es un capo, no tiene trabajo, bueno, veamos”. Y lo ayudan a instalarse, y lo presentan gente, y así van generando como un entorno.
En un momento sale la posibilidad de una charla en México. Lo invitan los mexicanos, que eran empresarios y empezaban a empaparse en libertarismo con esto de: “El Estado de bienestar es el demonio porque es el colectivismo”, es lo que decía Mises, “nos va a llevar de vuelta al autoritarismo”. A este mundo empresario y libertario le venía bien esta idea de esto. Busquemos no regular, fuera del Estado intervencionista.
La idea de que había un peligro ahí latente y que la socialdemocracia finalmente eran lobos vestidos de corderos.
Claro, y que el New Deal era comunismo.
Y que era el enemigo interno de Trump.
Sí, hay un paralelismo. Pero en algún punto, era tan poco mainstream esta idea libertaria que llegaron a ser investigados como un grupo extremista. Hubo un periodista que había sido soldado, lo habían llevado como conscripto a la Segunda Guerra. Cayó en el batallón en el que estaba Dashiell Hammett. Se hizo amigo de Hammett, empezó a leer, él y sus amigos. Y en algún momento, cuando tenían que hacer un partido o no sé qué, no dejaban jugar a los soldados negros con ellos. Y este tipo, Gordon Hall, dice: “Bueno, intentemos”. Y Hammett, según Gordon Hall, dijo: “No, no, dejá, que sean víctimas. Así es más fácil, les podés hacer ruido”.
Y él volvió muy preocupado diciendo: “Esto es un extremismo de izquierda”, y tal. Vuelve a Estados Unidos, consigue trabajo. Él trabajaba en una fábrica de aviones, una cosa así. El dueño resultaba que era un poco nazi, y entonces se quedó también preocupado por el extremismo de derecha. Y en algún momento pegó un contacto con gente que estaba investigando grupos que se reunían, que era muy de la época, muy de la época macartista también, y se empezó a dedicar a esa investigación. E hizo de eso su vida. Y en el momento colaboró con el FBI.
Una conjetura modesta. Vuelvo al bambú. ¿En qué momento todas esas redes subterráneas pegan el salto y florecen y salen a la superficie? Puede ser que el proceso derivado de que había que tomar barcos para ir de Europa a Estados Unidos, trenes para ir a México, eh, cartas que tardaban diez días en llegar de un lado al otro… Todo ese proceso se acelera a partir de internet y que, por lo tanto, internet permite que grupos pequeños, marginales en cada país, pero sumando muchos países, como los terraplanistas... Bueno, hay diez por país, pero si vos sumás los doscientos países, te encontrás con dos mil. Entonces ya empieza a ser una red que tiene una capacidad de generar comunicación y visibilidad que sin internet no hubiera sido posible.
Por un lado, no hubiera sido posible esa aceleración, pero en algún punto previeron esto. Hay un argentino que se llama Alex Chafuen, que se formó, entre otras cosas, en el think tank del papá de Venegas Lynch padre. Es como uno de los tres grandes nombres de este universo acá: Alex Chafuen, Eduardo Martí y Gabriel Zanotti. Zanotti trabaja en UCEA, Martí tiene sus propios grupos de estudio, su fundación, y Chafuen vive en Estados Unidos.
En algún momento Chafuen viaja a Estados Unidos para instalarse porque se había casado con una norteamericana. No tenía trabajo. Empieza a visitar a gente de la Mont Pèlerin porque, claro, tenés el libro azul con todos los datos de quién vive dónde. Y en algún momento ahí conoce a Anthony Fisher, que era un británico que había fundado en 1955, en Gran Bretaña, el primer think tank británico, que es el que modela el thatcherismo. Margaret Thatcher se termina formando ahí, sus cuadros también y sus políticas también.
O sea, Margaret Thatcher sería el primer gobierno libertario, no el de Milei. Aunque sea, en la esencia, pero no en los nombres.
Sí, en algún punto tenía un espíritu libertario. Y ella, de hecho, se cartea bastante con Hayek. Hayek le manda felicitaciones cuando la eligen. Ella dice: “Gracias, vamos a tratar de hacer en tu gobierno todos tus planes, vamos a tratar de llevarlo al máximo”. Hay bastante vínculo ahí. Pero bueno, este Fisher está en Estados Unidos creando un nuevo think tank. Se encuentra con este argentino. Fisher ya era un señor grande, este argentino tenía veintiséis años. Terminan trabajando juntos porque el argentino le dice: “No, este plan que tenés para hacer este workshop acá está bien, pero hay un problema de presupuesto, habría que hacer esto, y lo otro”. Y a Fisher le gustó y le dijo: “Bueno, no tengo plata para pagarte, pero me gusta lo que hacés. Te puedo dar quinientos dólares por mes. No te alcanza para nada”. “No importa, me quedo y lo hago”.
