El día que Dios le ganó al Diablo
A veces no alcanza solo con Messi y tienen que aparecer otros. Todos. Entre macumbas y brujerías, apareció el alma intacta del equipo argentino.
El escenario menos pensado se dio en el Hard Rock Stadium de Miami. Pero el equipo respondió. Porque la Selección siempre responde. Con Messi desde la magia y con la garra de Licha y Cuti. El aguante de Enzo y el Colo y las manos de Dibu. A veces no alcanza solamente con Messi. A veces hace falta de todos. Y todos aparecieron en Miami. Fue Dios que le ganó al Diablo. Ahora voy a explicar porqué.
No ayudaba el clima. Caluroso y pegajoso por demás. Se daba todo lento. Previsible. Cabo Verde no salía ni con la orden de un juez del fondo. Argentina se repetía y “miraba” demasiado el partido. Los nuestros no movían las piernas. Todo venía embarullado y complicado. Las amenazas de engualichar a la selección con magia negra a las que no le habíamos prestado atención en la semana empezaban a molestar.
En Miami el equipo fue equipo. Aparecieron otras cosas. Quedaron exhaustos todos. Sin piernas. Sin aire. Pero con el alma intacta. La magia negra, los hechizos con gestos que caían sobre Messi y compañía complicaban todo. Los nuestros parecían atados. Pero a eso también se sobrepuso.
Los jugadores argentinos por momentos miraban el partido. Había reacción pero poca. Nos preguntábamos en la tribuna qué estaba pasando. Buscábamos explicaciones. Cada vez que sacábamos la cabeza zas, nos empataban. Había algo raro.
Juro que había una señora de pantalón de jean corto y musculosa blanca que cada vez que la enfocaba la cámara del estadio estaba bailando una danza rara y murmurando palabras que me hacían pensar feo. Señalaba al campo de juego y hablaba entre labios…
Uno con la camiseta de Cabo Verde sopló como un polvillo blanco de esos que vemos en los hechizos de los magos. No me gustó. Porque que las hay, las hay. Lo sabemos.
Entre macumbas y brujerías
Hubo macumbas. A mí no me vengan con que no, porque sí. Pero Argentina tiene estrella. Está protegida. Tuvimos a Diego. Tiene a Lio. Cada vez que apareció Messi hubo magia de la buena. Lisandro Martínez y Cuti Romero hicieron lo suyo y Argentina ganó contra todas las brujerías que le quisieron imponer.
Scaloni dijo después que este partido le dejó muchas enseñanzas. Enzo Fernández que “esto viene bien porque no se puede jugar a media agua”. Ninguno buscó explicaciones raras por más que el palo santo estuvo a la orden día como siempre en la concentración y hasta cuentan que metieron doble ración.
Se viene Egipto que le ganó a Australia por penales. Juega Salah que anda bien. Es goleador. No importa. Ya Dios le ganó al Diablo. Ahora que venga Tutankamón.