Memorias del fútbol argentino

Juan Román Riquelme en Boca Juniors: el legado táctico del último diez estratega

La trayectoria de Román en el Xeneize marcó un quiebre en el fútbol sudamericano. Análisis de su técnica, las tres Copas Libertadores obtenidas y su rol fundamental bajo la conducción de Bianchi.

Juan Román Riquelme en Boca Juniors: el legado táctico del último diez estratega Foto: Captura X

Juan Román Riquelme representa el estandarte máximo de la pausa y la visión periférica en el césped. Su debut en 1996 ante Unión de Santa Fe anticipó la llegada de un futbolista que priorizaba la inteligencia sobre la velocidad física, transformando el ritmo de juego en el Club Atlético Boca Juniors.

El ascenso de Román coincidió con la etapa más laureada de la institución bajo el mando de Carlos Bianchi. En ese esquema, el enganche funcionaba como el eje gravitacional del equipo, administrando los tiempos y conectando con precisión quirúrgica el mediocampo con la potencia de Martín Palermo.

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La consagración definitiva ocurrió en la Copa Intercontinental del año 2000 frente al Real Madrid. En Tokio, Riquelme dictó una cátedra de retención de balón y control orientado, desarticulando la presión de figuras como Claude Makélélé y Geremi, lo que le valió el reconocimiento de la prensa mundial.

En su obra "El fútbol a sol y sombra", el escritor Eduardo Galeano describió la esencia del juego pausado, una característica que Román elevó a niveles artísticos. Su capacidad para proteger el cuero de espaldas al arco rival se convirtió en un recurso defensivo y ofensivo a la vez para el club.

La era dorada de Riquelme en la Copa Libertadores y su influencia técnica

La edición de la Libertadores 2001 consolidó su estatus de ídolo absoluto. Con actuaciones memorables ante Palmeiras en las semifinales, el diez demostró que su temperamento crecía en los escenarios más hostiles, liderando a Boca hacia el bicampeonato continental con una autoridad técnica inédita.

El estilo del último gran enganche tradicional se basaba en la interpretación del espacio vacío

Tras un paso por el fútbol europeo, su regreso en el año 2007 significó, quizás, el rendimiento individual más alto de un jugador en el torneo sudamericano. Román anotó ocho goles en aquella competencia, incluyendo tres tantos en la serie final contra Gremio de Porto Alegre en el Estadio Olímpico.

El estilo del último gran enganche tradicional se basaba en la interpretación del espacio vacío. A diferencia de los volantes modernos, Riquelme no necesitaba recorrer grandes distancias; su influencia residía en posicionarse donde el receptor más sufría, rompiendo líneas con pases filtrados.

La relación del futbolista con la Bombonera trascendió lo deportivo para convertirse en un mito cultural. "La pelota no se mancha", dijo Maradona en su despedida, pero Román fue quien mejor entendió el concepto de cuidarla como un tesoro, según relató el periodista Horacio Pagani en sus crónicas.

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El impacto de su juego obligó a los entrenadores rivales a diseñar sistemas de marcaje personal, tácticas que hoy parecen obsoletas. Su presencia en el campo garantizaba que el equipo mantuviera la posesión, desgastando mentalmente a los contrincantes mediante la circulación lenta y segura.

En términos de ejecución técnica, su golpeo de media distancia y la precisión en los tiros libres fueron herramientas fundamentales. Cada falta cerca del área rival se percibía como una sentencia, producto de una técnica de pie abierto que buscaba los ángulos superiores de la portería rival.

El retiro de Riquelme marcó el fin de una posición que hoy escasea en el fútbol globalizado. Su figura no solo se mide en títulos, sino en la resistencia ante un juego cada vez más físico, defendiendo la premisa de que el pensamiento siempre debe ser más rápido que las piernas del atleta.

La influencia de Román se extiende a la identidad del hincha boquense

La influencia de Román se extiende a la identidad del hincha boquense. Su forma de caminar la cancha y el gesto del "Topo Gigio" contra el palco presidencial en 2001 quedaron grabados como actos de rebeldía y convicción, símbolos de un liderazgo que no necesitaba gritos para imponerse.

Analistas como Diego Latorre han destacado frecuentemente que la visión de juego de Riquelme le permitía anticipar jugadas tres segundos antes de que ocurrieran. Esa facultad cognitiva lo posicionó como un estratega total, capaz de dirigir a sus compañeros con simples gestos o movimientos cortos.

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La historia de Boca Juniors no puede narrarse sin los once títulos que el mediocampista ayudó a conseguir. Desde los torneos locales Apertura y Clausura hasta las máximas glorias internacionales, su nombre aparece vinculado a los momentos de mayor esplendor futbolístico de la entidad xeneize.

Finalmente, el legado de Juan Román Riquelme reside en haber mantenido viva la tradición del potrero argentino en el profesionalismo de élite. Fue el último intérprete de un lenguaje futbolístico que priorizaba el engaño y la pausa por sobre el vértigo, definiendo una era inolvidable para el club.