crítica

Una pregunta urgente

Uno de los aportes más incisivos del texto es su problematización al concepto de “víctimas del terrorismo”. Allí donde el consenso democrático había establecido una asimetría fundamental –la del Estado como perpetrador de un plan sistemático de exterminio–, las nuevas derechas ensayan una equiparación moral.

Foto: cedoc

Hay textos que se restringen a describir la época y otros que se zambullen en la zona más incómoda de la memoria: allí donde el pasado deja de ser un territorio común y torna a convertirse en campo de batalla.  El compilado de artículos coordinados por Valentina Salvi y Luciana Messina no solo reconstruye el proceso mediante el cual se erosionó el consenso democrático construido tras la última dictadura militar genocida, sino que también expone las nuevas gramáticas crueles de la impugnación. El deliberado apoyo al negacionismo y la reinversión donde se acusa a los desaparecidos como perpetradores de terrorismo.

Durante décadas, la Argentina pareció sostener un pacto civilizatorio en torno a los años 70. Desde el Juicio a las Juntas hasta la reapertura de causas en los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, pasando por la persistencia ética de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, Hijos, la consigna del Nunca Más y el Espacio de Memoria, Verdad y Justicia funcionó como un núcleo duro de la identidad democrática. Incluso la liturgia republicana del Preámbulo recitado por Alfonsín parecía conjurar el retorno de lo siniestro.

El libro muestra, sin embargo, cómo ese consenso no era irreversible ni estaba completamente consolidado. A partir de 2006 comienzan a desplegarse discursos que no niegan frontalmente el terrorismo de Estado, pero sí lo relativizan, lo desplazan, lo reconfiguran o directamente lo tratan de manera banal y risueña. Se preguntan las autoras: “¿Cuándo fue que la matanza se tornó risible? ¿Cómo la desaparición, la tortura y el asesinato devinieron objeto posible de burla y sarcasmo?”. No se trata ya del negacionismo burdo, sino de una operación más sofisticada: la disputa por el estatuto de la víctima. Volver a hablar de “guerra”, de “excesos”, de “subversión”, negar los 30 mil desaparecidos, etc.

Uno de los aportes más incisivos del texto es su problematización al concepto de “víctimas del terrorismo”. Allí donde el consenso democrático había establecido una asimetría fundamental –la del Estado como perpetrador de un plan sistemático de exterminio–, las nuevas derechas ensayan una equiparación moral. La víctima deja de ser una figura histórica situada y se transforma en una categoría abstracta, intercambiable. En el peor de los casos se la puede impugnar, como lo hizo el expresiente Macri al referirse “al curro de los derechos humanos”.

Este desplazamiento no es inocente. Al equiparar la violencia estatal con la violencia política insurgente, se diluye la especificidad del crimen de lesa humanidad. Se produce así una doble operación: por un lado, se deshistoriza el terror; por otro, se moraliza el conflicto, reduciéndolo a una contabilidad de daños.

¿Qué están haciendo las derechas con los 70? es, en última instancia, un libro sobre el presente. No se limita a describir una ofensiva ideológica: la desmonta, la analiza y la devuelve al lector como una pregunta urgente. Si la memoria es un campo de disputa, entonces la democracia misma lo es en varios sentidos.

 

¿Qué están haciendo las derechas con los 70?

Autoras: Valentina Salvi y Luciana Messina (comp.)

Género: ensayo

Editorial: Siglo XXI, $ 25.900