"Superó a Cristiano, lo siento hermano": la ópera villera que decretó el impacto de Lionel Messi en la cultura argentina
Escrita por Edgardo Martolio, "Messiánico" le pone banda sonora de tribuna al cierre de la rivalidad más grande del siglo. El libreto que no tiene piedad con el portugués, la igualdad con Maradona y el folclore de un pueblo que lo dio todo por Qatar.
El destino y los resultados deportivos acaban de marcar el cierre de una época dorada en las Copas del Mundo. Con la reciente eliminación de la Selección de Portugal, el planeta fútbol procesa en caliente el definitivo e inevitable ocaso de Cristiano Ronaldo en la máxima cita futbolística.
Sin embargo, en la Argentina, el veredicto sobre quién se quedó con el trono del siglo ya se había firmado sobre un escenario artístico.
Bajo el nombre de "Messiánico", irrumpe en la escena cultural la primera ópera villera argentina, una ambiciosa creación de Edgardo Martolio que rinde un tributo definitivo a Lionel Messi. Lejos de las partituras académicas tradicionales, la obra se planta desde el lunfardo, la rima de barrio y la crudeza de la tribuna popular para trazar un perfil místico, casi religioso, del capitán argentino.
Pero más allá de su poética, el libreto guardaba una línea lapidaria que hoy, con los diarios del lunes sobre la mesa, resuena con una fuerza demoledora en toda la prensa deportiva: "Superó a Cristiano, lo siento hermano".
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La obra de Martolio se divide en dos actos que desarman y vuelven a armar el mito del '10'. La primera parte, titulada "Pulga Loca", viaja a las raíces geográficas del ídolo, recorriendo su infancia humilde en el barrio La Bajada del sur de Rosario, sus sueños con la camiseta de Newell's y las primeras gambetas de una zurda que, según el texto, "parece jugar en curda".
La segunda entrega, "Rey Petiso", se mete de lleno con el folclore más salvaje del hincha argentino y los sacrificios económicos y personales que desafían cualquier lógica racional. La lírica de la ópera retrata con precisión quirúrgica las peripecias de la pasión popular: el fanático que vendió el auto por ir a Wembley, el que hipotecó la casa por el Maracaná o el que terminó "sin casa, sin auto y sin novia" en Kansas, dejando el laburo de lado para entregarse al "hechizo del gigante".
La obra de Martolio se divide en dos actos que desarman y vuelven a armar el mito del '10': Pulga loca y Rey petiso
Tras repasar las frustraciones previas al nacimiento de la "Escaloneta", la obra rinde homenaje a sus grandes socios en la cancha (como Luis Suárez o Ronaldinho) y rescata frases icónicas del folclore reciente como el ya eterno "andá para allá, bobo".
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Con Portugal fuera del mapa mundialista, el texto de Messiánico adquiere una brillo de sentencia profética, pero la provocación lírica de la obra no se detiene en la frontera europea.
Martolio se atreve a meter los pies en el barro del debate más sensible de la identidad futbolera argentina: la comparación con Diego Armando Maradona. Lejos de esquivar el bulto, la ópera dictamina que Leo "igualó a Maradona, el Diego no lo cuestiona", elevándolo a un estatus de inmortalidad donde se convertirá en estatua, estampilla y escarapela nacional.
Con Portugal fuera del mapa mundialista, el texto de Messiánico adquiere una brillo de sentencia profética, pero la provocación lírica de la obra no se detiene en la frontera europea
Hacia el final, la pieza se transforma en un ruego colectivo para cuando llegue el momento del retiro. El libreto le pide a Messi que regrese a su Rosario natal, que "le diga adiós a los giles" y que decore de forma prolija su residencia en el Parque Independencia con sus ocho Balones de Oro y la Copa de la pipa, cerrando con la romántica utopía de ver los domingos del Coloso Marcelo Bielsa convertidos en un santuario definitivo. Una obra que, adelantándose a los resultados deportivos, se animó a ponerle letra al veredicto definitivo de las tribunas.
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