“Basta, a que el derecho a trabajar quede al arbitrio de transitorias circunstancias económicas o financieras, las cuales no tengan en cuenta que el pleno empleo de las fuerzas laborales debe ser objetivo prioritario de toda organización social”. Las palabras podrían ser pronunciadas hoy por León XIV y no perderían actualidad, pero fueron dichas por Juan Pablo II ante los trabajadores reunidos el 10 de abril de 1987 en el Mercado Central de Buenos Aires. Esa fue la última visita de un pontífice a la Argentina hasta hoy.

La situación económica y social ha sido motivo de preocupación y está presente en los discursos de los máximos representantes de la Iglesia católica: León XIV no es la excepción. PERFIL recabó datos sobre cómo encontró Juan Pablo II la economía argentina en aquel viaje de abril de 1987, antes de la hiperinflación, y la situación de 2026. El resultado se presenta en esta nota en tres grandes indicadores se mantuvieron en agenda como los principales temas de preocupación de los argentinos.  

Desempleo y actividad económica

El 4 de noviembre, poco antes de iniciar su gira por Latinoamérica, León XIV afirmó, ante 15 mil feligreses presentes en la Plaza de San Pedro, que “el corazón de la economía es el trabajo”. Planteó que el verdadero desafío de todas las naciones es ofrecer oportunidades, y que “no son aceptables la desocupación, la explotación y las condiciones de trabajo que ponen en peligro la salud y la propia vida”. El escenario que lo espera en Argentina es, sin embargo, de creciente desempleo y aumento de la precariedad.

Para abril de 1987, según la Encuesta Permanente de Hogares publicada ese mes, la tasa de actividad general era del 40,9%. De los 15 a los 19 años el porcentaje era del 35,8; de los 20 a los 24 años del 74; de los 35 a los 49 del 71,9, y de los 50 a los 64 años del 51,4.

Dividida según género, entre las mujeres de 20 a 34 la actividad llegaba al 56,6% y la de los hombres de la misma edad al 92,9%. Para los grupos comprendidos entre los 35 y 49 años la participación de las mujeres se reducía al 49,5% y la de los hombres aumentaba hasta el 97,1%.

La tasa de desocupación general era del 5,4%. Entre los 15 a 19 años ascendía al 17,1%; entre los 20 a los 34 años era del 6%; de los 35 a los 49 del 3%, y de los 50 a los 64 del 2,9%. El desempleo alcanzaba en ese momento al 4,5% de los hombres y al 6,8% de las mujeres.

Para el segundo trimestre de 2026 – último dato disponible –, el desempleo se encuentra en niveles superiores a los de la visita de Juan Pablo II. El promedio general es del 7,9%, y en este caso también se presentan diferencias por grupo de edad y género. En las mujeres la tasa de desocupación es del 8,4%, mientras que para los hombres es del 7,5%.

Las estadísticas actuales reflejan el estado de deterioro de la economía y en particular de la situación de los más jóvenes, cuyos niveles de endeudamiento, informalidad laboral y desempleo se presentan como los que más crecieron en los últimos años. Entre las mujeres y los hombres de 14 a 29 años la desocupación alcanzó al 14,1% y el 17,1% respectivamente: las categorías de medición por edad cambiaron desde 1987 a 2026, pero en el grupo comprendido entre los 20 y 34 años, como se señaló más arriba, la desocupación era muy cercana al dato general (6% de un promedio de 5,4%), mientras que en 2026 el desempleo en rangos de edades similares duplica el promedio.

Según un análisis del Instituto Argentina Grande (IAG) en base a estadísticas oficiales, la informalidad es del 61,6% para los jóvenes de 18 a 26 años, un número que se reduce al 43,9% de los 27 a los 35 años, al 39,1% de los 36 a los 50 años, y al 42,4% entre los 51 y 65. Vuelve a encontrar un pico en las personas de 66 años o más (61,2%).

Canasta básica, salarios y jubilaciones

La primera medición oficial del Indec de las canastas básica y total (CBA y CBT) se publicó en 1988. Sin embargo, un estudio elaborado por el Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires ( La pobreza en Argentina 1974-2006. Construcción y análisis de la información ) intentó reconstruir los datos de estas canastas para medir el impacto en los niveles de pobreza.

Si bien aclara que la correcta valorización de la canasta solamente puede ser realizada por el Indec, en sus cálculos alternativos el autor (Agustín Arakaki ) explica que se trata de la mejor estimación disponible para esos períodos en los que no se cuenta con estadísticas oficiales. Así, la CBA para un adulto en abril de 1987 sería de 51,27 australes; y la CBT en 100,27 australes.

En ese mismo momento las jubilaciones más bajas eran de 132 australes, a los que se llegaba por un suplemento especial (la jubilación mínima legal alcanzaba los 90,53 australes). Es decir que el ingreso total era suficiente para ambas canastas.

La economía de los jubilados se fue deteriorando especialmente a partir de 1989, explicó a este medio Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad. Mientras que actualmente el 70% de los jubilados cobran un haber similar al mínimo, afirmó, en ese momento representaban el 17%. Desde entonces la cantidad de jubilados aumentó, cosa que ocurrió hasta el fin de las moratorias dispuesto por la actual administración. Ahora, la cantidad de personas que pueden jubilarse comenzó a decrecer.

También decreció la cobertura de las jubilaciones sobre las canastas básicas. En 2026, para septiembre, el Indec estimaba en $ 239.058 la canasta básica alimentaria para un adulto, y en $ 528.319 la total. La jubilación mínima de ese mes fue de $ 498.633 con bono de $ 70 mil incluido, con lo que llegaba a cubrir el total de la canasta alimentaria, pero no el umbral bajo el que se considera que una persona está en situación de pobreza. Todo eso sin contar mediciones como la de la Defensoría, que estimó una canasta para un jubilado superior a los $ 2 millones.

El Salario Mínimo Vital y Móvil en abril de 1987 era de 170 australes: más de 70 australes por encima de lo necesario, según estos números, para los gastos de alimentos, bienes y servicios de un solo adulto. En septiembre de 2026, a falta de un acuerdo en el Consejo del Salario, el Gobierno fijó este ingreso mínimo en $ 383.800: suficiente para solventar los alimentos de un solo adulto, pero que representa un 72% de lo que esa misma persona necesitaría para pagar los bienes y servicios básicos que calcula el Indec.

Inflación

En cuanto al incremento del índice de precios al consumidor, Juan Pablo II se encontró con valores del 3,4% mensual. Esos fueron los meses de menor porcentaje, que durante el año llegó a máximos del 20%. La inflación interanual (de diciembre a diciembre), según un estudio de la Cepal sobre la evolución de la economía para ese año, fue del 175%.  

Para la visita de León XIV el último dato de inflación reflejó una suba mensual del 1,9% y un 33,4% interanual. Aunque considerablemente menor que en aquel momento, Argentina se mantiene como uno de los países con mayor inflación interanual del mundo, precedida solamente por Venezuela (466%), Irán (87,9%) y Sudán del Sur (58,2%).