Terminó pasando el tiempo siendo el CEO de Atlas Network, que es esta red de redes. Tuvieron una política muy intensa, bajo la égida de Chafuen, de decir: “Bueno, lo que hay que hacer es sembrar Latinoamérica de pequeños think tanks, pequeñas fundaciones. No importa. Vamos viendo después cuándo crecen, cómo crecen”. Pero tiene que haber en todos lados, todos tienen que estar conectados, tienen que hablar entre sí, tenemos que reunirnos.
Es la Cámpora de derecha, por decirlo de alguna manera.
Si te escucha, te mata. Con más profesionalismo que acto de fe, me parece.
Pero con una idea clara de que la organización de base es fundamental.
Bueno, la organización vence al tiempo, sí, eso sí. Y de abajo para arriba. Un abajo un poco raro, un abajo de empresarios también… Bueno, un abajo en el sentido de cosas pequeñas. En el primer taller que hicieron en Latinoamérica, en el 87, en Jamaica… un destino… ¿por qué Jamaica? Me explicaron y todavía no me quedó muy claro, pero la habrán pasado bomba en Jamaica. Ahí empiezan a hablar de internet. Uno de los temas importantes ahí era mostrar cómo estaban empezando a extenderse estas cosas de: “Bueno, hay computadoras vinculadas, vos podés hacer esta red, ¿cómo podemos usar esto?”.
Tratemos de desconectar esta red que lleva setenta años de construcción, donde cada generación se subió a los hombros del anterior. Diría Peter Drucker, un camino de aproximaciones sucesivas al éxito. O sea, el éxito siempre es un camino de aproximaciones sucesivas, en las que se va dando con muchas dificultades hasta que vos llegás al objetivo. Así que, bueno, con esa persistencia, esa convicción de que había un futuro allí, ¿cómo se conecta Milei con todo esto? Y, hasta donde yo comprendo, Milei era profesor adjunto de la cátedra de Diego Giacomini, que se asume como verdadero libertario y que más o menos hace la misma crítica de Hoppe. Dice que Milei no es libertario, que es una estafa del libertarismo, que se dice libertario pero que usurpa la nomenclatura.
De Giacomini no sé, pero sí es cierto esto, que es el precedente. Que Milei no había escuchado nada sobre eso. De hecho, es él, porque le da un texto, una traducción de Rothbard, una cosa muy pequeña. Pero ante todo es la casualidad. Tenemos como dos vías paralelas. Por un lado, la construcción esta de setenta años y tal, que deriva en militancias. A los libertarios de vieja cepa no les gusta mucho asumirse como militantes, pero son militantes. Hay una intensidad ahí y dedicás muchas horas de tu vida, no necesariamente a algo exitoso. Por ahí te sale una bien y seiscientas mal, y sin embargo esa gente sigue. Una de esas personas había puesto una librería. Se llama Rodolfo Distel. Es alguien que había trabajado en política en su juventud en Argentina. Eh, de hecho trabajó en la época alfonsinista en Casa de Gobierno. Digo, tenía como una llegada. Después se fue a trabajar afuera, en empresas de energía, digamos, estaba en el sector privado. En 2012 vuelve a Argentina completamente desilusionado. No veía una salida en Argentina, pero terminan quedándose acá, él y la familia.
De casualidad, le pide un amigo si no le hace un favor. Era el encuentro de la Sociedad Mont Pèlerin acá, en 2011. Le dice: “¿No me vendés estos libros? Yo no puedo ir”. Bueno, va, los vende: un éxito. Y otros que vieron lo que había hecho le dijeron: “Ah, nos interesa lo tuyo, porque tenemos un sello que está en quiebra, queremos que siga acá”. Bueno, es un sello español fundado hace mil millones de años por el mentor de Jesús Huerta de Soto. Y entonces Distel dice: “Bueno, yo lo tomo, pero le voy a sumar al catálogo cosas mías. Tengamos cosas en común y yo decido también sobre acá”. Bueno, perfecto. Se convierte esa librería en el motivo de su vida. Compra un fondo editorial para vender otras cosas y además esto. Esa librería estaba en Salguero, ahí cerca de la Guadalupe, en Barrio Norte.
Y un día Milei, que había leído a Rothbard, dijo: “¿Dónde puedo conseguir más?”. Alguien le dijo: “Andate a la librería tal”. Y Milei pasó por esa puerta, empezó a conversar con Distel, y ahí viene la famosa anécdota de que calculó cuánto le quedaba hasta fin de mes para comprar comida para los perros, para comer él, para tomar un taxi, y el resto lo destinó a libros. Ahí empezó una conversación que no terminó nunca. Y de la mano de Distel, Milei entró al mundo de las fundaciones. Empezó a conocer a toda esta gente, empezaron a invitarlo a reuniones, empezaron a llevarlo para que dé charlas. Primero había diez personas, después hubo cincuenta, después se llenó de cien pibes, después su nombre convocaba. Todo esto mientras Milei era panelista televisivo. Ahí tenés el encuentro de dos mundos de parias, porque Milei no existía, digo, tampoco académicamente, y el liberalismo libertario nunca fue mainstream en el liberalismo local ni en la academia local o extranjera.
RM/DCQ